El público se pone en pie en el que fue plató más grande de TVE. Y de Europa. Bajo los focos de aquellos desaparecidos Estudios Buñuel en los que tantos aplausos fueron solo interpretación, esta vez, la emoción es tan auténtica que no se puede simular. Mónica Naranjo mira a Rocío Jurado, Rocío Jurado mira a Mónica Naranjo. Respiran, se dan la mano, empiezan a cantar en El Punto de Partida y se produce diez minutos de catarsis de vocal. Tanto que, en un determinado momento de la actuación, Naranjo se queda paralizada. Observa fuertemente a La Jurado. El tiempo parece quedarse congelado en su rostro, mientras Rocío saca todo su poderío vocal. No sabemos lo que se le pasaba a Mónica por la cabeza, pero se puede intuir el magnetismo de percatarse de la suerte de admirar. Porque de la admiración brotan los grandes afectos de la vida. A veces, incluso es mutua. A veces, incluso se logra disfrutar del momento compartido, a pesar de la tensión de una grabación en la que dos grandes cañones de luz alumbran a cada una. Para que nadie pierda detalle. Rocío Jurado siempre entendió la teatralidad de la tele a lo grande. No solo cantaba, ella celebraba el escenario y cuidaba la liturgia de la actitud en escena: su manera de entrar por el decorado, su manera de tocar el micrófono, su manera de abrir las manos, su manera de mimar el vestuario. “Yo me sueño los vestidos e invierto un millón de pesetas al año porque la imagen es muy importante en una actuación televisiva”, dijo en una entrevista a Jesús Hermida. Pero, sobre todo, Rocío Jurado era maestra del arte de buscar la cámara con sus ojos. Nunca se olvidaba de cantar al público. Su público. Y de dirigirse a él. Desgañitándose a capella, si hacía falta. Seducía al objetivo de la cámara sin falsa humildad. Ella, prefería invertir su energía en comprender bien las letras de las canciones para ejercer la revolución de las emociones. Virtud que compartía con Mónica Naranjo. Las dos hablaban el mismo idioma. Y, claro, las dos no competían: se relamieron vocalmente en el disfrute de un primer encuentro musical que habitaron como si fuera el último. Así fue.En el 20 aniversario de la muerte de Rocío Jurado, Tesoros de la tele de TVE ha recuperado esta actuación que no fue una mera actuación: fue una comunión de la música que nos cambia, que nos hace sentirnos reconocidos, que nos permite sentirnos menos solos cuando la vida se tuerce. La música es el punto de partida a la esperanza. Y este programa, de dos horas de duración, recorre el archivo de RTVE a través de las canciones y, a la vez, de la habilidad para comunicar en televisión de Rocío Jurado. Porque Rocío Jurado era, es y será el carisma en primer plano. Incluso representa la música que convierte la tradición en modernidad eterna. La modernidad que nos hace más libres porque no nos permite dejarnos dentro los sentimientos. Tampoco a Mónica Naranjo.
La mirada de Mónica Naranjo a Rocío Jurado
La emoción hecha actuación.










