EditorialBuena parte de la acción proactiva contra el cáncer depende de cambiar el ángulo con que se mira este fenómeno.
Un diagnóstico de cáncer siempre representa un duro golpe anímico y el comienzo de una fuerte batalla personal y familiar. A menudo implica vencer obstáculos económicos y logísticos para tener acceso a tratamientos, así como enfrentar los efectos secundarios de las metodologías empleadas, ya sea farmacológicas o por radiación. Siempre es admirable la valentía de pacientes hombres y mujeres que libran esta azarosa lid.
En países como Guatemala, las tasas de sobrevivencia han ido mejorando conforme se logran diagnósticos más tempranos y gracias a las campañas de concienciación y prevención para la detección de síntomas o la práctica de exámenes preventivos. En el caso del cáncer infantil, el porcentaje de éxito ha superado el 70%. Tanto en niños como adultos, esa voluntad de vida constituye una lección de fortaleza inspiradora que merece ser valorada. Cada historia de madrugones y desvelos, de plegarias fervorosas, de amor abnegado, consigue arrancar un milagro y obtener más años de vida para un ser amado.
El Día Mundial de las Personas Sobrevivientes de Cáncer no tiene una fecha fija, pero sí una ocasión destinada en cada año: cada primer domingo de junio. Fue una iniciativa surgida en Estados Unidos, en 1987, que varios países han adoptado como una celebración de esperanza para quienes han logrado ese ansiado diagnóstico de estar totalmente limpios de tan devastador padecimiento.










