El paradigma tradicional de la ciencia política ya no es útil para analizar los fenómenos actuales. Ante el éxito de Abelardo de la Espriella en Colombia y la segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez en Perú, algunos analistas concluyen que América Latina vive una ola de ultraderecha. Sin embargo, la realidad es otra: la región no se está polarizando entre izquierda y derecha, sino entre el espectáculo y el pasado; entre el extremo de cualquier tipo y el viejo orden. Los ciudadanos buscan “lo nuevo” y rechazan lo institucional, sin importar las ideas que defiende cada candidato. En Colombia, los resultados del fin de semana dejaron a Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda en la segunda vuelta, desplazando a un tercer lugar a Paloma Valencia, la candidata de la política tradicional. De la Espriella es una figura incómoda para quienes aprecian la política “correcta”, pero en la era del scroll infinito, en que el objetivo primario de la comunicación es capturar la atención del votante, él supo jugar sus cartas. Sin una carrera política convencional –nunca ha sido ministro, alcalde ni gobernador–, es un líder propio de la sociedad del espectáculo.
Esto no les gusta a los autoritarios













