Bueno, pues lo han hecho. Ya han firmado el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia para que Elon Musk construya el túnel submarino más largo del mundo, cruzando los 88 kilómetros que separan ambas potencias en “conflicto”. Cabe recordar que el Estrecho se ha cruzado históricamente a pie en invierno, cuando el mar se congela, aunque es extremadamente peligroso e ilegal. Por tanto, hace falta este túnel.
¿Para intensificar las amigables relaciones entre Trump y Putin? Pues va a ser que no. ¿Recuerdan el empeño de Trump en comprar Groenlandia para ampliar su acceso al Ártico?. Bueno, pues ya lo tiene más fácil. Lo que verdaderamente interesa es el intercambio comercial de recursos, especialmente, minerales y energéticos, de los que Siberia -ergo, Rusia- va sobrada. Porque la compañía de ingeniería civil de Musk, The Boring Company -que sí, que es así como se llama-, también va a construir un gasoducto y un oleoducto por el mismo precio. ¿Cómo? ¿Pero no nos habíamos comprometido a sancionar a Rusia no comprándole petróleo ni gas? ¡Ah!, que eso queda para los europeos…















