Los 40 y tantos golpesLos ausentes de estos eventos -por elecci�n u obligaci�n- ser�n el fin de semana samosely castizos, esos colonos tozudos que se negaron a abandonar sus hogares en la zona de exclusi�n de Chern�bil. Qui�n teme a la radiaci�n en Madrid si en el aire hay goles, bendiciones y perreo.El escritor Javier Mar�as, en 2017.Actualizado Viernes,
junio
00:28Audio generado con IAEcho de menos al Javier Mar�as novelista. Pero echo much�simo m�s de menos al Javier Mar�as gru��n. �Se lo imaginan de nuevo cargando en su art�culo dominical del EPS la bayoneta de sintaxis con balas de cadencia lenta sobre esas frases kilom�tricas que le gustaban para atizar al Madrid loco de este pr�ximo fin de semana? Su Dos de Mayo frente a las huestes del Santo Padre y Bad Bunny.No tendr�a piedad con el alcalde ni con la presidenta, tampoco con los rehenes tomados de la asociaci�n de hosteleros , ni admitir�a indulto para los fabricantes de obleas. Rebelado contra el cierre de las paradas de metro y harto de habitar la ciudad de los eventos, Mar�as desbrozar�a con ferocidad las trincheras levantadas desde el Centro hasta San Blas pasando por Hortaleza, Latina, Chamart�n o Barajas.Y si semejante amenaza de aglomeraci�n no le hubiera acojonado, encima hay elecciones del Real Madrid. Algo que le incomodar�a tambi�n a pesar de su militancia madridista. No aprobar�a el regreso florentinista de Mourinho -al que describi� como �malasangre� y �quejica- y se mostrar�a receloso de Riquelme, desconfiado de quien anuncia milagros gal�cticos cada vez que hay un micr�fono cerca. S�lo faltar�a que Trump bombardeara el Reino de Redonda para que ardiera Troya.Este Madrid de los acontecimientos superlativos y solapados, de ese poder�o mesetario, en el que para unos hay un orgullo organizativo, que es del que presume el vecino que tiene novia guapa como si fuera propia, mientras que, para otros todo esto no es m�s que una turra sideral con el �nico fin de que un se�or de Kansas y una jovencita filipina se tomen un chocolate en San Gin�s. Los madrile�os somos secundarios de la org�a globalizadora que representan en esta visita las dos personalidades y el club deportivo con m�s seguidores en redes sociales del mundo. Madrid es un contubernio contra el hombre tranquilo.Por ello Mar�as a buen seguro habr�a retado a Mart�nez-Almeida a un duelo por decir eso, a modo de advertencia, de que �va a estar complicado moverse por el Centro�. Y, cuidado, Mar�as ten�a a mano un Colt Pacemaker, una joya de su colecci�n de armas. Afortunadamente se ha librado de la saturaci�n de Instagram con fotos de camisetas de Vinicius, vocaciones de rock cristiano y derramas para La casita de Bad Bunny.Los (pocos) ausentes de estos eventos son samosely castizos, replicantes de esos colonos tozudos que se negaron a abandonar sus hogares en la zona de exclusi�n de Chern�bil. Qui�n teme a la radiaci�n si en el aire hay goles, bendiciones y perreo.�A veces pienso que se me oye como quien oye llover�, dijo Javier Mar�as en una ocasi�n quit�ndose vigencia. Pues yo la defiendo. �Donde est�n hoy las batallas del escritor contra la barbarie y el ruido del taladro en la calle a la hora de la siesta? �D�nde est�n los latigazos al ternurismo? �Y los trompetazos de Jehov� contra el agujero en la acera? El cabreo literario, como toda pasi�n, hay que ejercitarlo con frecuencia.
