Domingo Quiñonero tenía 14 años y vivía en el Prat de Llobregat (Barcelona) cuando -lo más seguro que en 1938- el comité Pro Niños de las Brigadas Internacionales de Barcelona le pasó un cuestionario. “¿Qué recuerdas de la Guerra? Que hay muchos bombardeos y no hay comida ¿Qué quisieras tener? Mucha comida”, se puede leer en la hoja que rellenó un brigadista hace 88 años cuando la guerra todavía no había acabado. Esta documentación, junto a otra, se puede revisar en las dos nuevas exposiciones dedicadas a la memoria democrática que se han inaugurado este viernes en Barcelona. Las exposiciones llevan por título: Viure, conviure i sobreviure: Brigades Internacionals i multilingüisme y La Seat: Fàbrica de Transformacions. Las dos muestras amplían el relato histórico y social del Castell de Montjuïc de Barcelona y estrenan dos espacios expositivos reformados con financiación de los Fondos Europeos Next Generation.La exposición dedicada a las Brigadas Internacionales, instalada en las antiguas salas del Museu Militar, parte de la investigación de los historiadores Ramon Naya y Lourdes Prades, de la Universitat de Barcelona, sobre el aprendizaje de idiomas y la lucha contra el analfabetismo entre los voluntarios internacionales que participaron en la Guerra Civil española.La exposición comienza con un mural del dibujante Roc Blackblock -que este mismo viernes estaba acabando- y una recreación con materiales originales del grupo de recreación de la XV Brigada Mixta en la que se muestra incluso material sanitario de la época. Además, el trabajo de Naya y Prades analiza cómo una comunidad – la de las Brigadas Internacionales- formada por personas de diferentes lenguas y culturas logró convivir en un contexto marcado por la guerra. A través de documentos de archivo, memorias y prensa de la época elaborada principalmente por los propios brigadistas, la exposición profundiza en la dimensión pedagógica, cultural y humana de las Brigadas Internacionales.La segunda exposición es La Seat: Fàbrica de Transformacions, repasa el impacto que tuvo la implantación de SEAT en Barcelona y cómo su influencia fue más allá del sector del automóvil. La muestra aborda las transformaciones económicas, urbanísticas, arquitectónicas, culturales y políticas vinculadas a la compañía.Laia Soldevila y Jordi de Miguel son los comisarios de esta exposición cuyo recorrido, dividido en cinco secciones, explica la llegada de la fábrica a Barcelona, la industrialización de la Zona Franca y la creación de una colonia industrial en el actual barrio de la Marina. También analiza las condiciones laborales, los mecanismos de control sobre los trabajadores y el papel de las reivindicaciones obreras durante el franquismo.La exposición dedica un apartado destacado a la huelga del 18 de octubre de 1971, que acabó con la ocupación policial de la fábrica y la muerte del trabajador Antonio Ruiz Villalba. De hecho, parte de la exposición está dedicada a la memoria de Ruiz Villalba. El itinerario -que comienza con un 600 de la época- concluye con una mirada a la memoria obrera del barrio de la Marina y a la influencia de SEAT en la cultura -no faltan los hermanos Estopa- y la sociedad contemporáneas mediante fotografías de archivo, objetos, documentos históricos e instalaciones artísticas.Las dos exposiciones forman parte del ciclo de memoria democrática impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona dentro del Plan estratégico de políticas de memoria 2026-2030.
El Castell de Montjuïc, epicentro de la memoria democrática con dos exposiciones: las Brigadas Internacionales y la SEAT
Las muestras abordan el multilingüismo durante la Guerra Civil y la transformación social impulsada por la fábrica automovilística







