El 5 de junio el santoral católico rinde homenaje a una de las figuras más determinantes y audaces de la Alta Edad Media: San Bonifacio. Nacido en Inglaterra con el nombre de Winfrido, este monje benedictino recibió el mandato pontificio de consolidar la fe cristiana en los territorios germánicos, transformando profundamente la identidad espiritual de Europa Occidental. La misión de San Bonifacio y el roble de Thor El evento más emblemático de su labor misionera ocurrió en Geismar. Para demostrar la impotencia de los dioses nórdicos, el santo empuñó un hacha y derribó el Roble de Thor, un árbol sagrado adorado por los paganos. Al ver que ningún rayo divino lo destruía, la población local abandonó masivamente sus antiguas creencias y abrazó el cristianismo. Los cronistas medievales documentaron milagros asombrosos durante su campaña evangelizadora. Se afirma que, tras derribar el árbol sagrado, un viento celestial sopló repentinamente y dividió el tronco en cuatro partes perfectas con forma de cruz. Con esa madera providencial, el santo mandó a construir una capilla dedicada a San Pedro Apóstol.
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