Un dato que pasó inadvertido es que Patricia Bullrich en cierto modo también es periodista. En 2001 se graduó como licenciada en Humanidades y Ciencias Sociales con orientación en Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Palermo, una carrera que le proporcionó conocimientos teóricos en ese campo. Bullrich no es estrictamente plumífera ni cagatintas —calificativos de un pasado remotísimo—, pero sabe de qué se trata. El verdadero conocimiento de Bullrich de la profesión proviene sin embargo de su trato regular, se podría decir diario, con periodistas desde hace más de 40 años. La senadora no ha sido consecuente con sus ideas más tempranas —giró 180 grados— ni ha profesado lealtad a las variadas fuerzas políticas que integró a lo largo de su vida. Tampoco a los liderazgos. Lo que no puede decirse de Bullrich es que alguna vez haya dejado de atender el requerimiento de un periodista, así estuviera, como hoy, en el poder o en el llano. Incluso de aquellos que la critican con dureza, como su estilo mismo. Bullrich no aparenta entender la función del periodismo en una democracia. La entiende, sencillamente. Esta cuestión podría haber estado presente en el breve encuentro que la senadora y presidenta del bloque de La Libertad Avanza mantuvo esta semana con el presidente Javier Milei a raíz del escándalo por el pliego de la jueza María Verónica Michelli, propuesta por el Poder Ejecutivo para integrar el Tribunal Oral Federal III de La Plata.
Milei, el desacuerdo con Bullrich y la revancha como política de Estado
El Senado aprobó los pliegos de 74 nuevos jueces, incluida María Verónica Michelli, rechazada por el Presidente por su lazo de parentesco con un periodista que investiga el caso $Libra. Las diferencias con la presidenta del bloque del Senado.











