Ni los avances tecnológicos ni el crecimiento de los ingresos globales están siendo capaces de frenar el cambio climático. Las altas temperaturas no se han reducido desde 1960; al contrario, los veranos son cada vez más largos y los inviernos más suaves y con menos precipitaciones, una tendencia que ya está teniendo consecuencias económicas y sociales de enorme magnitud.Un claro ejemplo es el impacto del dióxido de carbono emitido a la atmósfera. Una tonelada de CO2 liberada en 1990 ha generado daños globales valorados en unos 160 euros hasta 2020 y se estima que provocará alrededor de 1.630 euros más en pérdidas económicas de aquí a 2100, según recoge el estudio Cuantificación de las pérdidas y daños climáticos en consonancia con el costo social del carbono, publicado en la revista Nature y elaborado por investigadores de la Universidad de Stanford (California).

El estudio advierte además de que "pagar" los daños climáticos actuales no bastará para compensar realmente las emisiones históricas. Los investigadores explican que el CO2 permanece durante décadas en la atmósfera, por lo que sus efectos económicos continúan acumulándose mucho tiempo después de haber sido emitido. Esto significa que las pérdidas derivadas del calentamiento global no son inmediatas ni puntuales, sino progresivas y persistentes. En otras palabras, aunque hoy se compensaran económicamente los daños ya visibles, las emisiones del pasado seguirían generando nuevas pérdidas durante gran parte del siglo.