Cualquiera que haya hablado con Santos Montoro, uno de los profesionales más reconocidos del sector, lo confirma: estaba volcado en la obra del Edificio Arroyo. Periódicamente, el empresario visitaba la obra de este gigante de 23.000 metros cuadrados que su empresa, Monthisa, está construyendo en el barrio de Arroyofresno, al norte de Madrid. Suya fue la idea de adquirir el terreno hace ya varios años, pero antes de empezar a poner ladrillos, Montoro quería tener garantizado un inquilino. BNP Real Estate lo encontró hace dos años, cuando firmó con Moeve (entonces todavía Cepsa) un proyecto llave en mano para levantar ahí su nuevo cuartel general. El contrato, no obstante, estaba ligado al cumplimiento de una serie de condiciones suspensivas. Si no se cumplían, el cliente podría cancelarlo. Por ese lado, la energética ha encontrado el camino para resolver el acuerdo pagando una penalización minúscula, de apenas 500.000 euros, si se compara con la magnitud del proyecto, según afirman las fuentes consultadas. Estas mismas fuentes aseguran que Moeve ha logrado negociar, en apenas cinco días, con su actual casero, Pontegadea, una extensión de su actual contrato para continuar en la Torre Foster hasta 2030. Ninguna de las partes afectadas ha hecho comentarios. Una vez garantizada su continuidad en el rascacielos y completado su divorcio de Monthisa, la energética comunicó a su plantilla el miércoles que ya no había mudanza. A partir de ese momento, era cuestión de tiempo que se convirtiera en la comidilla del sector, como así ha ocurrido. La noticia ha sido una auténtica bomba, porque pocos podían imaginarse un desenlace en esta dirección. El propio Montoro hablaba con orgullo de este proyecto a varias fuentes consultadas por este medio hace pocas semanas. Pero la realidad es que ya había mar de fondo. Por una parte, los costes de implantación se habían disparado, y por otra, algunos plazos se habían retrasado, dos facturas que Moeve no ha querido pagar, siempre según las fuentes consultadas, y se ha acogido a la válvula de escape que le dejó el contrato de BNP para romper la baraja. Ahora está por ver quién termina ganando o perdiendo esta partida. Más allá de las esperadas disputas que puedan darse en los tribunales, está el impacto inmobiliario en cada uno de ellos. Por el momento, Pontegadea se erige como claro beneficiado, ya que ha prorrogado el contrato en condiciones mucho mejores de las que tenía hasta ahora y, además, gana tiempo para decidir el futuro de la torre, un gigante de 108.000 metros cuadrados. La inmobiliaria gallega tenía por delante el reto de encontrar relevo a su principal inquilino, ya que Moeve iba a abandonar el edificio en 2027. Unas plantas que se esperaba que fueran ocupadas por Amazon, que también tiene su sede en este rascacielos, aunque también ha habido al menos dos empresas que se han interesado por el inmueble. Escenario que ahora se pospone varios años. Edificio Arroyo. Monthisa, en cambio, aparece como el principal perjudicado, ya que se enfrenta a terminar una millonaria obra, que está ejecutando Amenabar, sin un inquilino que le garantice recuperar la inversión. Precisamente, el escenario que Montoro trató de evitar cuando decidió esperar a tener un acuerdo para arrancar estos trabajos. El empresario no ha perdido tiempo y ha mandatado a las consultoras JLL y Cushman & Wakefield para encontrar un nuevo inquilino. La calidad del edificio, que aspira a hacerse con los certificados LEED Platino y WELL Oro, ha disparado rápidamente las llamadas y el interés de diferentes empresas, según ha podido confirmar este medio. Pero todavía queda mucho por negociar. En contra de este inmueble juega el hecho de ubicarse fuera del distrito financiero, en un barrio residencial, donde apenas hay sedes corporativas; a su favor, la falta de producto de calidad en el mercado y el fuerte crecimiento de las rentas, lo que puede terminar dando la vuelta a la tortilla y que lo que hoy es un innegable jarro de agua fría termine convirtiéndose en un acuerdo mejor a largo plazo. También habrá que dejar pasar el tiempo para ver qué impacto puede llegar a tener en la relación de Moeve con el sector inmobiliario si en un futuro decide reactivar la mudanza. Si la no salida de Moeve de la sede actual amenaza con acabar en los tribunales, la entrada también fue polémica. En esa ocasión, todo comenzó con el contrato de arrendamiento que la energética firmó en Torre Foster cuando el rascacielos todavía era propiedad de Bankia y el emirato de Abu Dabi acababa de hacerse con la petrolera. Aquella operación ha terminado en la Audiencia Nacional con una orden de busca y captura contra el expresidente de la entonces CEPSA, el jeque Khadem Abdulla Khadem Butti Al Qubaisi, por la presunta comisión de delitos de blanqueo de capitales y contra la Hacienda derivados de la plusvalía de 100 millones que obtuvo por la venta del rascacielos a Pontegadea. Cualquiera que haya hablado con Santos Montoro, uno de los profesionales más reconocidos del sector, lo confirma: estaba volcado en la obra del Edificio Arroyo. Periódicamente, el empresario visitaba la obra de este gigante de 23.000 metros cuadrados que su empresa, Monthisa, está construyendo en el barrio de Arroyofresno, al norte de Madrid.
En cinco días estalló todo: crónica del divorcio entre Moeve (Cepsa) y Montoro (Monthisa)
Nadie lo esperaba, pero la mudanza del año ha saltado por los aires en cuestión de días. Una llamada a Pontegadea, otras a brókers y abogados, y la historia se ha reescrito






