Si hay un momento para reflexionar, cuestionarse todo y descubrirse a uno mismo es la adolescencia. Son años de abrirse al mundo y formarse una idea crítica de él. Bajo esta premisa, cada verano, 40 jóvenes de entre 16 y 17 años son seleccionados para participar en Ruta al Exilio (REX).PublicidadA través de este proyecto, pueden revivir la historia de los españoles que huyeron a Francia durante la Guerra Civil y la posguerra. El itinerario parte de Navarra hacia Euskadi, por donde cruzan la frontera hacia Francia. El camino de vuelta lo emprenden por los Pirineos catalanes. Quince días de aventura, entretenimiento e historia."Fue un antes y un después en la forma de ver el mundo y los lugares que transitamos. Ya no los veo igual, no ando de la misma manera por las calles", explica Marta Cruz. Ella fue una de las primeras ruteras de este proyecto por el que ya han pasado decenas de jóvenes. Participó en la primera edición, en 2021, y ahora trabaja como monitora.Este 2026, Público ha querido entregar su Premio Joven a esta iniciativa, que en 2023 dio lugar a la primera asociación juvenil de España centrada en la memoria histórica. Como cuenta Anna Pastor, historiadora y coordinadora pedagógica, Ruta al Exilio no ha parado de crecer en sus siete años de historia.Pregunta. ¿Qué es Ruta al Exilio (REX)?Marta: Ruta al Exilio es un proyecto hecho por jóvenes y para jóvenes sobre memoria histórica. Comenzó siendo un viaje de quince días por lugares del exilio republicano y antifascista español y ha ido creciendo hasta convertirse en una asociación con actividades durante todo el año. Nuestro objetivo es acercar a las nuevas generaciones la memoria de una forma diferente.PublicidadAnna: REX se comienza a idear en 2020 y el primer campamento se realiza el año siguiente. Ya en 2023 es cuando nos constituimos como asociación y nos convertimos en la primera asociación de memoria vinculada con la juventud.P. ¿Qué recordáis de vuestra primera edición? ¿Cómo fueron esos primeros momentos abriendo espacios donde hablar de la historia reciente?A: En el primer año solo fui a hacer un taller y me quedé a dormir con las ruteras. Estuve dos días allí, pero no era parte del equipo todavía, me incorporé en 2022. De esa primera experiencia recuerdo volver y pensar que era la vez en la que más sentido e impacto había tenido mi trabajo. Todo ello me llevó a pensar en lo necesario que era abrir un espacio con la juventud en el que trabajar la memoria desde un sitio diferente.Lo que hacemos no es contar una anécdota, sino que relacionamos el pasado con un objeto inerte y lo tratamos como un legado que está ahí, esperando a ser heredado. Entendemos que el pasado tiene que ser un espacio de reparación. Hay todo un sufrimiento y un olvido detrás que se arrastra hasta hoy y creemos que debemos tratar estos temas con voluntad de reparación.PublicidadHay todo un sufrimiento y un olvido detrás que se arrastra hasta hoy y creemos que debemos tratar estos temas con voluntad de reparaciónM: Yo fui una de esas ruteras que con 17 años oyó la iniciativa y se apuntó. Para mí, fue un cambio de perspectiva y de mirada. Creo, además, que es un campamento muy especial por el cuidado con el que se hace y por cómo te cuentan las cosas. Fue un antes y un después en la forma de ver el mundo y los lugares que transitamos. Yo ya no los veo igual, no ando de la misma manera por las calles. Por eso sigo aquí unos años después, ahora como monitora.P. ¿Se trata lo suficiente la memoria histórica en los centros escolares?M: No. Mucha de la gente que llega al campamento, los más pequeños, lo mismo no han tenido tiempo de tratarlo en la ESO, pero yo ya había acabado bachillerato cuando fui y, aunque estudié algo de la Guerra Civil para selectividad, lo que recuerdo es darlo en los últimas días de clase sin apenas profundizar. Era como "bueno, pues si cae, te lo miras por tu cuenta". De todas formas, creo que ni en cuatro años de colegio hubiera aprendido lo que me llevé de esos 15 días de REX.En mi caso, yo no tengo una historia familiar vinculada a la guerra que me hayan contado de pequeña. Algo que me haya conectado con este período. Si no llego a participar, creo que seguiría sin saber realmente qué pasó, cómo, cuándo…P. ¿Cómo ha sido el recibimiento en los pueblos por los que pasa la ruta?A: La verdad es que siempre, en general, a la gente de los pueblos les llama mucho la atención la iniciativa. Se acercan, preguntan, quieren saber. Cuando se enteran de que estamos haciendo un trabajo de indagación del pasado y de recuperación histórica siempre nos cuentan algo. A todo el mundo le activa el hecho de ver a gente tan joven buscando información sobre esto. En especial, en los pueblos de frontera, todo el mundo tiene alguna anécdota vinculada al exilio.Recuerdo algunas situaciones muy mágicas. Por ejemplo, en Ribasaltas, un campo musealizado del sur de Francia. Justamente el día que fuimos nos encontramos con una persona que había estado ocho años como prisionera. Ella era española, aunque criada en Francia, y solía ir allí. Cuando nos vio a 40 personas yendo de visita, nos confesó que pensaba que en España a nadie le interesaba esa historia, y nos contó su testimonio.Este verano, en Andalucía, donde también hicimos un taller, una mujer nos estuvo escuchando durante media hora o así en silencio. Estábamos hablando con un profesor de historia sobre Los hermanos Quero, un grupo guerrillero de Granada. Después se acercó y nos dijo que era la nieta de uno de ellos y nos contó su historia. Fue increíble. Creo que la ruta ayuda a abrir camino para que la gente hable.PublicidadP. ¿Es difícil encontrar el equilibrio entre lo más cruento del pasado que se está transmitiendo y la parte más aventurera o de entretenimiento que van buscando los chavales?A: El campamento tiene esas dos caras y es cierto que ha sido una preocupación constante. A nivel pedagógico nosotros preparamos un guion pensado desde la pedagogía de la esperanza. Aunque podamos explicar hechos históricos traumáticos siempre intentamos rescatar un haz de luz de estas historias.Es decir, hay muchas formas de contar que fueron los campos de concentración de Francia. Si solo hablamos de ellos desde el punto de vista de la represión y no ponemos el foco en la resistencia o en la solidaridad todo el proyecto se apaga mucho a nivel emocional. Una cosa que creo que ayuda son los testimonios vivos. En Andalucía vinieron dos descendientes de Sauceda, un pueblo masacrado por las tropas franquistas. Es una historia terrible, pero detrás también hay un ejemplo de acogida de refugiados o de autoabastecimiento.P. Últimamente se habla mucho del auge en las encuestas de las posturas antidemocráticas entre las nuevas generaciones, así como de un aumento de las posturas negacionistas. PublicidadM: Todo ese ruido de una parte de la juventud de que con Franco se vivía mejor, etcétera, queda contrastado por 40 jóvenes que cada verano se apuntan voluntariamente a un viaje que trata todo lo contrario y que hace un ejercicio en favor de la verdad, la justicia y la reparación. Aunque soy consciente de que estamos dentro de una cierta burbuja, es esperanzador y demuestra que hay otra juventud.A: Yo también creo que la juventud necesita espacios donde poder hablar y eso es lo que queremos que sea REX. Nosotras tratamos de validar su voz todo el rato. Queremos que nos explique lo que están sintiendo en esos lugares, que nos expliquen por qué están aquí, que nos reflejen sus inquietudes.No podemos negar que hay una situación de polarización respecto a la memoria, porque no deja de ser algo político, pero es que nosotras les llevamos a los lugares y hablan por sí solos. Ver esos lugares les da unos argumentos para poder hablar y debatir que son impagables. Solemos decir que es como una bomba de racimo. Cuando vuelven a sus pueblos o barrios expanden todo lo aprendido.PublicidadNo podemos negar que hay una situación de polarización respecto a la memoria, porque no deja de ser algo político, pero es que nosotras les llevamos a los lugares y los hechos hablan por sí solosCuando fuimos al campo de Argelès, que no tiene ningún tipo de museo, un descendiente se agachó y cogió un puñado de tierra y nos dijo: "Este es el testimonio que necesito". Eso ya te sirve para entender y explicar lo que fue la dictadura.P. Además de las excursiones, los ruteros realizan una serie de trabajos creativos, ¿en qué consisten?M: El objetivo es traducir todo lo que están aprendiendo y sintiendo en algo material. Recuerdo que hice un vídeo documental de la ruta y, como monitora, lo que me he encontrado ha sido, sobre todo, talento. Hacen cosas chulísimas. Fanzines, podcast, canciones, vídeos… En Andalucía, por ejemplo, fue un proyecto en grupo basado en el movimiento y el cuerpo y fue muy bonito. Muchos de estos trabajos los hemos presentado hace poco en una exposición en Madrid que se llamaba Nuevo Almanaque Nacional.A: Precisamente yo tengo colgado en mi habitación uno de los trabajos. Es un fanzine muy pequeño –apenas del tamaño de una mano– centrado en una canción de Leonard Cohen que utilizamos para hablar sobre la resistencia partisana. A través de frases de esta canción iba relacionándolo con el caso español. Me lo dio al terminar y para mí fue súper emocionante. Siempre digo que los chavales nos lo devuelven todo multiplicado y es que es así.Además, cuando te vas haciendo adulto te da cada vez más miedo hacer cosas nuevas. Dejas de bailar, de cantar o de pintar porque sientes que no lo haces bien. Es terrorífico y queríamos revertir esta lógica en los talleres, por ejemplo, con el de Andalucía, donde tuvieron que pensar en una coreografía. No importa que sepas o no bailar, lo importante es que no se pierda ese lenguaje, ese canal de comunicación.PublicidadP. Para vosotras, ¿qué es lo más gratificante de este proyecto?M: Lo más gratificante es el aprendizaje que me he llevado y que cambió por completo mi forma de mirar el mundo. Ahora, como parte del equipo de monitores, me emociona ver que, años después, una persona que ha estado con nosotros sigue investigando sobre la historia del exilio español o vinculada de alguna forma al tema. También, valoro mucho a esas personas que ven llegar a cuarenta jóvenes y se acercan a contarnos su historia, es muy gratificante. Me hace pensar que esto tiene sentido una y mil veces.A: Para mí lo mejor es poder compartir una pasión que tengo a nivel histórico y político. Tener la suerte de poder ser la persona que les puede transmitir esto desde mi ámbito profesional. Por otra parte, las ruteras, si ellas quieren, van a poder seguir vinculadas a la asociación y las vamos a ver crecer, seguiremos en contacto, viéndonos en charlas… Yo me encuentro ahora en los eventos a muchas de ellas, como Marta, y es gratificante que estén años después en un simposio sobre el Franquismo.También me gustaría decir que una de las cosas más bonitas de la ruta es que hacemos mucho hincapié en crear un espacio seguro para las personas LGTBI o para las que sufren racismo en el aula. Ponemos mucho esfuerzo en que todas estas vulnerabilidades, que en el mundo del instituto pueden convertirse en violencia, se neutralicen en REX. Queremos que sea un espacio donde puedan salir del armario, contar su experiencia, qué les ha dolido y hacer amistades verdaderas.