Miguel Díaz-Canel (1960) es el presidente de Cuba. Está al frente de un país de algo menos de diez millones de habitantes, a 90 millas de Florida. Desde la Revolución de 1959, Cuba ha estado en el punto de mira de todas las administraciones estadounidenses. Pero ahora la situación es particularmente extrema y tensa, hasta tal punto que hay quien la compara con la crisis de los misiles (1962), a raíz del recrudecimiento del bloqueo estadounidense con una asfixia energética y sanciones secundarias a las empresas que traten con entidades estatales cubanas. Esa última vuelta de tuerca, del pasado 1 de mayo, ha llevado a que, desde esta misma semana, ya no se pueda pagar con Visa o Mastercard en Cuba, y a que empresas hoteleras españolas como Iberostar y Meliá hayan decidido abandonar sus hoteles en la isla después de varias décadas en el país.
El cerco que vive Cuba se siente en el día a día del país, en los cortes de luz y de agua que generan problemas para las comunicaciones, calles sin semáforos, basuras sin recoger, calzadas sin tráfico, y hospitales sin poder operar con normalidad. Y cada día que pasa la situación es más crítica, porque es un día más de bloqueo, pesa la incertidumbre y se agudiza el sufrimiento de una población que ve cómo se acercan los meses de más calor sin ventiladores para pasar la noche y teniendo que cocinar con carbón.















