Organismos que generan energía bajo tierra y máquinas que capturan los microplásticos son algunas de las soluciones ambientales surgidas en universidades y laboratorios españoles
El mundo sufre cada vez más los síntomas de una crisis ambiental que se acerca a un punto de no retorno. En España, sequías prolongadas, olas de calor que baten récords cada verano y la presión sobre recursos como el agua obligan a replantear modelos productivos que parecían escritos en piedra. Mientras tanto, amenazas menos visibles como la acumulación de microplásticos en los ecosistemas o la degradación de los suelos ocupan un lugar cada vez más destacado en la agenda científica. En este contexto, una nueva generación de empresas españolas intenta abrir caminos donde la tecnología tradicional ha encontrado límites.
Algunas buscan producir agua a partir de la humedad del aire; otras recurren a microorganismos para generar energía o capturar contaminantes. También las hay que reproducen el funcionamiento de los humedales para depurar aguas residuales con un consumo energético mínimo. Durante décadas, buena parte del desarrollo tecnológico se apoyó en una lógica de control sobre el entorno natural. Ahora, frente a problemas más complejos, gana peso un enfoque por el que se aprovechan las dinámicas biológicas, químicas y físicas presentes en los ecosistemas para diseñar soluciones más eficientes.












