Es hora de prestar atención, de nuevo, a Canadá: ese vecino amable que no hace ruido y que sonríe cuando te lo cruzas en el vestíbulo del edificio, hasta que un día empiezas a reírte de él y a amenazar con mudarte a su apartamento. La provincia de Alberta, apodada la "Texas canadiense" por su riqueza petrolífera y su afinidad con la cultura western, ha abierto la puerta a la independencia. Un proceso en el que la Administración Trump tiene bastante que decir. A finales de mayo, la premier de Alberta, Danielle Smith, anunció una consulta sobre el futuro de la provincia después de que 300.000 de sus conciudadanos firmaran una petición a favor de la secesión (y 400.000, una petición en contra). El próximo 19 de octubre los albertanos elegirán entre dos opciones: o bien permanecer en Canadá, o bien acordar la celebración de un referéndum de independencia. Es decir, será un referéndum sobre si celebrar un referéndum. "¿Debería Alberta seguir siendo una provincia de Canadá o debería el Gobierno de Alberta iniciar el proceso legal que exige la Constitución canadiense para celebrar un referéndum provincial vinculante sobre si Alberta debe separarse o no de Canadá?", declaró Smith, y añadió que ella votará a favor de la permanencia, pese a que, en el seno de su partido, más de la mitad de miembros quieren secesión. El procés albertano no es, en principio, tan sorprendente en un país acostumbrado a lidiar con tensiones separatistas. La provincia francófona de Quebec celebró un referéndum de independencia en 1980 y otro en 1995, y si no se separó de Canadá fue por el grosor de un pelo: 0,58 puntos de margen. Esta vez, en el caso de Alberta, hay dos novedades. Una, que las encuestas reflejan un aumento de la simpatía por la secesión, que ha pasado de estar, tradicionalmente, cerca del 15-20%, a rozar el 30%, según varios sondeos. Una proporción insuficiente, pero similar a la de Quebec. La otra gran novedad es la injerencia extranjera. Desde antes incluso de jurar el cargo el 20 de enero de 2025, Trump ha cuestionado la soberanía de Canadá, refiriéndose a ella como el "Estado 51" y llamando a su exprimer ministro, Justin Trudeau, y al actual, Mark Carney, "gobernador", como si lideraran un estado estadounidense. Según Trump, Canadá, dados sus estrechos vínculos económicos como EEUU, "no tiene sentido como país independiente" y por tanto debería ser anexionado. Como aperitivo, ha impuesto aranceles a sectores estratégicos en violación del acuerdo renegociado por el propio Trump en 2018. TE PUEDE INTERESAR Un "imposible" con unas amenazas bien reales: así sería la invasión de Canadá Argemino Barro. Kingston (Canadá) Ilustración: Emma Esser Lo cual nos lleva al asunto de Alberta. Los canadienses tienen razones para temer que Washington aproveche un proceso independentista para fragmentar y debilitar a Canadá. Pese a ser el hogar de apenas el 12% de los canadienses, Alberta produce el 85% del petróleo del país. Y, de ese 85% de crudo, el 88% lo compra EEUU. La Administración Trump ha hecho varios amagos al respecto y se ha referido favorablemente a la posibilidad de una Alberta independiente. "Alberta es un socio natural para EEUU", dijo el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el pasado febrero. "Tienen grandes recursos. Los habitantes de Alberta son personas muy independientes. Se rumorea que podrían celebrar un referéndum para decidir si quieren permanecer en Canadá o no". El antiguo asesor y jefe de campaña de Trump, Steve Bannon, aportó una razón estratégica para la anexión de Canadá: "Uno de los problemas más grandes es el Norte Ártico. Canadá no está preparada, no tiene los recursos para defenderlo a medida que la gran partida del siglo XXI se juega en el Ártico, con el Partido Comunista Chino y los rusos. Por eso digo que Canadá podría ser la próxima Ucrania", dijo en su podcast. "Nuestra seguridad está indisolublemente vinculada, por lo menos, al territorio de Canadá". "La participación de Estados Unidos en el separatismo de Alberta no es encubierta" Este tipo de comentarios probablemente no son casuales, como argumenta un informe conjunto de varias organizaciones canadienses que investigan las campañas de desinformación; entre otras, DisinfoWatch, Global Centre for Democratic Resilience y Canadian Digital Media Research Network. "La participación de Estados Unidos en el separatismo de Alberta no es encubierta", dice el informe, sino "manifiesta, va en aumento y converge en múltiples niveles de manera simultánea". Los autores dicen que los "influencers MAGA" (como Steve Bannon, Tucker Carlson, Benny Johnson o Tim Pool) "han promovido activamente el separatismo de Alberta y han normalizado los discursos a favor de la anexión". Y lo han hecho, además, frente a unas audiencias que suman decenas de millones de espectadores: muchos más que cualquier influencer canadiense. Paradójicamente, dado que Canadá siempre ha sido un socio fiel de EEUU en todos los sentidos imaginables, hay un efecto de convergencia entre las operaciones de influencia estadounidenses y las operaciones de influencia rusas, cuyos objetivos son muy parecidos: "erosionar la cohesión social canadiense". La diferencia es que los rusos operan más a cubierto que los estadounidenses. Entre ambos, llenan el ecosistema local de noticias falsas acerca de las maldades del Gobierno federal canadiense y de las bendiciones que traería la independencia. Reuniones secretas, un embajador ¿y Michigan? Poco después de que Bessent, Bannon y compañía hicieran afirmaciones degradantes sobre la integridad de Canadá, Financial Times informó de que miembros del partido separatista Alberta Prosperity Project se habían reunido, en Washington, con miembros de la Administración Trump. El objetivo de estos separatistas es conseguir un préstamo de 500.000 millones de dólares del Tío Sam para emprender la secesión de manera estable y ordenada. Cuestionar la soberanía y la configuración territorial de Canadá ya es de por sí una injerencia externa, como lo es acoger en Washington a miembros de un partido que amenaza dicha configuración, pero, ¿es eso todo? Distintos periodistas canadienses, como Michael Harris y Dean Blundell, llaman la atención sobre el historial y los vínculos del embajador estadounidense en Canadá, Pete Hoekstra. Antes de instalarse en Ottawa, donde ha cuestionado el valor de la divisa canadiense en comparación con el todopoderoso dólar ("dinero de verdad") y ha dicho no entender la hostilidad de Canadá hacia EEUU, al tiempo que, como Trump, ha tanteado convertir al país en el estado 51, Pete Hoekstra era presidente del Partido Republicano en Michigan. Un cargo que conviene tener en mente. Michigan, además de hacer frontera con Canadá, es uno de los seis o siete "estados clave" de EEUU, donde las elecciones presidenciales se deciden por un puñado de votos y que por tanto son el escenario, cada cuatro años, de numerosos mítines y operaciones de influencia política. Durante la campaña presidencial de 2024, Hoekstra, que había sido embajador en Países Bajos durante el primer mandato de Trump, promocionó en los mítines del actual presidente una aplicación llamada 10xVotes: una plataforma que permite acceder a las listas de votantes para ver quiénes suelen votar y quiénes no. Con esta información en mano, los activistas saben a qué puertas llamar para movilizar el voto y ganar las elecciones. El software fue desarrollado por los operativos republicanos Drew Born y Drew Wierda a través de la empresa Voteatron LLC. Lo interesante es que, recientemente, el líder separatista albertano David Parker, de Centurion Project, ha reconocido haber usado 10xVotes para crear un equivalente en la provincia canadiense: una lista de votantes a los que persuadir, en este caso, para que voten por la independencia de Alberta. Según una investigación de Canada’s National Observer, la web de 10xVotes tenía una subdivisión con datos de votantes albertanos a la que cualquier persona podía acceder fácilmente. El hallazgo hizo que la comisión electoral de Alberta, la Oficina de Información y Privacidad y la policía montada de la provincia iniciaran una investigación de Parker, que, hasta el momento, se ha negado a cooperar. El separatista tiene un historial de violaciones, con multa, de las leyes electorales de la provincia. Lorne Gibson, antiguo jefe de Elections Alberta, dijo a National Observer que "los datos [de los votantes albertanos] valen probablemente millones de dólares. Probablemente valgan al menos 3 millones de dólares. Es la mayor filtración de datos en Canadá", añadió. No he tenido noticia de nada que supere esa magnitud". Ahora que ya hay una fecha para el referéndum sobre el referéndum, las energías políticas se organizan en dos campos: el exit y el remain, por usar el lenguaje que llevó a la salida británica de la Unión Europea. Una de las diferencias entre ambos procesos, no menor, es que el referéndum de Alberta será toqueteado por las manazas del único vecino de Canadá. A la sazón, primera potencia del mundo.
EEUU tiene mucho que decir en el referéndum de independencia de Alberta, Canadá
Alberta plantea una consulta previa sobre secesión mientras crece el apoyo, afloran filtraciones de datos electorales y voces en Washington alientan la ruptura, tensando la relación energética y geopolítica norteamericana






