Alberto RojasEnviado especial Furaija (Emiratos �rabes Unidos)Actualizado Martes,

abril

22:40A una hora de la opulencia futurista de Dubai, el emirat� Ahmed, un joven pescador, embellece a la sombra su modesto esquife de madera retirando la capa de pintura vieja para repintarlo de nuevo. "Hemos pescado junto a los iran�es durante generaciones en estas aguas. Ninguno de nosotros entendemos por qu� nos han atacado as�". Ahmed lo dice por los misiles y drones de Ir�n, que han visitado esta regi�n en busca de los enormes dep�sitos de crudo del cercano puerto de Fujaira. Ahora, todo el mundo espera que este inestable alto el fuego se convierta en una paz duradera.Una vez que nos alejamos de la avenida principal de Murbah, donde la actividad comercial es fren�tica, todo se transforma en silencio y calma, s�lo rota por la llamada del muec�n a la oraci�n. El calor de Oriente Pr�ximo, que aqu� se traduce en 37 grados junto al mar, hace que el cuerpo empape la ropa de sudor sin que una sombra te ayude a recuperarte. Bajo el tranquilo bosque de palmeras previo a la playa, uno no imagina que est� junto al punto geopol�tico y estrat�gico m�s disputado del mundo en estos momentos: el Estrecho de Ormuz y el golfo de Om�n.A la altura de la modesta Murbah los buques de guerra de Estados Unidos han levantado una l�nea imaginaria. A partir de este punto aproximado hacia el sur, los petroleros de Ir�n ser�n avisados por radio para que no contin�en su viaje hacia el mar Ar�bigo. Si a�n as� incumplen el consejo, ser�n abordados por helic�pteros de los marines. Ya ha sucedido con un pu�ado de ellos. Varias embarcaciones de pesca yacen sobre la arena brillante. Bajo tres caba�as de madera, los pescadores de la zona han montado salas de reuniones con viejos sillones, cada uno de un color. La brisa mueve una bandera de Emiratos.En la playa de Murbah, que se extiende junto a la terminal del oleoducto de Fujaira y su base naval, no hay ni un alma, pero ante nosotros navega a toda velocidad un nav�o de guerra y a lo lejos son visibles un grupo de grandes petroleros haciendo cola frente a la costa. En una de esas p�ginas de seguimiento de barcos podemos ver que los dos m�s cercanos son el Kallista, de bandera paname�a, y el Olimpic Life, bajo bandera de Islas Marshall, ambos vac�os de crudo, pero ya dirigidos por dos remolcadores hacia la manguera de la que llena su panza el petrolero emirat� Opta Divine. A unos kil�metros hacia alta mar la concentraci�n de grandes cargueros es mucho mayor.Para Emiratos �rabes Unidos, el oleoducto Habshan-Fujaira se ha convertido en una pieza estrat�gica clave en el actual contexto de tensi�n en el Estrecho de Ormuz. Esta infraestructura permite desviar hasta cerca de 1,5 a 1,8 millones de barriles diarios (casi un gran petrolero completo a m�xima capacidad cada 24 horas) desde los campos del interior hasta la costa del �ndico, evitando el paso por el Golfo P�rsico y, por tanto, que quede secuestrado por el cierre iran�.En una situaci�n de bloqueo o restricci�n del tr�fico mar�timo como la actual, este oleoducto no sustituye completamente el volumen que normalmente transita por Ormuz, que antes mov�a hasta 135 barcos al d�a, pero s� garantiza a Abu Dabi una v�a m�nima de exportaci�n que reduce su exposici�n al riesgo geopol�tico. M�s que una alternativa total, es un seguro y un alivio estrat�gico: una tuber�a que no elimina la amenaza, pero permite a Emiratos seguir bombeando petr�leo al mercado incluso cuando el estrecho deja de ser una autopista fiable.Este oleoducto es, junto con la tuber�a Este-Oeste de Arabia Saud�, el �nico alivio petrolero que tiene hoy la econom�a global, reh�n de la guerra que disputan Estados Unidos e Israel contra Ir�n. No tiene un camino sencillo desde los campos petrol�feros del interior, porque el paisaje cambia y del desierto de dunas pasamos a una zona monta�osa �rida y pedregosa de color ocre donde s�lo crece la vegetaci�n en las zonas bajas, junto d�nde el agua se acumula y donde beben los reba�os de dromedarios. Todos los pa�ses del Golfo relanzan hoy viejos proyectos para construir otros oleoductos como este para evitar la posibilidad de que Ir�n vuelva a cerrar el cercano Estrecho de Ormuz cada vez que quiera.Google Maps muestra un caf� abierto en medio del bosque de palmeras cuando la brisa del mar llega tan caliente como el motor de un secador de pelo. All� encontramos un peque�o refugio de aire acondicionado, caf� italiano de calidad y cruasanes franceses. Un grupo de extranjeros, con la piel curtida por el sol, pasa el rato mirando sus m�viles. Gente de mar. El camarero pregunta al sudoroso periodista reci�n llegado mientras le sirve un espresso can�nico.- �No ha venido nunca por aqu�? Me suena su cara.- �Yo? Jam�s.- Aqu� viene gente de todo el mundo enrolada en las tripulaciones de los petroleros. Le habr� confundido con otra persona.Un hombre que dice ser un empresario local, que busca la protecci�n del aire acondicionado tras el asalto del calor, reflexiona: "Aqu� la pesca del at�n, la caballa o el mero sostiene a miles de familias, pero esta tensi�n ha transformado nuestro mundo en una actividad de riesgo. Seguimos saliendo al mar, pero lo hacemos con miedo a las minas o a los buques de guerra. Eso limita los caladeros y encarece cada jornada".Algunos evitan �reas tradicionales por miedo a incidentes o a ser confundidos con embarcaciones sospechosas; otros ven c�mo los controles y desv�os del tr�fico mar�timo alteran los patrones de pesca. En este nuevo escenario, el Golfo deja de ser s�lo un espacio econ�mico y se convierte en un tablero estrat�gico donde incluso las peque�as lanchas de pesca navegan entre las grietas de una crisis global de proporciones a�n desconocidas.