Actualizado Viernes,
junio
02:28Desde reponer municiones estrat�gicas, al acoso con lanchas a petroleros en el Estrecho de Ormuz o la toma de decisiones en el n�cleo del equipo negociador iran�. La Guardia Revolucionaria, compuesta por unos 200.000 efectivos, est� al mando de toda la cadena de decisiones en Ir�n desde que fue atacada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, desatando una guerra que afect� a toda la regi�n. Conocidos en Ir�n como Sepah-e Pasdaran, el cuerpo militar fue creado en los a�os 80 para asegurar la permanencia del r�gimen, pero ocupan ahora cargos de decisi�n y controlan un tercio de la econom�a del pa�s. La muerte del L�der Supremo y la decapitaci�n de altos cargos militares en los primeros d�as de guerra no provoc� el colapso del r�gimen, sino que abri� la puerta a que nuevas generaciones de la Guardia Revolucionaria tomaran el poder. Conocidos generales ganaron protagonismo en la esfera p�blica como el presidente del Parlamento y negociador, Mohammad Bagher Qalibaf; o el comandante jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi; mientras un aliado del cuerpo e hijo del L�der Supremo fallecido, Mojtaba Jamenei, asumi� la direcci�n del pa�s. Con todo, se produjeron decenas de relevos en rangos inferiores de la Guardia Revolucionaria, que seg�n apuntan los analistas, se adaptaron r�pidamente a la estrategia mosaico adoptada por el r�gimen durante la guerra, una forma organizativa horizontal en la que unidades independientes siguen actuando pese a la p�rdida de sus l�deres. Bajo el mando de la Guardia Revolucionaria, la estrategia del r�gimen tom� un rumbo distinto al de la guerra de junio de 2025. Conscientes de que Estados Unidos e Israel no esperaban una campa�a prolongada, Ir�n satur� sus defensas con andadas sistem�ticas de misiles y drones contra sus bases en toda la regi�n, da�ando la imagen y econom�as de pa�ses del Golfo. El r�gimen tambi�n llev� a cabo una de las amenazas que hab�a puesto sobre la mesa desde hace a�os: el cierre del Estrecho de Ormuz. Pese a tener una flota muy inferior a Estados Unidos, Ir�n us� la guerra asim�trica para controlar esta v�a mar�tima crucial, por donde pasa cerca del 20% del petr�leo y gas mundial. Con la amenaza de minas, drones y lanchas r�pidas, suspendi� el cruce de buques durante semanas, poniendo en jaque a los mercados internacionales. Antes, Estados Unidos ten�a una clara ventaja en el plano econ�mico frente a Ir�n con el uso de sanciones unilaterales y el bloqueo del acceso a la econom�a global, ante la impotencia iran�. Teher�n ha demostrado que el Estrecho de Ormuz puede ser una palanca de presi�n que genere un terremoto internacional y no ha dudado en usarla. Con su arsenal militar casi �ntegro, la Guardia Revolucionaria cree haber ganado la guerra y busca reforzar su soberan�a sobre el Estrecho de Ormuz. En el actual imp�s de conversaciones diplom�ticas, los generales carecen de garant�as de que sus enemigos no reanudar�n la guerra, por lo que creen que el �nico elemento disuasorio puede ser el tiempo, que aumenta los costes del conflicto, que superan los 29.000 millones de d�lares para Washington. "Teher�n no busca desesperadamente un acuerdo a cualquier precio", escribe el analista especializado en Ir�n e Israel, Danny Citrinowicz. "Teher�n cree que conserva su influencia y no tiene intenci�n de precipitarse a un acuerdo que no cumpla con sus requisitos m�nimos. Los l�deres iran�es parecen dispuestos a asumir el riesgo de una mayor escalada si no se cumplen dichas condiciones", se�ala en sus redes. Desde que se acord� el alto el fuego a principios de abril, se repite un patr�n en el que Teher�n y Washington parecen lograr un acercamiento en las negociaciones, que termina en una nueva escalada militar de ataques cruzados, en los que Ir�n golpea a pa�ses terceros como Emiratos �rabes Unidos, Bahrein o Kuwait. "Nada est� acordado hasta que todo est� acordado", advierte una fuente iran� a Al Jazeera, recordando el estilo negociador del r�gimen, de insistir meticulosamente en aspectos concretos de un pacto y ganar tiempo discutiendo detalles hasta la saciedad. Los halcones del r�gimen no conf�an en la diplomacia y ya dan por hecho que Estados Unidos no ceder� a las demandas de Teher�n de levantamiento de sanciones, un programa nuclear limitado y el fin de la guerra israel� en L�bano, entre otras cuestiones. Por ello, apuntan los expertos, el r�gimen se concentra en buscar un acuerdo que consolide los logros de Ir�n y allane el camino para obtener beneficios econ�micos de la venta de petr�leo y mediante peajes en el Estrecho de Ormuz. El analista iran� Hamidreza Azizi, apunta que la pelota est� en el tejado estadounidense, que debe "buscar un marco diplom�tico m�s amplio" que incluya las demandas iran�es o adentrarse "por un camino que conlleva el riesgo de una mayor escalada en m�ltiples escenarios". "El desaf�o radica en que, una vez iniciada la escalada, controlar su alcance y ritmo se vuelve cada vez m�s dif�cil". Ya lo advirti� el negociador iran� Qalibaf hace una semana. "Estamos obteniendo concesiones no mediante conversaciones, sino misiles", se�al� a la prensa. "El ganador de cualquier acuerdo es el bando que est� mejor preparado para la guerra al d�a siguiente de su firma". Al parecer, la Guardia Revolucionaria cuenta adem�s con un mayor apoyo popular que antes de la guerra. Los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Ir�n causaron m�s de 3.500 fallecidos, en su mayor�a civiles; dejando m�s de 45.000 edificios parcial o totalmente destruidos por los ataques. "En lugar de derrocar al r�gimen, la campa�a, en varios aspectos clave, lo est� reforzando", escribi� en marzo el analista Citrinowicz. Desde el inicio de la guerra, se mantienen protestas en varios puntos de la capital, donde centenares de civiles de perfiles cada vez m�s diversos, se re�nen a menudo para defender a Ir�n contra los ataques. Un an�lisis de Bloomberg sobre los objetivos residenciales en la guerra, da voz a civiles de varias regiones que ya no sienten a la armada iran� como un cuerpo opresor, sino defensor de los ataques de Estados Unidos e Israel. Por su parte, el analista Vali Nasr apunta que el relevo de la Guardia Revolucionaria, consciente de la necesidad de ampliar su base social -especialmente despu�s de las protestas antir�gimen de enero- se dirige a un sector m�s amplio de la sociedad. "Medios estatales normalizan im�genes de mujeres con y sin velo juntas, enmarcan una identidad iran� como cultural, en lugar de puramente religiosa. Se dirigen a los sectores que m�s hab�an rechazado la Rep�blica Isl�mica", escribe Nasr en Foreign Affairs. "El r�gimen contin�a reprimiendo con dureza la disidencia pol�tica, pero ahora el Estado reconoce que necesita una base social mucho m�s amplia", se�ala.











