05/06/2026 a las 01:17h.

En este junio neoyorquino, con atardeceres de postal y noches deliciosas que nadie quiere que acaben, cada pantalla de televisión es una fiesta. Los Knicks han llegado por fin a la final de la NBA y la ciudad ha explotado. «El color naranja y azul ... me corre por las venas», dice Morgan, rodeada de gente en Putnam Armory. Es un bar cualquiera de Bed-Stuy, un barrio negro de Brooklyn. Un lugar por lo habitual tranquilo, con parroquianos que mordisquean alitas de pollo y beben cerveza o margaritas picantes, la especialidad de la casa. Pero hoy es el primer día de la final contra los Spurs de San Antonio: falta una hora para el partido y ya ni se cabe, ni se puede pedir.

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