“Sarmiento llega más lejos que nadie; en verdad, hay que decir: el mejor escritor argentino del siglo XIX llegó a presidente de la República” (Ricardo Piglia) El 11 de abril de 1870, el gobernador de la provincia de Entre Ríos y expresidente, Justo José de Urquiza, era asesinado en la intimidad de su palacio y delante de sus hijas en San José -hoy Museo y Monumento Histórico Nacional-, por sicarios que respondían al caudillo Ricardo López Jordán. Como no podía ser de otra manera, este magnicidio tuvo una fuerte repercusión en la turbulenta vida política argentina de entonces. Frente a este hecho, el por entonces ministro de Justicia e Instrucción Pública del presidente Domingo F. Sarmiento, Nicolás Avellaneda, de 33 años, escribió con fecha 20 de aquel mes, el borrador de una Proclama condenando el violento hecho. Sin embargo, en la página 119 del tomo VII de Escritos y discursos de Nicolás Avellaneda en donde fuera publicado dicho borrador, su puntilloso e inteligente editor y biógrafo, Juan M. Garro, consignó la siguiente nota al pie: “Entre los manuscritos del doctor Avellaneda encontramos este borrador. El Presidente Sarmiento, al suscribirlo, le hizo modificaciones y agregados. La proclama, con su redacción definitiva, está publicada en el tomo XXI, pág. 309. Obras de Sarmiento”. 214edq sw
Sarmiento y Avellaneda o cómo hacer cosas con palabras
Cuando Justo José de Urquiza fue asesinado, el ministro de Justicia del Presidente Sarmiento escribió una Proclama condenando el crimen. Sarmiento lo suscribió, pero no sin antes reescribir algunas frases. Si el entrerriano no era santo de su devoción, ¿por qué lo hizo?













