Calle Guayaquil al 900, barrio obrero de Boulogne, partido de San Isidro. Una puerta blanca con ventana, cortinita de tela rosa con adornos de flores y volados; el picaporte torcido, un pasador gastado; en el marco, la pintura marrón oscura está algo descascarada. Por esta puerta salió Nicolás Carranza la noche del sábado 9 de junio de 1956, luego de saludar a su esposa y a su escalera de seis hijos –la mayor, Elena, de 12; la menor, Julia Renée, cuarenta días apenas–. Por esta puerta ingresó el 11 de junio de 1956 el entonces jefe de la Policía bonaerense, el teniente coronel (R) Desiderio Fernández Suárez, fiel peón de Pedro Eugenio Aramburu –jefe de la entonces Revolución Libertadora que había derrocado a Perón–; buscaba la libreta de enrolamiento del trabajador ferroviario.
Aquí está parte de la historia de uno de los fusilados en el basural de José León Suárez que Rodolfo Walsh inmortalizó en su Operación Masacre. Y aquí, a exactos 70 años después de la tragedia, en la mesa del comedor está sentada Berta Carranza –que tenía 2 años en aquel tiempo– y que, sosteniendo un cuadro de su padre en blanco y negro, dice ahora con la voz algo gastada:
–Soy Berta Carranza, hija de Nicolás, fusilado en los basurales de Suárez. Estamos a punto del inicio del juicio por lesa humanidad que estamos pidiendo. ¿Y qué espero? Espero justicia.















