El brasileño Henry Borel, un niño de cuatro años, murió asesinado en 2021 tras un largo historial de torturas perpetradas por su padrastro, el entonces concejal de Río de Janeiro Jairo Souza Santos Júnior, un médico más conocido en la política como ‘Doctor Jairinho’. Su pareja y madre del niño estaba al corriente del calvario que sufría la criatura dentro de casa. El caso conmocionó a Brasil y tras años de informaciones que han hecho correr ríos de tinta en los periódicos y un largo juicio, finalmente este jueves se conoció la sentencia: el jurado popular condenó a Jairinho a 43 años por homicidio y tortura. La madre, Monique Medeiros, fue condenada por omisión de socorro, pero recibió el perdón judicial de la acusación de homicidio. La jueza consideró que el caso estuvo rodeado de misoginia y que la sociedad patriarcal impone a las madres un patrón de comportamiento más rígido que a los padres.La madrugada del 8 de marzo de 2021, la pareja llevó al niño al hospital alegando que había sufrido un accidente doméstico. En realidad, llegó con una parada cardiorrespiratoria, ya sin vida. La autopsia concluyó que había muerto por una hemorragia interna causada por acción violenta. También se detectaron 23 lesiones anteriores, con daños en la cabeza, el hígado, un riñón y los pulmones.Según la investigación, el niño había sido víctima de agresiones y tanto la policía como la Fiscalía no tardaron en acusar al padrastro. Una de las cuidadoras del niño explicó, por ejemplo, que después de que Jairinho lo encerrase en un cuarto el niño salió asustado y cojeando. Ella avisó a la madre de sus sospechas en varias ocasiones, pero esta le pidió que hiciera la vista gorda. Tras la muerte del niño, la llevaron al despacho de un abogado para orientarla sobre la versión que debía dar de los hechos. Le pidieron que borrara los mensajes del móvil y que pintara una imagen de familia feliz cuando la interrogaran.La sorpresa del juicio, que duró 11 días, fue la condena a la madre. El jurado la consideró culpable de homicidio imprudente (sin intención de matar), pero acto seguido la jueza le otorgó el perdón judicial, por entender que había sufrido consecuencias extremadamente severas derivadas del caso. Citó la “reacción desproporcionada y desmesurada” de la sociedad ante la omisión de Medeiros, que consideró “claramente discriminatoria de género, influenciada por la cultura patriarcal”. A un padre no se le hubiera exigido lo mismo, resaltó. La mujer, no obstante, sí ha sido condenada a un año y cuatro meses por omisión, aunque no cumplirá pena en la cárcel por haber pasado ya casi cinco años entre rejas de forma preventiva a la espera del juicio.Jairinho, por su parte, niega todos los hechos, aunque sus palabras fueron perdiendo credibilidad a medida que avanzaba el caso. Durante la investigación incluso salieron a la luz testimonios de dos exnovias anteriores que también relataron agresiones a sus respectivos hijos. El político fue apartado de su cargo de concejal por sus colegas en votación unánime un mes después de su detención. Era el fin de una carrera que había seguido el guion clásico de muchos políticos cariocas de “buena familia” forjados en valores conservadores. Con 27 años, heredó el capital político de su padre, el ‘Coronel Jairo’, diputado en la asamblea regional, y se convirtió en uno de los concejales más votados de la ciudad. Pasó 16 años en el ayuntamiento, donde llegó a ser mano derecha del alcalde Marcelo Crivella, un obispo evangélico. Como en otros casos de gran repercusión mediática, el asesinato del niño acabó propiciando cambios en la legislación. En 2022, el Congreso Nacional aprobó la ‘Ley Henry Borel’, que endureció los mecanismos de protección para niños y adolescentes, estableciendo medidas urgentes, similares a las que se aplican a mujeres víctimas de la violencia machista, y aumentó las penas para asesinatos de menores de 14 años.