“¿De qué color es un espejo?” Se preguntaba Ezequiel Martínez en su video más destacado como divulgador científico. Una simple pero enrevesada pregunta que lo llevó a dedicarse a ser un comunicador de las curiosidades de la ciencia.“Todo empezó con el Minecraft –cuenta Ezequiel, egresado por la UNLaM de Ingeniería en Informática– Mientras jugaba no podía dejar de hacerme preguntas acerca del funcionamiento de todo aquello que me rodeaba; el monitor, el mouse, la computadora, el juego, todo”.El “Minecraft” es un videojuego de construcción a mundo abierto, en el que es posible explorar, construir, extraer recursos y sobrevivir a la inclemencias de la noche: “Nunca había tenido una materia de programación, entonces mi primera experiencia con el mundo informático fue el bloque de comandos de este juego”.Fue así que su incipiente interés por la informática y su facilidad para las ciencias duras, como así la diversión que le provocaban, derivaron en que antes de terminar el colegio ya supiera lo que quería hacer: “Mi sueño era ser programador, un gran programador”.Eze siempre redunda en que uno debe elegir quién lo educa, y como había grandes profesores en la UNLaM también había otros a quienes no les entendía. Fue así que fue tan universitario como autodidacta: “Yo cursé durante la pandemia, y en ese tiempo, cuando me unía a la clase de un profesor que no entendía, lo silenciaba y me ponía un video de Youtube sobre el mismo tema”.Sin embargo, tuvo un punto de quiebre en su tercer año, cuando notó que su futuro soñado no era más que un mal soñar: “Me iba bien en las clases y trabajaba como programador, pero no me llenaba. Empecé a ir a un psicólogo y a leer libros de autoayuda, pero nada me ayudaba –recuerda– Anotaba diariamente como me sentía, y luego de un tiempo busqué patrones”.Luego de leer aquel diario, Ezequiel notó que su tristeza provenía de su trabajo. Cada vez que debía trabajar estaba triste: “El 70% del tiempo, es decir, 5 de cada 7 días, me sentía caído. Estaba claro, no me gustaba trabajar en relación de dependencia –explica– Entonces ahorré, renuncié y empecé mi propio proyecto”.El objetivo de Eze era crear un software. Y para promocionarlo, creó una cuenta en redes sociales en el que publicaba contenido constantemente. Asimismo, tenía un canal de Youtube aconsejando a estudiantes acerca de cómo pasar la universidad con buen promedio y una bella experiencia.“El tema fue que mi software avanzaba, pero mi contenido en redes sociales avanzaba aún más. Y como la programación no me divertía tanto, la dejé y me dediqué a ser divulgador científico durante 6 meses –cuenta– Si funcionaba, continuaba, si no, lo dejaba”.Intentó y no paró de hacer contenido hasta que su nicho, que eran los consejos universitarios, se agotó: “Luego de eso hice un video con una pregunta, ‘¿de qué color es un espejo?’. El video se llenó de visualizaciones, likes e interacción”.Después de eso continuó dedicándose a las redes sociales, despejando preguntas científicas y universales en videos de uno o dos minutos: “Toda mi vida fui lógico, toda mi vida fui calculador. Cuando elegí mi carrera, pensé en aquello en lo que era bueno y la seguí; cuando estuve mal, analice patrones y noté el problema; cuando hice mi primera prueba como divulgador, analicé el algoritmo y lo seguí, algo que aún hago”.