Con apenas 22 años, más de 6,7 millones de seguidores en YouTube y un millón en Instagram, el creador de contenido Eric Tro lleva años mostrando en su canal expediciones a lugares remotos y una vida entregada a la aventura. Lo que muchos de sus seguidores desconocían es que, desde hace cuatro años, desarrolla en paralelo una rutina extrema orientada a retrasar el envejecimiento y optimizar cada parámetro de su organismo. Se conoce como health maxxing –una derivada todavía más obsesiva del llamado biohacking– que consiste, a grandes rasgos, en “tratar de conseguir la longevidad máxima. Y en poco tiempo, si la ciencia sigue avanzando a este ritmo, también la inmortalidad”, afirma Tro.El youtuber ha decidido convertir su rutina diaria, que él mismo define como “obsesiva, muy loca”, en un documental, que lanzará en su canal de Youtube y que lleva por título Gasté 100.000 dólares para no envejecer... y fracasé. En él, Tro mostrará un día a día marcado por el control constante de los marcadores de salud y de sueño, una alimentación más que disciplinada, ejercicio físico parametrizado al extremo y el respeto máximo a los ritmos circadianos. “Cuando cae el sol apago todas las luces de casa y me pongo las gafas con filtro rojo. Y jamás, bajo ningún concepto, salgo de casa más allá de las 21h”, resume.El fenómeno no surge de la nada. En Estados Unidos, el health maxxing lleva tiempo ganando adeptos gracias a figuras como Bryan Johnson, el empresario tecnológico de 48 años que invierte millones de dólares anuales en protocolos de longevidad. Su rutina, que comparte al detalle en sus redes sociales, se ha convertido en inspiración para miles de personas que monitorizan sueño, glucosa, frecuencia cardíaca, inflamación o rendimiento físico con la esperanza de ralentizar el envejecimiento.Todo ello puede verse en el documental de Netflix No te mueras, el hombre que quiere vivir para siempre, que muestra cómo Johnson organiza su vida alrededor de las métricas fisiológicas. Su rutina incluye más de cien pastillas al día, horarios estrictos de sueño, una alimentación completamente controlada, ejercicio monitorizado y tratamientos experimentales.Entre las prácticas más llamativas figuran las transfusiones de plasma realizadas junto a su hijo adolescente Talmage Johnson, que sigue los pasos de su padre y también se ha convertido en un gurú del health maxxing en las redes sociales. Padre e hijo realizan, además, sesiones de terapia lumínica y emplean cámaras hiperbáricas destinadas a mejorar la oxigenación celular.Por su parte, Tro descubrió ese universo a los 19 años, en un momento en que, explica, dormía mal y buscaba mejorar su salud. “Cuando algo me interesa, investigo a fondo”, cuenta. Empezó por los suplementos y acabó desarrollando protocolos propios basados en estudios científicos, análisis clínicos trimestrales y un seguimiento constante de biomarcadores mediante un reloj inteligente.Su rutina diaria parece diseñada por una mezcla entre laboratorio y retiro monástico. Se despierta cada día entre las cinco y media y las seis y media de la mañana, independientemente de cuántas horas haya dormido, porque considera prioritario mantener horarios constantes. Durante las primeras horas del día ayuna, evita entrenar y aprovecha el momento para trabajar y concentrarse, siguiendo lo que llama la activación natural del cortisol matutino. Por la noche elimina luces artificiales, utiliza gafas rojas para minimizar la exposición lumínica y se acuesta a las nueve, esté donde esté del mundo.Análisis exhaustivo de todo lo que se comeLa alimentación ocupa una parte central del protocolo. No solo cuenta las calorías y pesa todos los productos que consume, que escoge rigurosamente en función de la actividad física diseñada para cada día, sino que selecciona personalmente cada alimento tras un análisis exhaustivo. Por ejemplo, tras un estudio pormenorizado de todos los aceites de oliva virgen extra del mercado, optó por Suerte Alta, de Jaén. “Es el que tiene un nivel más alto de polifenoles, que son antiinflamatorios naturales”, asegura. Siempre lo lleva en la maleta. “Suelo estar semanas fuera de casa, así que procuro llevarme mis aceites y otros alimentos para poder seguir mi rutina”.Ocurre lo mismo con otros alimentos, como el cacao. “Lo escogí porque presenta una concentración muy baja de metales. Yo mismo viajé a la República Dominicana para seleccionarlo personalmente y lo testeé”, explica. También consume a diario brotes de brócoli ricos en sulforafano, arándanos y zumo de granada, “cuyos polifenoles mejoran el rendimiento mitocondrial”, explica. Además, su dieta incluye mezclas de suplementos específicas destinadas a mejorar la eficiencia de las mitocondrias celulares y reducir la inflamación: creatina, taurina, omega 3, vitamina D, glicina, extracto de ajo envejecido o cúrcuma, entre muchos otros.El ejercicio también funciona como otra capa de monitorización fisiológica. Tro realiza entre tres y cinco horas semanales de cardio en zona 2 –una intensidad moderada asociada a mejoras cardiovasculares y metabólicas– además de entrenamientos específicos para aumentar el VO2 max, uno de los marcadores más utilizados actualmente para medir capacidad cardiorrespiratoria y esperanza de vida. A ello suma trabajo de fuerza, movilidad y largas sesiones físicas orientadas también a soportar mejor las expediciones que documenta en su canal.El protocolo incluye además sauna diaria combinada con baños helados en los testículos, terapia de luz infrarroja, incluso pruebas puntuales con cámaras hiperbáricas, una técnica basada en altas concentraciones de oxígeno que algunos estudios relacionan con procesos de regeneración celular. “Mi objetivo es ser la persona que menos envejezca del mundo con mi edad. Creo que algún día el ser humano será inmortal”, afirma.Lee tambiénBuena parte de estas prácticas se inscriben dentro del llamado biohacking, una disciplina centrada en “hackear” el organismo mediante nutrición, monitorización y medicina de precisión para optimizar la salud y retrasar el deterioro físico. “El objetivo es adelantarnos a la aparición de enfermedades crónicas y optimizar la salud para llegar a viejos sin múltiples patologías”, explica el inmunogerontólogo Pedro Rodríguez, director del departamento de Longevidad y Biohacking de Clínicas UME.Sin embargo, incluso dentro de este ámbito, muchos expertos intentan marcar distancias con las versiones más extremas y espectaculares del fenómeno. El especialista en nutrigenómica Álex Giménez defiende un “biohacking natural” centrado en mejorar sueño, alimentación, ejercicio y ritmos circadianos antes de recurrir a terapias invasivas o tecnologías futuristas. “Es absurdo implantar un microchip para mejorar la memoria sin haber optimizado antes el sueño y la nutrición”, señala. Para Giménez, gran parte del problema es que el término ha acabado convertido en un cajón de sastre donde conviven herramientas médicas con pseudociencias, gadgets carísimos y promesas de inmortalidad difíciles de sostener científicamente.La hiperoptimización constante del cuerpo puede acabar generando ansiedad y una relación poco sana con la salud según la nutricionista Núria MonfulledaAhí es donde voces como la de la médica y nutricionista Núria Monfulleda, del centro Loveyourself, en Barcelona, introducen cierto escepticismo frente al entusiasmo que rodea al health maxxing. En su opinión, muchas de las prácticas que hoy se presentan como revolucionarias “no dejan de ser hábitos saludables llevados a un nivel de control extremo”. En su opinión, aunque aspectos como dormir mejor, reducir ultraprocesados o hacer ejercicio tienen respaldo científico sólido, la hiperoptimización constante del cuerpo puede acabar generando ansiedad y una relación poco sana con la salud. “No habría que darle más bombo”, resume.Ahí aparece una de las grandes paradojas del health maxxing: la búsqueda obsesiva de bienestar puede terminar pareciéndose más a una disciplina de control total que a una vida saludable. En este sentido, Tro reconoce que su estilo de vida lo aleja de buena parte de la gente de su edad. “Nadie lo entiende”, lamenta. Porque tal vez, en el fondo, detrás del health maxxing no solo hay miedo a enfermar o a envejecer, sino una idea mucho más contemporánea: la de que el cuerpo, igual que una máquina, siempre puede optimizarse un poco más.
'Health maxxing': la nueva obsesión por la longevidad y la inmortalidad
Miles de personas monitorizan sueño, glucosa, frecuencia cardíaca, inflamación o rendimiento físico con la esperanza de ralentizar el envejecimiento















