Durante décadas, el entretenimiento en América Latina estuvo organizado alrededor de una lógica con relativa estabilidad: la televisión abierta como centro de la vida doméstica, la radio como compañía cotidiana y el cine como experiencia colectiva de fin de semana. Ese ecosistema comenzó a resquebrajarse con la expansión de internet móvil. Pero fue en los últimos años cuando la región ingresó en una nueva etapa cultural. La etapa del consumo fragmentado y multiplataforma.
Hoy, el tiempo de ocio de millones de latinoamericanos se distribuye entre plataformas de streaming, podcasts, redes sociales audiovisuales, transmisiones en vivo, videojuegos, contenidos deportivos digitales y experiencias interactivas que ya no responden a las categorías clásicas de “medios” o “espectáculos”. Está cambiando el qué se consume junto al cómo se organiza la atención, qué dispositivos median la experiencia cultural y qué lugar ocupan los algoritmos en la construcción de hábitos cotidianos.
Los datos de consultoras como Statista, eMarketer y Comscore muestran que América Latina se convirtió en uno de los mercados con mayor crecimiento en el consumo digital del mundo. Argentina, México, Brasil y Colombia lideran la adopción de servicios de entretenimiento bajo demanda, mientras las generaciones adultas incorporan prácticas que hace apenas una década estaban asociadas sólo al público joven.










