EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.La ciudad de Neuquén está dividida en dos realidades por un gran barranco que la atraviesa. Aunque las calles suburbanas del valle son muy parecidas a las de cualquier otra ciudad argentina, en la meseta, la industrialización del país cubre absolutamente el paisaje. Es un páramo con tendido eléctrico que espera nuevos residentes en una de las regiones de más rápido crecimiento del país. El motor de estos cambios es Vaca Muerta, uno de los yacimientos de shale gas más grandes del mundo y aclamado por todo el espectro político argentino como su salvación económica. Según datos del Ministerio de Energía de Neuquén, más del 97 % del petróleo de la provincia y más del 90 % de su gas se extraen mediante fracking, una técnica que consiste en inyectar agua, arena y productos químicos a alta presión para fracturar la roca y liberar hidrocarburos. A finales de 2025 se batió el récord histórico de producción. Se trata de un método controvertido al que los residentes le suman otra cara oculta: los residuos. Sostienen que los del fracking no se están tratando adecuadamente en Argentina, lo que provoca contaminación ambiental y potenciales riesgos para la salud pública. La normativa local exige que se procesen adecuadamente. Pero allí hay montañas de residuos que demuestran lo contrario. Montañas de residuos La calidad de vida en Neuquén depende de la dirección del viento. “Cuando sopla en esta dirección, el olor se vuelve muy fuerte. Te pica en los ojos y te hace estornudar constantemente”, dice Julio Polo, guardia de seguridad en el complejo urbanístico que rodea el Parque Industrial Neuquén Oeste (PINO). El olor es similar al del azufre, aunque hay muchas más sustancias químicas en el aire y el suelo. El fracking genera dos tipos de residuos. Uno es el agua contaminada que vuelve a la superficie tras la fractura, junto con salmuera natural, y se inyecta en pozos subterráneos. Esta práctica se ha relacionado con la sismicidad inducida, ya que la presión puede reactivar fallas inactivas. En algunos países de América del Norte, hasta el 70 % de estas aguas residuales se reutiliza para el fracking y otros fines industriales, pero en Argentina, más del 95 % se deposita bajo tierra, según explicó Pedro Brisio, miembro de la junta directiva de la Asociación de Profesionales del Medio Ambiente de Neuquén, al medio Vaca Muerta News. Los segundos residuos son los semisólidos: una pasta del color de la tierra húmeda y compuesta por roca perforada, denominada cuttings o recortes, mezclada con restos procesados y arena. A lo largo del tiempo en Vaca Muerta, los subcontratistas han amontonado estos lodos hasta formar montañas gigantescas, algunas muy cercanas a zonas residenciales. La normativa provincial exige que estos lodos se traten mediante métodos autorizados, entre ellos hornos de alta temperatura que queman los componentes tóxicos y los reducen a cenizas en un ambiente controlado. Sin embargo, en la práctica, la capacidad de tratamiento ha sido sistemáticamente insuficiente para los volúmenes que se producen. En 2023, aumentaron en más de un tercio con respecto al año anterior, según datos a los que ha tenido acceso el portal Chequeado. Hay reportes que apuntan a la peligrosa contaminación que significan estos residuos. Según un estudio de 2019 realizado por la iniciativa Concerned Health Professionals of New York, se detectaron más de 200 contaminantes en el aire cerca de las operaciones de fracking en Estados Unidos, y se encontraron más de 1.000 sustancias químicas en los fluidos de fracturación. El estudio igualmente describe la presencia de radiactividad en las aguas residuales.En la provincia de Neuquén, actualmente hay cinco vertederos y cinco plantas de tratamiento en funcionamiento en la provincia, según Leticia Esteves, ministra de Turismo, Medio Ambiente y Recursos Naturales provincial. Tres de estas plantas de tratamiento han estado o están actualmente involucradas en disputas legales relacionadas con casos de contaminación: E.ET., HP&V y Comarsa.Esteves afirma que no se autorizarán nuevos vertederos. “Las empresas deben invertir en métodos alternativos de tratamiento de residuos, no solo por razones medioambientales, sino también por razones logísticas”, añade a este medio. Destaca, además, que los emplazamientos existentes son seguros y cuentan con las licencias pertinentes, pero reconoció que son “zonas de sacrificio”. “No podrán utilizarse para nada más”. Los inversores internacionales, además, tienen una participación significativa en el auge que generan estos residuos. Las empresas chinas han invertido aproximadamente 6.000 millones de dólares en el sector de los combustibles fósiles de Argentina, incluida Vaca Muerta, según un análisis de Perfil. Esto representa alrededor de una cuarta parte de todas las inversiones chinas en el país. Pan American Energy, el cuarto mayor productor de petróleo de Vaca Muerta, es propiedad conjunta de Bridas Corporation y BP. La primera es una empresa conjunta entre la familia argentina Bulgheroni y el gigante energético marítimo estatal chino CNOOC, cuya participación en Bridas supuso la mitad de la inversión total de China en combustibles fósiles en Argentina. Mientras el país sudamericano se apresura a convertirse en un importante exportador de GNL (gas natural licuado), el asiático figura entre los principales compradores potenciales a los que apunta la empresa energética estatal argentina YPF, junto con Brasil, India, Japón y Europa. El caso de Comarsa Una de las empresas acusadas de contaminar la zona es la Compañía de Saneamiento y Recuperación de Materiales (Comarsa), que opera dentro del parque desde 2009. La fiscalía del caso, acompañada de una querella compuesta por organizaciones ambientales y vecinales, le imputa haber aceptado una cantidad de material muy superior a la que podía tratar en sus cuatro hornos. El resultado, según explica la querella, fue que se acumularon alrededor de 350.000 metros cúbicos de residuos al aire libre sobre terreno sin impermeabilizar, desbordando los muros de contención de hormigón de las instalaciones. En 2024, Comarsa perdió su licencia estatal para procesar residuos de perforación, incluidos los recortes. Sus hornos fueron desmantelados y se ordenó a la empresa que transportara los residuos a un emplazamiento designado a unos 115 kilómetros de distancia, en una zona alejada de entornos urbanos, según coinciden tanto Esteves como la fiscalía. Rafael Colombo, un abogado que forma parte de la querella contra Comarsa, alega que la acumulación de residuos ha causado contaminación del suelo y del aire, incluyendo elementos que pueden ser perjudiciales para la salud humana como el benceno, el plomo y el arsénico. En la última audiencia judicial celebrada en marzo, los abogados que representan a Comarsa restaron importancia al asunto, según las grabaciones de las audiencias judiciales y los informes presentados a los que accedió este medio. Afirmaron que la empresa ya estaba retirando los residuos del emplazamiento de Neuquén y que esta tarea concluiría en breve, cuando el acuerdo con el Gobierno provincial puso fecha límite octubre de 2026. También señalaron que el suelo que rodea la planta no estaba contaminado. Pero los hornos originales, que ahora están cerrados, han pasado factura a los residentes de la zona. Varias personas que conversaron con este medio describen experiencias similares: olores fuertes que causan irritación en la boca, la nariz y los ojos, dificultad para respirar y dolores de cabeza. Todos lo atribuyen a la planta de Comarsa, aunque no se ha realizado un monitoreo que lo certifique. Varios vecinos afirman que estos síntomas reaparecen cuando hace calor o después de llover. Carlos, que prefirió no revelar su apellido, ha vivido allí toda su vida y recuerda que, cuando los hornos estaban en funcionamiento, los síntomas eran mucho más graves. “Los hornos quemaban de forma ineficiente. Emitían humo negro. Por la noche, el humo es menos visible, por lo que a menudo quemaban más por la noche”, afirma, haciendo eco de las opiniones de otros cuatro residentes. Daniel, un profesor que protestó contra la planta en 2016, dice que el humo provocó problemas de salud. “Fue entonces cuando los bebés y los niños comenzaron a sufrir los efectos de la contaminación”, afirma. “Imagínese, las personas que viven en estos asentamientos informales son familias jóvenes. El grupo vulnerable son principalmente los niños”, añade. El equipo jurídico de Comarsa no respondió a la solicitud de comentarios de este medio, pero el caso está a la espera de juicio. En la apertura de la sesión legislativa de este año, un discurso anual en el que los líderes políticos exponen sus logros y prioridades, el gobernador Rolando Figueroa anunció que ya se habían retirado 139.000 toneladas de residuos de la planta de Comarsa en Neuquén. Los vertederos de Añelo Neuquén no es la única localidad transformada por el fracking. Añelo se encuentra a poco más de 100 kilómetros de distancia, junto a una carretera que ofrece acceso directo al yacimiento de Vaca Muerta. Un flujo constante de furgonetas blancas y camiones pesados satura el camino. Añelo no siempre fue así. “Tenía unos 1.000 habitantes”, cuenta Cecilia Romero, profesora y vecina del lugar. “Empezó como una oficina de correos que más tarde se convirtió en un pueblo de ganaderos, principalmente de cabras. Eso cambió hace poco más de 15 años”, recuerda. “De los asados de cabrito y las fiestas rurales tradicionales, donde todo el mundo llevaba alpargatas, boinas y montaba a caballo, hemos pasado a una fila de camiones que no para en todo el día”. Calcula que ahora pasan por Añelo unas 50.000 personas al día. Al igual que en la capital provincial, Añelo cuenta con una meseta donde se asienta la población que llega para trabajar en la industria. A pesar de estar situados junto a uno de los yacimientos de gas más grandes del mundo, estos barrios solo tuvieron gas instalado hace unos meses, según contaron algunos residentes a este medio. Se encuentran, además, a menos de dos kilómetros de uno de los vertederos donde se procesan los residuos sólidos del fracking en Vaca Muerta. En estas instalaciones se encuentra una planta operada por Indarsa, una empresa controlada por el Grupo Urcera, uno de los consorcios empresariales más importantes de la provincia y que controla dos de los cinco vertederos de la zona, según registros del Centro de Investigación y Prevención del Delito Económico (CIPCE), a los que tuvo acceso este medio. En la zona se ven montañas de lodo tan altas como un edificio de cinco plantas en el mayor de estos emplazamientos. Los lodos se transforman en cenizas, que luego se depositan allí. Se ve, también, cómo rocían agua sobre los montículos para evitar que los fuertes vientos patagónicos esparzan el polvo por los barrios de la zona, pero esto no siempre da resultado. Los lodos transportados desde Comarsa, en Neuquén, también terminan en este emplazamiento. Algunos residentes están preocupados por su impacto en el suministro de agua. “Bebemos agua embotellada porque sabemos que el agua del río no es buena. Podría estar contaminada con productos químicos del petróleo”, afirma un vecino. Indarsa tampoco respondió a la solicitud de comentarios. Sin embargo, los residuos no son la principal preocupación para la mayoría de los residentes de Añelo. No ven que Vaca Muerta les aporte desarrollo ni puestos de trabajo. “Estamos luchando contra forasteros, formados para la industria petrolera. Somos gente de Neuquén que creció en el valle con ganado vacuno y caprino”, reflexiona un residente. “Así que tenés que adaptarte a una situación que te han impuesto”. Esteves reconoce que existe presión para resolver el problema de los residuos sólidos del fracking lo antes posible. Pronto se exigirá a las petroleras que traten sus residuos con métodos más modernos, afirma. La intención es que esto se haga en el propio lugar de extracción. La petrolera estatal YPF ya está desarrollando una planta de tratamiento de residuos a 17 kilómetros de Añelo. Para Esteves, Estados Unidos es un ejemplo de las oportunidades que se están perdiendo en Argentina. “Allí se está debatiendo el uso de las cenizas en la construcción de carreteras y autopistas”, dijo. Mientras tanto, en Argentina, la producción crece y las montañas de residuos siguen acumulándose.