“Mi padre fue catedrático de Ciencias Políticas en la Complutense, era discípulo de Tierno Galván y estuvo preso por el franquismo por sus ideas políticas”, dice risueño para hacer comprender que no procede de un entorno en el que uno esperaría encontrar a alguien como él. Carlos Bobillo (Madrid, 1987) llega a la sede de EL PAÍS directamente desde Burundi, después de un día entero viajando: “La primera vez, al volver, me preguntaba: ¿por qué merezco yo todo esto?”, explica con una voz suave, casi un susurro, que obliga al interlocutor a prestar mucha atención. Hace falta para comprender el salto de fe que llevó a este abogado y economista, con formación en escuelas de negocios internacionales y una exitosa carrera en el departamento de fusiones y adquisiciones de un prestigioso bufete de abogados, a abandonarlo todo para irse a Burundi y unirse a Hakuna. Pregunta. La primera vez que fue de misiones era ateo. ¿Qué pasó?Respuesta. Mi familia es laica y yo estudié en el Liceo Francés, que siempre ha sido un centro de libre pensamiento, de un perfil intelectual-progresista. Yo empecé a ir de misiones a Burundi en los veranos de la carrera, y ahí empecé a ver otro mundo. En mi caso era filantropía, o sea, ayudar, por así decirlo, y también la aventura. Cuando tienes 18 años, ir a África, o a donde sea, descubrir el mundo, es muy atractivo. Así empezó un proceso de conversión muy lento y finalmente hice mi primera comunión casi una década después, con 30 años. P. ¿Y puede usted localizar el momento exacto en el que dijo, vale, ahora creo en Dios?R. Mi padre, que estaba perfecto de salud, se muere en un viaje familiar, un 6 de enero, día de Reyes, por la mañana, de un infarto. Cuando le vamos a despertar por la mañana para darnos los regalos, nos lo encontramos muerto en la cama. En ese momento de desgarro tan grande, yo tuve una paz enorme, una sensación de: “No pasa nada, no te preocupes, ya está en el cielo, está muy bien”. No te diría que en ese momento concreto empecé a creer en Dios, pero sí que pensé: “Oye, pues esta paz que tengo, ¿de dónde viene?”.P. Así que ingresa en Hakuna en 2015.R. Más que ingresar, yo empecé a ir a de vez en cuando a las adoraciones que hace Hakuna, que se llaman horas santas, en Aravaca, sin creer en Dios ni en nada. La parroquia era un barracón. Y ahí había como 200 o 300 chavales, todos en silencio, con la Hostia, que se suponía que era Jesús, ahí en el medio. Y guitarras, y silencio, canciones, y silencio… P. ¿Se liga mucho?R. No me quedaría con ese titular de que es un Tinder católico. En Hakuna, y creo que en la Iglesia en general, se liga con mucha normalidad. Si en verano nos vamos 300 personas jóvenes de peregrinación a Grecia, pues es normal que algunos liguen, sobre todo cuando estás con gente que tiene unas inquietudes y unos valores afines a los tuyos. P. ¿Qué está pasando para que se unan tantos jóvenes, algo que no pasaba en los años noventa?R. Cada vez hay una ruptura mayor con el mundo y los jóvenes quieren vivir una vida distinta. Sé que suena muy raro, pero creo que el mundo es cada vez más materialista, cada vez más superficial, cada vez más centrado en el placer y lo inmediato. Y muchos jóvenes sienten en su interior una brecha muy grande con la sociedad de consumo, de las redes sociales y con esa vida anestesiada. P. ¿Se ha enfadado con algún amigo porque no le entendiese?R. Creo que no. A mí me parecen muy importantes las amistades y trato de cuidarlas, pero también es verdad que tenía amigos de otros mundos con los que ya no tengo mucho en común y cuesta mantener la amistad. Porque hay una ruptura también entre los planes que hacía antes, que ahora no me interesan lo más mínimo. P. Dígame uno que ya no le apetezca nadaR. Pues un plan de despedida de soltero o de salir por la noche a una discoteca, con copas, botellas, reservado, no sé qué. P. Ese ritual del que habla es más bien de una persona de clase alta. ¿Usted nota que todo el mundo en Hakuna es de una clase social favorecida o hay mezcla?R. Hakuna nace en un lugar concreto. Igual que Jesús empezó en Galilea, año cero. No estoy comparando, pero las cosas siempre tienen que empezar en algún sitio. Y en el caso de Hakuna es Aravaca, año 2013, Madrid. Empieza en la parroquia de San Josemaría con un grupo de jóvenes, muchos de ellos antiguos alumnos de colegios y universidades del Opus Dei o de ICADE. Ese es el origen. Ahora en las actividades de Hakuna pueden coincidir desde un banquero con un cocinero, uno de Cieza con uno del barrio de Salamanca.P. He leído las críticas que se le hacen desde dentro de la Iglesia a la forma de comunicar del fundador, Josepe, quien procedía del Opus, y a muchas letras de Hakuna por irreverentes.R. Josepe dice una frase que a mí me ha marcado mucho: “No perdáis ni un segundo de vuestra vida, ni una gota de vuestra saliva para defenderos de las críticas”. Siempre va a haber críticas. P. Lo que se dice es que en la teología que habéis creado es Dios el que sirve al hombre y no el hombre el que sirve a Dios. Es decir, que es un poco utilitarista.R. Yo creo que el problema de raíz viene cuando se coge una frase de un libro o un cartel de una hora santa descontextualizado. Por ejemplo, hay un libro de Josepe que se llama Santos de mierda, que es un titular que mucha gente, sin haberlo leído, solo por el titular, encuentra irreverente.P. Bueno, pero no es tan raro que se ofendan porque alguien diga “santos de mierda”, ¿no?R. Creo que esas críticas generalmente vienen de alguien que no ha vivido Hakuna realmente, y se queda con una foto, un titular o una frase suelta sacada de contexto. P. Lo que sí es cierto es que usan una terminología muy marketiniana, de escuela de negocios: “soul college”, “god stops”, “grow up”. ¿Lo siente así?R. Tampoco es que haya ningún plan de marketing detrás, es todo bastante natural, se les pone un nombre que ayude a conectar. El grupo de música, cuando se creó, podría haberse llamado Coro Pastoral de la Parroquia San Josemaría, que habría sido lo típico y está muy bien. Pero salió Hakuna de forma muy espontánea y sin pensarlo mucho y así se quedó. P. Una de vuestras expresiones, que también ha sido polémica, es “pringarse”. ¿Qué es ser un pringado en Hakuna?R. Ser pringado es una vocación, es decir, cuando yo siento que el Señor quizás me llama a seguirle a través de Hakuna. Entonces comienza un proceso en el que tú vas viendo si realmente es tu camino: empiezas a conocer más la espiritualidad, tienes un padrino con el que vas quedando y te va acompañando en el proceso, y después de un tiempo, si lo tienes claro, das un sí a esa llamada de Dios.P. ¿Y a qué tuvo que renunciar al hacerse “pringado”?R. Yo no lo vivo como una renuncia, sino al revés, como una afirmación muy grande. Es verdad que es difícil de entender lo de dejar el trabajo de superabogado para irte a plantar café a Burundi, o dejar una casa preciosa en Pozuelo para irte a vivir al Estudio [un edificio propio que es una especie de monasterio moderno] a una celda de 3x3. P. ¿Y su madre qué le dice?R. Al principio no lo entendía, claro: por qué dejas una vida en la que aparentemente tienes todo. Es verdad que es difícil de entender por qué dejas un supertrabajo para dedicarte a los demás, por qué dejas una supercasa para ti solo para vivir en un convento en Las Rozas con 50 desconocidos… P. ¿Cuál es el barrio de Madrid más pobre en el que ha estado? R. En la Cañada Real. Con Hakuna llevamos yendo desde el principio. P. ¿Y es más fácil Burundi o la Cañada?R. Es más fácil un país como Burundi porque es una vida con menos heridas espirituales, mucho más sencilla, mucho más alegre. P. ¿Se podría escuchar a Bad Bunny en una fiesta de Hakuna?R. Sí, si no es una adoración, claro que sí. Obviamente, si la canción es demasiado explícita, pues quizás no, pero las playlists son normales como en cualquier lado. En Hakuna se escucha de todo. P. ¿Y cómo se vive la cosa LGTBIQ+? R. Pues aquí la postura de Hakuna es la de la Iglesia, no es que seamos divergentes ni hacia un lado ni hacia el otro. El Papa Francisco insistió mucho en una frase que a mí personalmente me ayuda mucho: “En la Iglesia cabemos todos, todos, todos…”. Por supuesto que hay una apertura y una acogida; solo puede ser así.P. ¿Qué cree que pensaría su padre de su forma de vida?R. Buah, pues es un tema, porque claro, él no vivió nada de esto. Se sorprendería un montón, seguro, y quizás le costaría, pero yo creo que él solo querría verme feliz y haciendo el bien. Así que al final seguro que, como San Agustín, me diría algo tipo: “Ama y haz lo que quieras”.
Carlos Bobillo, ‘pringado’ de Hakuna: “Es difícil de entender lo de dejar el trabajo de superabogado, pero no es una renuncia”
Abandonó una exitosa carrera en un prestigioso bufete para “pringarse”, es decir, vivir dedicado en exclusividad a las misiones de Hakuna











