Henry Nowak, un inglés blanco de 18 años, repitió hasta nueve veces a la policía que no podía respirar mientras agonizaba tirado en el suelo. Las imágenes lo muestran suplicando: "Me han apuñalado". Pero los agentes no le dan credibilidad: "No lo creo, colega", ironiza uno de ellos, mientras le arrastra del brazo, le esposan y le recitan sus derechos como detenido. Minutos antes, la policía había recibido una llamada denunciando una agresión racista. Al llegar a la escena del crimen, Vikrum Digwa, de 21 años y de la comunidad sij, se presenta como la víctima ofreciendo una versión de los hechos respaldada por su hermano. Pero resulta que la víctima es en realidad un verdugo que había asestado varias puñaladas con su kirpan —la daga ceremonial que la ley británica permite portar a los fieles de esta religión india— a un joven que pasó sus últimos minutos de vida esposado en el suelo por un error de las autoridades. ¿La policía ha dejado de ser racista contra los negros para convertirse en racista contra los blancos? ¿Hay un supuesto sistema judicial de "dos niveles", como denuncia Elon Musk? ¿Los derechos y privilegios de la gente blanca pesan menos que los de las minorías étnicas? El asesinato de Nowak amenaza con convertirse en uno de los casos más explosivos en un Reino Unido cada vez más fracturado, donde la derecha radical de Nigel Farage, la misma que ha triunfado en las últimas elecciones locales y autonómicas enterrando al bipartidismo, está dispuesta a convertir la tragedia en munición política. El gobierno laborista y la oposición conservadora han desplegado una imagen de unidad poco común al cargar contra el líder populista, al que acusan de explotar políticamente el caso y alimentar la tensión social. El miércoles por la noche, los agentes heridos en las violentas protestas que sacuden las calles de Southampton y amenazan con extenderse por todo el país ascendían a once. Las manifestaciones fueron convocadas el martes por el agitador ultraderechista Tommy Robinson. Pero horas antes, fue el propio Farage quien pidió a sus seguidores una respuesta de "pura rabia fría" ante un caso que protagoniza el debate en Westminster. Farage calificó las imágenes como "una de las muestras más impactantes de discriminación" que ha visto y sostuvo que los agentes se preocuparon más por las acusaciones de racismo que por cómo se encontraba la víctima. "Esto debe marcar un punto de inflexión. Las vidas de los blancos también importan", declaró, usando el mismo nombre que el del movimiento "Black Lives Matter" (La vida de los negros importa), que se adoptó tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía. El asesinato de Nowak tuvo lugar el pasado mes de diciembre, pero no ha sido hasta ahora cuando ha tenido lugar el juicio y las imágenes policiales han salido a la luz, con permiso de la familia de la víctima. El agresor ha sido condenado a cadena perpetua con un mínimo de 21 años de prisión. Pero ni las disculpas de la policía ni los llamamientos a la calma de la familia de la víctima han logrado apaciguar los ánimos de una sociedad cada vez más dividida ante el auge del populismo. "Ha quedado claro para millones de personas en este país que vivimos bajo un régimen policial de doble rasero (…) Los agentes reciben instrucciones para tratar de modo diferente a diferentes grupos étnicos", reclamaba Farage este miércoles en la sesión semanal de control al Gobierno. "La rabia y las circunstancias de su muerte, la furia que se vio anoche [por el martes] en las calles de Southampton corre peligro de ir a más", recalcaba en la Cámara de los Comunes en una sesión especialmente tensa. "¡Condena la violencia! ¡Vergüenza! ¡Condena los disturbios!", le exigieron a gritos numerosos diputados. El primer ministro Keir Starmer ha tachado los ataques contra los agentes de "vergüenza y algo completamente inaceptable". El Gobierno ha ordenado la revisión del llamado Police Race Action Plan (Plan de Actuación Policial ante el Racismo), un plan de recomendaciones aprobado por las autoridades policiales británicas en 2024 —durante el último Gobierno conservador— que surgió precisamente al calor del movimiento Black Lives Matter y que reclamaba a los agentes no tratar del mismo modo situaciones que eran injustamente diferentes. El movimiento surgió tras la muerte del ciudadano negro George Floyd en Minneapolis en 2020. Sus gritos de "no puedo respirar", bajo la rodilla de un agente policial, suenan ahora como un eco en el asesinato de Nowak. En el Reino Unido, no obstante, lo que más se recuerda ahora es el caso de Stephen, un joven negro de 18 años, asesinado en 1993 en un ataque racista perpetrado por una banda de hombres blancos. El llamado Informe Macpherson concluyó después de que la policía había manejado el caso de forma institucionalmente racista, ya que la investigación no se había llevado a cabo con el mismo cuidado que un caso que involucrara a una persona blanca. Opinión TE PUEDE INTERESAR Sin ley, sin límite Antonio Navalón El pasado mes de abril, la Junta Independiente de Supervisión y Control —un organismo externo de vigilancia policial— concluyó que el plan de acción contra el racismo que prometía abordar las experiencias estigmatizantes y humillantes de las personas negras a manos de los agentes había fracasado debido a la falta de un liderazgo nacional claro. Según las estadísticas oficiales, los grupos raciales minoritarios del Reino Unido tienen muchas más probabilidades de sufrir abusos policiales o de acabar siendo detenidos, hasta cuatro veces más que los ciudadanos blancos, en procesos de arresto y registro. Con todo, Farage y sus seguidores llevan años extendiendo con éxito la idea incendiaria de que la policía británica utiliza un doble rasero para tratar a las minorías étnicas. Fue precisamente este planteamiento lo que desencadenó los violentos disturbios que se extendieron en verano de 2024 por todo el país tras el asesinato de tres niñas en Southport a manos de un joven de 17 años, hijo de inmigrantes. Los episodios generaron un debate en el que algunos —entre ellos el propio Elon Musk— acusaron al Ejecutivo de practicar una vigilancia policial de "dos niveles", tratando las protestas de los británicos blancos con más dureza que otras, como las manifestaciones de Black Lives Matter en 2020 o las marchas propalestinas más recientes. "La familia de Henry Nowak ha respondido de un modo digno. Pero yo sugiero que el resto de nosotros respondamos con pura y fría rabia. Todos los principios y valores de un país libre, por los que todos son iguales ante la ley, han sido arrojados a la basura", asegura ahora Farage con su habitual tono incendiario. "El Reino Unido sufre una cultura de doble rasero, en la que los derechos y los privilegios de la gente blanca pesan menos que los de las minorías étnicas", añade el líder populista. Tanto la Ley de Justicia Criminal de 1988 como la Ley de Armas Ofensivas de 2019 contemplan excepciones específicas para el kirpan. La daga de 21 centímetros es símbolo de fe, siempre que se utilice con fines religiosos y permanezca enfundada. Pero en el caso de Nowak fue empleada para quitarle la vida. La propia Federación Sij del Reino Unido se apresuró a condenar el crimen, recordando que el kirpan representa valores de protección y justicia y que cualquier uso violento anula automáticamente la protección legal asociada al símbolo religioso. Sin embargo, el caso ya ha trascendido los tribunales. La noche del ataque, el 3 de diciembre del año pasado, el hermano de Digwa —el agresor condenado— llamó al 999; en la grabación se oye al propio Digwa afirmando que había sido víctima de una agresión racista. Cuando la policía de Hampshire llegó al lugar, Vikrum Digwa, respaldado por el testimonio de su hermano, continuó ofreciendo una versión falsa de los hechos. Pero el juez William Mousley no ha tenido ahora dudas. Durante todo el proceso, desmontó una a una las versiones del acusado, al que definió como un mentiroso compulsivo. "Has arrastrado la vergüenza a tu familia, a tu comunidad y a tu religión", le espetó antes de dictar sentencia. No está claro, por el momento, si el hermano de Digwa fue un cómplice consciente o inconsciente de esas mentiras, pero, en cualquier caso, el hecho de que respaldara la versión de Digwa contribuyó a confundir aún más a la policía. Según las observaciones del juez, la policía de Hampshire fue engañada por Digwa y por su hermano, mientras que su padre, que también estaba presente tras el apuñalamiento de Nowak, no fue informado por Digwa de "lo que realmente había ocurrido". Lejos de las acusaciones de una supuesta conspiración institucional, las observaciones del juez apuntan a una explicación mucho más simple: los agentes llegaron a una escena confusa en la que dos personas ofrecían una versión aparentemente coherente de los hechos frente a una tercera que decía la verdad. Posteriormente, la policía logró condenar tanto al asesino como a su madre por ayudar a encubrir el crimen, entre otras cosas porque confiscó el teléfono móvil de Digwa, que contenía pruebas clave. Además, el cuerpo policial realizó un trabajo eficaz para reunir más pruebas incriminatorias. Digwa, su hermano y su padre han sido acusados de varios delitos relacionados con armas, y esos procedimientos judiciales continuarán en julio. La Oficina Independiente para la Conducta Policial (IOPC) deberá determinar si hubo errores disciplinarios o de procedimiento, pero por ahora no existe ninguna prueba de que los agentes actuaran movidos por consideraciones raciales.