Esta trágica historia es en cierto modo como el caso de George Floyd en Minnesota en el 2020, pero a la inversa: la policía ignora los gritos de un joven blanco que dice que no puede respirar y le pone las esposas a pesar de haber sido acuchillado y yacer impotente en el suelo, mientras el asesino (que es de origen sij y al que cree) lo acusa de un ataque racista. Para cuando los agentes dan crédito a sus palabras, le examinan el cuerpo y se dan cuenta de que efectivamente tiene cinco navajazos, ya es demasiado tarde.Hay que tener en cuenta el trasfondo, los hechos, las reacciones y las consecuencias políticas. El contexto son los diversos informes que hablan de un racismo institucionalizado en la policía británica, y la reciente normativa -como respuesta, y en el marco de las leyes de inclusión y diversidad- que conmina a los distintos cuerpos policiales del país a tratar a los sospechosos de manera diferente según su raza y grupo étnico. Un contrapeso a diversos incidentes, el más dramático de los cuales fue el asesinato del adolescente negro Stephen Lawrence en el sur de Londres en 1993 por un grupo de blancos de ultraderecha a quienes las autoridades trataron con guante blanco.Los hechos puros y duros son que Henry Nowak, de 18 años, estudiante en la universidad de Southampton y según todos los relatos un buen chico, regresaba a las once de la noche a su casa después de una salida con sus compañeros del equipo de fútbol cuando tuvo la mala fortuna de que su camino se cruzara con el de Vickrum Digwa, un sij cinco años mayor que él, vestido con el tradicional turbante y los cuchillos ceremoniales que la ley autoriza llevar a los de esa comunidad, que le clavó cinco veces una navaja en diversas partes del cuerpo.La familia del asesino, que vivía al lado, oyó la conmoción y se presentó en el escenario del crimen, y entre todos vendieron a los uniformados la historia de que había sido objeto de un ataque racista por parte del blanco que gemía caído en el suelo diciendo que no podía respirar, al tiempo que la madre se llevaba el arma homicida. Los policías se tragaron el cuento hasta el punto de ignorar las demandas de auxilio de la auténtica víctima.La aparición de un nuevo partido a la derecha de Nigel Farage ha radicalizado más el tablero político“He sido acuchillado”, se oye que dice Nowak hasta once veces en la grabación que se ha difundido ahora, al concluir el juicio (los sucesos ocurrieron hace un año); “no parece que sea cierto, colega”, le responde el policía que le pone las esposas en el suelo mientras se está desangrando; “quizás deberíamos echarle un vistazo a ver si es verdad”, interviene otra agente al cabo de casi tres minutos, sin que nadie hubiera llamado a una ambulancia. Poco después el chaval estaba muerto.Las consecuencias, tras pronunciar el juez una sentencia contra el asesino de cadena perpetua (de la que tendrá que cumplir un mínimo de 21 años) es que grupos de ultraderecha se pelearon con la policía de Southampton el martes por la noche, arrojando todo tipo de objetos, con un saldo de once heridos y considerables destrozos, entre ellos los coches de vecinos del barrio que no tenían nada que ver con el asunto.En cuanto a las reacciones, dependen como siempre del color de los partidos políticos. Nigel Farage (ultraderecha) ha dicho que “las vidas blancas también importan” y que “la respuesta debería ser la furia” (como la que han demostrado los manifestantes de Southampton); el primer ministro Keir Starmer le ha acusado de atizar el fuego, fomentando la división y el odio; y la conservadora Kemi Badenoch (igual que muchos comentaristas) ha denunciado el absurdo de unas normas de comportamiento policial que, en vez de exigir que todo el mundo sea tratado igual y nadie sea discriminado, alientan a que sus agentes actúen de manera diferente según la raza y grupo étnico de los sospechosos.Una interpretación de lo ocurrido es que los policías se encontraron con el cuerpo de una persona tendida en el suelo en el que no vio la sangre por la ropa oscura que llevaba, y varias (el homicida y sus familiares) que decían que era el agresor, y creyeron a la mayoría (aunque desde luego deberían haber comprobado si tenía heridas o no). Otra que es que los agentes tenían pánico a ser acusados de racismo (una denuncia que fácilmente puede acabar con sus carreras), y decantaron el beneficio de la duda del lado del joven de origen sij que llevaba el turbante en vez del lado del chico blanco que era la auténtica víctima, y pagó el error con su vida.Once heridos ha sido el balance de una noche de altercados entre ultras y la policía de SouthamptonA todo esto, la aparición de un nuevo partido de ultraderecha (Restore UK) apoyado por el magnate sudafricano Elon Musk, aún más radical que el de Farage y que propugna la deportación de millones de británicos no blancos aunque hayan nacido en el Reino Unido, está teniendo el efecto de radicalizar aún más el tablero político. Pasarán cosas, pero el desafortunado Henry Nowak ya no las podrá ver, y a su familia no le queda otra cosa que llorar.Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.
La ultraderecha británica explota un error policial en la muerte de un joven
Los agentes ignoraron los gritos de auxilio de un chico que había sido acuchillado










