Bajad las armasA lo largo de estos a�os han sido incontables las ocasiones en las que parec�a que el tinglado se ven�a irremediablemente abajoEl l�der del PP, Alberto N��ez Feij�o.EFEActualizado Mi�rcoles,

junio

23:15A poca celebridad que haya ganado un periodista espa�ol, hace tiempo que su vida consiste en responder a ciudadanos espont�neos que lo paran por la calle para preguntarle cu�nto tiempo le queda a Pedro S�nchez. En el supermercado, en el gimnasio, en el aeropuerto, en la cola del cajero, en el desenfadado banquete de una primera comuni�n uno sabe que alguien se presentar� de improviso, le tocar� el hombro y volcar� toda su ansiedad antisanchista sobre ese rostro o esa voz que le suena de algo, aunque no sepa exactamente de qu�. Solo saben que nosotros sabemos, o eso creen, y desean ardientemente que usemos nuestro saber futurol�gico para acortarles el horizonte de su angustia.Como el sanchismo no ha sido otra cosa que la cronificaci�n de la inestabilidad en beneficio de un arribista, r�o revuelto para ganancia de un �nico pescador, a lo largo de estos a�os han sido incontables las ocasiones en las que parec�a que el tinglado se ven�a irremediablemente abajo. Poco despu�s descubr�amos que ese pron�stico de derrumbe lo se�alizaba el humo que preced�a a un incendio a�n mayor. Este abuso gradual de nuestra paciencia, esta incisiva exploraci�n del umbral del dolor institucional, esta concatenaci�n ascendente de bochornos es la nota definitoria del r�gimen h�brido bajo el que a�n vivimos, una ex�tica mezcla de democracia europea y autocracia tropical. As� que los periodistas hemos aprendido a no hacer pron�sticos que puedan esperanzar irresponsablemente a los desamparados contribuyentes que nos abordan.Pero ojo, yo ya no prescribo estoicismo sino placer. Lo que ahora les digo a mis interceptores callejeros es que se olviden de la meta y disfruten del camino. Que dejen de fantasear con mociones de censura y adelantos electorales. Que se sienten en su porche al atardecer, mientras el oro fundido del crep�sculo gotea sobre el manual de resistencia hasta calcinar la �ltima de sus p�ginas infames y que gocen del oper�stico espect�culo. Pedro eligi� la senda atroz de la agon�a lenta: conced�dsela, peperos. Quietos ah�.En feliz aforismo de Lichtenberg citado por Trapiello, el Gobierno de Espa�a es hoy un cuchillo sin hoja al que le falta el mango. Una voluntad de da�ar ya mellada, una obstinaci�n de poder que se evapora despacio, una nube t�xica que ahoga primero a quienes la emiten. Amigo antisanchista: no tengas prisa por llegar a �taca. Mira a tu alrededor. Estamos viviendo una odisea.