El nombre de Emilio Silva está estrechamente ligado a la lucha por el reconocimiento de las víctimas del franquismo. Tras conseguir reconstruir los últimos momentos de vida de su abuelo antes de ser fusilado durante la Guerra Civil, fue el impulsor de la primera exhumación científica realizada en España. En ella se encontraron los restos de los Trece de Priaranza, los primeros de cientos de cuerpos asesinados por el bando franquista identificados gracias a las pruebas de ADN.PublicidadDesde ese mismo momento, decenas de familiares se acercaron a él y al resto de voluntarios en busca de ayuda. Ese fue el primer impulso para un movimiento memorialista en España que no ha parado de crecer en estos casi treinta años. Desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) han conseguido abrir más de doscientas fosas, logrando que cientos de víctimas hayan podido ser identificadas y devueltas a sus hijos y nietos.Toda esa labor es la que Público ha querido poner en valor con el Premio 2026 a la Memoria. "Cuando hicimos esa exhumación, que fue la primera con métodos científicos hecha en España, no sabíamos que estábamos rompiendo, además de esa cuneta, un gran silencio en torno a las miles de personas que hay desaparecidas por todo el Estado", rememora Silva.Pregunta. Hay una fecha que marca un antes y un después en tu vida, que es cuando exhuman los restos de tu abuelo, fusilado durante la Guerra Civil, ¿Cómo lo recuerdas?Respuesta. En ese momento yo era alguien que inocentemente estaba tratando de solucionar un problema familiar, que era que mi abuelo estaba desaparecido en una cuneta. Mi abuela había muerto dos años y medio antes. Yo encontré por casualidad ese sitio buscando información sobre otra cosa. O sea, todo fue como si me estuviera esperando. Cuando hicimos esa exhumación, que fue la primera con métodos científicos hecha en España, no sabíamos que estábamos rompiendo, además de esa cuneta, un gran silencio en torno a las miles de personas que hay desaparecidas por todo el Estado.Los tres fines de semana en los que se realizó la exhumación venían arqueólogos y médicos de distintas provincias en su tiempo libre, y lo que pasó es que se acercó gente a pedir ayuda, sobre todo mujeres. Recuerdo a Isabel González, que tenía 83 años, de Palacios de Sin, un pueblo de León, que buscaba a su hermano Eduardo. A Aníbal Arroyo, que buscaba a su abuelo. Vino mucha gente y ahí es cuando algo personal se convirtió en colectivo y político.PublicidadEn esa fosa que exhumamos, además de conseguir identificar a mi abuelo y enterrarlo con mi abuela, estábamos agrietando un silencio parlamentario, cultural y académico con este tema. Después de la muerte de Franco, había familias que habían buscando desaparecidos, pero el golpe de Estado del 81 fue como un portazo para la gente que empezaba a hablar y podemos decir que tuvo que llegar otra generación para empezar a buscar otra vez a esos desaparecidos.El arqueólogo que dirigió la operación, Julio Vidal, empezó a mover con un pincel la tierra y apareció una bota. Para mí fue impresionante ver ese objeto. Pensé en mi abuelaEn nuestro caso, teníamos un testigo, Francisco Cubero, que había enterrado los cuerpos 64 años, con 16 años. La Falange le obligó a él y a dos amigos a enterrar 14 cadáveres en una cuneta porque eran simpatizantes de la Juventud Socialista Unificada, que era la unión entre las Juventudes del PSOE y del PCE. Tardaron tres días en aparecer. Parecía que la carrera, que se había ensanchado, se había llevado los restos. Pero, entonces, el operador de la excavadora dijo "aquí hay algo". Ahí aprendí una cosa, que es que cuando remueves tierra tarda entre 120 y 150 años en volver a estar compacta. En un momento dado él notó que la pala entraba con más facilidad. Es una cosa brutal, después de 64 años, la tierra tiene su propia memoria.PublicidadEntonces el arqueólogo que dirigió la operación, Julio Vidal, empezó a mover con un pincel la tierra y apareció una bota. Para mí fue impresionante ver ese objeto humano. Pensé en mi abuela. Lo primero que pensé fue en mi abuela que pasó toda su vida siendo viuda de mi abuelo, arrasada por esa violencia, sin poder reconstruir su vida porque, bueno, con los 32 años que tenía y seis hijos, se quedó sin nada. Tuvo que salir adelante en un país gobernado por los asesinos de mi abuelo y, entonces, es en ella en la primera persona que pensé.P. ¿Se acostumbra uno a ese momento en el que se abre una fosa y se localizan los cuerpos?R. No. Primero, porque cada historia es distinta. Ahora yo ya tengo cierta experiencia porque he estado en bastantes exhumaciones, pero digamos que una fosa es como una boca, es una conversación. Habla la tierra y habla la gente. En todos los pueblos aparecen vecinos que saben más cosas y no deja de ser impresionante.En Jaén hay un forense que trabaja los fines de semana para acumular días y poder venirse como voluntario a ayudarnos. Hay mineros prejubilados que son los que taladran el cemento cuando vamos a un sitio. Hay todo un universo muy potente de personas que se ha sentido interpeladasPara mí, esta pelea por la memoria y por la justicia para las víctimas de la dictadura, y por el honor que merecen las personas que construyeron el primer período democrático de nuestra historia, es una cosa muy emocional. De hecho, este premio yo lo recojo en representación de mucha gente. Por ejemplo, en Jaén hay un agente forense que trabaja los fines de semana para acumular días y poder venirse como voluntario a ayudarnos. Hay mineros prejubilados que son los que taladran el cemento cuando vamos a un sitio, igual en la esquina de un cementerio que ha sido cubierta. O sea, hay todo un universo muy potente detrás de personas que se ha sentido interpeladas por esto.Como sociedad, no hemos llegado a dar un lugar a esta gente a la que se ha tratado injustamente. Esto sigue siendo una lucha contra una gran injusticia y en cada fosa que se abre, esa injusticia está presente porque se está haciendo en el siglo XXI, porque faltan familiares que tenían que haber vivido eso y que se han muerto, ya recuperada la democracia, sin haber recibido ayuda, sin haber recibido reparación, sin haber visto juzgar a los culpables. Entonces siempre es un gran acto de justicia abrir una fosa. P. Como señalabas, hay familiares que han acabado falleciendo sin encontrar o sin poder recuperar los restos de sus padres o abuelos, ¿con qué barreras habéis enfrentado en estos años? R. La gran barrera es que el Estado no ha creado una institución que atienda a esas familias. No existe y debería de estar en todas las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno para que un familiar vaya allí, sea atendido por el Estado y que el Estado investigue y busque, que tiene muchas herramientas.PublicidadEn general, no hemos tenido muchos obstáculos, más allá de un problema de recursos. Hasta el año 2012 éramos 60 socios y conseguimos hacer decenas de exhumaciones. Dormíamos 25 personas en el salón de una casa de un pueblo, que nos dejaban, comiendo macarrones con tomate y huevos a la cubana, pero, aun así, hemos hecho muchísimas cosas sin casi recursos. Ahora tenemos más socios y más capacidad, y, en general, cuando hemos ido a pedir un permiso al dueño de una finca privada o a un ayuntamiento, no hemos tenido problema.En el caso de mi abuelo, una de mis hermanas y yo fuimos a ministerios, al Gobierno de Castilla y León, a la Diputación… Y pensábamos que iba a ser una cosa súper compleja y no lo fue. Ahora mismo necesitas un permiso sanitario del ayuntamiento –una competencia que muchos desconocen–, el permiso del dueño del suelo y notificarlo a la comunidad autónoma.En general, no hemos tenido mucha oposición. Hace unos años en Villargordo del Páramo, en León, un alcalde del PP estuvo mareando a los familiares durante meses y, cuando ya teníamos todo para ir a hacer la exhumación, se inventó un referéndum en el que ganó el no. Fue una cosa grotesca y vergonzosa. Un político en una democracia tiene que tener un mínimo de empatía y respeto a los derechos humanos. Si va un señor de 88 años –en este caso Rufino, hijo de uno de los asesinados– alguien que se dedica al servicio público le tiene que ayudar sí o sí, no hay discusión, estamos hablando de dar una sepultura digna a un ser humano. Eso no se puede discutir en una sociedad.PublicidadEl próximo viernes entregaremos los restos de cuatro desaparecidos de un pueblo de León, en Mansilla de las Mulas. Uno había sido concejal del Ayuntamiento de León y el alcalde de la ciudad nos iba a dejar el salón de plenos para hacer la entrega a la familia. De repente, no sabemos por qué, dijo que no, después de que lo propuso él. Pero como no hay mal que por bien no venga, el acto se hará en el Parador de San Marcos, que fue un campo de concentración, y es el lugar donde fueron detenidos ilegalmente por Falange. Hemos conseguido entrar en un sitio simbólicamente muy potente.Pero, para mí, el verdadero problema en España es que es el único país del mundo en el que se busca a desaparecidos con subvenciones, y es una decisión política, como es una decisión política que el Gobierno haya mandado forenses a Ucrania, a 4.000 km y no los mande a 400. No hace falta discutir en el Parlamento, ni hacer una ley, a veces es tan fácil como que un ministro diga "ahora los forenses o la Policía puede investigar las fosas y ayudar a la gente, que es la que paga sus sueldos con sus impuestos" y eso todavía no existe. Este es el principal obstáculo.Es una decisión política que el Gobierno haya mandado forenses a Ucrania, a 4.000 km y no los mande a 400kmP. ¿Ha facilitado estos trabajos la creación de la Secretaría de Estado para la Memoria? ¿Cómo ha sido la relación con el Gobierno?R. Todo suma, pero tanto Amnistía Internacional como nosotros lo que pedíamos es la creación de una institución que abra sus puertas en todas las capitales de provincia y atienda a las víctimas. Por otra parte, la ley de Memoria del año 2022, por ejemplo, podría haber derogado la ley de Amnistía y no se hizo, así que ahora vamos a un juzgado y, en base a esa ley, se nos niega abrir investigaciones penales. Entonces, lo cierto es que, en cincuenta años, no ha habido voluntad política de acabar con los acuerdos de la Transición, que en ese momento fueron impuestos por las élites del franquismo y aceptados por los sectores de la izquierda. Cincuenta años después, con todo lo que sabemos y hemos vivido y hemos aprendido de una democracia, tendría que haberse roto ese dique.Entonces, bueno, siempre se dice que la mejor política de memoria se hace en los juzgados y en las escuelas, pero son dos sitios donde sigue siendo difícil llegar. De hecho, nosotros, después de poner 70 u 80 denuncias en juzgados de provincia donde ni siquiera nos contestaban, acabamos presentando la primera querella en Argentina para intentar que se aplicara el principio jurisdiccional universal. Fue con el caso de Darío Rivas, el hijo de un alcalde republicano de Castro de Rey, en Lugo. Creíamos que si España había juzgado las dictaduras de Chile, Argentina, Guatemala…. Incluso España había detenido a Pinochet. Pues, entonces, podría pasar al contrario y que alguien nos dijera "voy a juzgar los crímenes de tu dictadura". Pensábamos que se encontraría cierta colaboración, pero no ha sido así.PublicidadOtro problema de la Secretaría de Estado es que se ha decidido crear una institución que no va a sobrevivir al Gobierno. Este Gobierno debería haber creado algo que le superara en el tiempo. No sé cuánto tiempo durará, pero el día que no esté y venga la derecha, todo va a desaparecer. Cuando un Gobierno cambia de ideología en España no está en disputada, por ejemplo, la reparación de las víctimas del terrorismo, porque ellas tienen una dirección que las atiende, las cuida y las indemniza. ¿Por qué para las víctimas del franquismo no se ha hecho lo mismo? Se podría haber ideado una institución, anclada a un lugar, que no dependa de los resultados de las elecciones. Estamos hablando de derechos humanos y estos derechos pertenecen a las personas indistintamente de la configuración del parlamento. Aquí todo depende del parlamento y para mí es lo más triste.P. Nombrabas el cambio de Gobierno, pero, incluso ahora, lo que estamos viendo es un bloqueo de parte de las políticas de memoria en las propias autonomías. Lo vemos, por ejemplo en Madrid, con el edificio de la Presidencia de la Comunidad. ¿Es posible avanzar en las tareas de reparación e identificación con una parte de la población en contra?R. No sé si una parte está en contra de avanzar en las tareas de reparación e identificación. En cualquier caso, son derechos humanos, lo que piense la población es indiferente, aunque no creo que estén en contra. En 2006 el CIS hizo el primer gran estudio sobre memoria y se concluyó que a un 70% de la población le parece bien que el Estado busque a los desaparecidos. O sea que ahí no está la discusión, sobre todo porque todo el mundo tiene seres queridos y nadie quiere que se les entierre en una cuneta cuando mueren. Creo que esto está fuera del debate político.PublicidadEl problema no está en las exhumaciones. Incluso en Castilla y León, con Gallardo de vicepresidente, se siguieron subvencionando. Pero, a la vez declararon bien de interés cultural la pirámide de los soldados fascistas italianos en VillarcayoLa parte que está en bronca es la más política y simbólica, como sucede con el edificio de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Tiene tres placas en su fachada, una de los atentados de 2004, que no sucedieron allí; otra de los muertos en soledad por COVID, que algunos murieron por un protocolo que se firmó allí, pero no murieron allí; y otra de la guerra de la independencia de 1880, que sí tuvo ahí un punto de relación. Pero el gran acontecimiento contemporáneo que sucedió en ese lugar fue el centro de torturas de la dictadura. Es una vergüenza que una presidenta de un gobierno autonómico, que no para decir "libertad", la pronuncie vacía de significado, porque, si lo sintiera de verdad, ella debería ser la primera en pedir esa placa por quienes lucharon por ella.El problema no está en las exhumaciones. Incluso en Castilla y León, con Gallardo de vicepresidente, se siguieron subvencionando. Pero, a la vez que hacían esto, declararon bien de interés cultural la pirámide de los soldados fascistas italianos en el norte de Burgos, en Villarcayo. Ellos lo que quieren es que este proceso que se ha abierto con la memoria de cuestionar espacios públicos, se congele y decir "todos luchaban por su idea de España, vamos a dejar las placas de los caídos por Dios. Los vestigios del franquismo vamos a conservarlos". Buscan crear una especie de indistinción entre fascismo y antifascismo. Está pasando en Santa Cruz de Tenerife, con un monumento a Franco, y también con el Arco de la Victoria de Madrid, que es ilegal desde 2007, con la primera ley de Memoria.Todos estos monumentos que están hechos para humillar a las víctimas habría que volarlos inmediatamente. Si alguien quisiera hacer un monumento en la Península al éxito de un atentado terrorista, no es solo la difusión política que tendría, es que estaría ante un juez. Por eso, nosotros también peleamos por acabar con la discriminación entre víctimas de distintas violencias. Las víctimas del terrorismo han tenido todos sus derechos y las del franquismo no han tenido prácticamente ninguno. No se las ha indemnizado, nadie ha juzgado ni condenado a nadie en los libros de texto. Lo que está escrito, es la historia de quienes les convirtieron en víctimas.PublicidadP. Has sido bastante crítico con el concepto de la Transición y con cómo se ha explicado este periodo histórico, ¿por qué deberíamos de revisarlo?P. Al final, la memoria tiene que ver con hechos físicos, porque vamos a buscar a una persona, la identificamos, la entierra la familia… Pero luego hay todo un debate sobre el significado del pasado, por eso molesta tanto. En el fondo lo que estamos discutiendo es el pasado. A nosotros nos acusan de querer ganar una guerra que perdimos. De hecho, a mí en redes me insultan muchas veces llamándome subcampeón, como si hubiera perdido en el 36. Lo único que podemos hacer con el pasado, lo único, es cambiar su significado, y en eso estamos.Mi abuela nació en 1904 votó en unas elecciones generales en 1933, volvió a votar en unas elecciones generales en 1936 y tuvo que esperar hasta 1977 para votar en otras elecciones generales. La pregunta es cuándo hizo ella la transición a la democracia. La hizo en los años 30. El problema de la palabra "transición" es que se ha utilizado para esconder lo que claramente era una recuperación de la democracia. Si nosotros le contamos a la sociedad española que la primera vez que ha vivido una democracia fue en los 70, estamos haciendo una cosa terrible. Por un lado, le estamos dando al emérito el protagonismo de que hemos conocido la democracia como sociedad cuando él se puso la corona en la cabeza y, por otro, le estamos diciendo a esa sociedad que el golpe de Franco fue contra otra cosa muy caótica que no era una democracia.La palabra "transición" ha sido el gran instrumento político para pisotear la historia de la Segunda República, que es la historia de quienes están en las fosas comunesLa palabra "Transición" ha sido el gran instrumento político para pisotear la historia de la Segunda República, que es la historia de quienes están en las fosas comunes. Este país debería saber que el 19 de noviembre de 1933, por primera vez, los hombres y las mujeres mayores de edad votaron en unas generales. Y esto es historia. Y luego cada uno que piense lo que quiera. Pero, el problema, es que en la Transición se quiso poner la historia de la República al servicio de las élites de la dictadura, y eso también hay que romperlo.P: Para terminar, ¿Qué ha conseguido la asociación en estos años y qué queda por hacer?Se han conseguido muchas cosas. Primero, ha habido mucha gente que ha sido encontrada. Hemos contado con más de mil voluntarios de más de 20 nacionalidades. Ha venido gente desde Nueva Zelanda o Japón. Ha sido impresionante. Además, hay cosas que ocurrían antes que hoy serían impensables. En 2004, Gallardón se cargó más de mil nichos del cementerio de la Almudena. Eran nichos que el Gobierno de la República había entregado a familias republicanas para gente que murió defendiendo esta ciudad. Lo intentamos parar, pero no pudimos. Si fuera hoy, eso sería casi imposible.PublicidadEn los últimos años hemos ido a muchos institutos y esta era para nosotros desde el primer momento una de las prioridadesHay gente que ha perdido el miedo, porque en España hay mucho miedo. Hay, y lo digo en presente. El nivel freático del miedo en España es rascar un poco en la vida política de la gente normal y corriente. El miedo está muy cerca de la superficie. Cuando abrimos la fosa de mi abuelo, que estaba en un pueblo de unos 40 habitantes, a mi padre le llamó una tía porque se estaba comentando que nos había ayudado Felipe González. Ellos entendían que haber podido sacar a mi abuelo de la cuneta sin que hubiera pasado nada era casi mágico. Para su mentalidad del 2000 aquello tendría que haber tenido malas consecuencias.Hace 20 años íbamos a un pueblo, entraban los arqueólogos al bar y había cierta tensión. Pero ha habido una normalización y un aprendizaje. En aquella época, hacíamos cualquier propuesta de ir a las escuelas y nos acusaban de querer adoctrinar. En los últimos años hemos ido a muchos institutos y esta era para nosotros desde el primer momento una de las prioridades. En 2004 ya lo dejamos claro en la única reunión que hemos tenido hasta ahora con representantes del Gobierno, donde hablamos de desaparecidos y de la enseñanza. El mejor homenaje que se puede hacer a quienes construyeron el primer período democrático es que su historia quede registrada en un libro de texto. Esa ha sido siempre, desde el principio, una de nuestras luchas.