El estudio de su microbioma descubre hongos adaptados al frío que se han activado que comprometen el estado de la momia
Recuperado de entre el hielo de un glaciar de los Alpes a finales del siglo pasado, de Ötzi se sabía casi todo. Que tenía unos 45 años cuando fue asesinado por la espalda hace unos 5.300 años. Un profundo estudio genético desveló hace tres años que, además de calvo, era de tez oscura, y que provenía probablemente de la lejana Anatolia. Se sabe incluso lo que comió poco antes de que lo mataran de un flechazo. Ahora, una nueva investigación identifica la vida microscópica que llevaba dentro. El trabajo, publicado en la revista especializada Microbiome, muestra que sus bacterias eran muy diferentes a las de los humanos de las sociedades modernas. También han descubierto que una serie de hongos adaptados al frío se han despertado miles de años después y podrían comprometer el futuro de la momia.
“Hemos identificado bacterias intestinales ancestrales conservadas en Ötzi que son extremadamente raras en personas que viven estilos de vida modernos e industrializados, aunque aún se pueden encontrar en personas con estilos de vida tradicionales y no industrializados”, cuenta Frank Maixner, director del Instituto de Estudios de Momias en la institución Eurac Research (Bolzano, Italia) y autor senior de la investigación. “Estos microbios nos brindan una imagen única y valiosa de cómo era el intestino humano en la Edad del Cobre, antes de que la industrialización transformara nuestra microbiota”, añade Maixner en un correo.










