Javier Aguirre lanzó en noviembre una reprimenda directa a una generación de futbolistas que veían como un calvario enfundarse el uniforme de la selección mexicana. “Es claro que hay jugadores que pueden y quieren, pero otros no pueden, no les alcanza”, dijo en otoño. En ese momento, las dudas eran masivas para un seleccionador que se veía desgastado porque su estilo dicharachero y franco hacía sintonía con sus pupilos. Tuvo que echar mano de un plan para unir a sus jugadores, mimar su autoestima y quitarles presión.Aguirre le propuso a los 17 dueños del fútbol mexicano que para hacer un Mundial distinto, uno que pudiese quedar en los almanaques de la historia como uno de los mejores, debían creer en un proyecto. Primero la confianza, segundo el plan de acción, que consistía en hacer una concentración de más de 36 días antes de la Copa del Mundo, algo que otras selecciones no harían porque el calendario de sus propios campeonatos locales y en el extranjero impedirían tener a los jugadores. El seleccionador sabía que tener a los jugadores más tiempo de lo usual le ayudaría a que sus jugadores tuvieran un sentido de pertenencia, que valoraran el momento que vivían (jugar una Copa del Mundo en casa, tanto en México como en Estados Unidos). Los dueños no estaban muy de acuerdo porque supondría que perderían a los seleccionados durante la liguilla de la Liga MX y de las finales de la Copa de la Concacaf. Afectó duro a equipos como Chivas (con cinco seleccionados), Toluca (con dos), Pumas y Cruz Azul, clubes que jugaron la final y que cada uno tenía una baja sensible. Antes de que iniciara el campamento, el 6 de mayo, el Toluca no quería ceder sus jugadores conforme al plan, sino un par de días después. Eso incendió al patrón del Guadalajara, Amaury Vergara. La tensión llevó a Aguirre, más molesto que nada, a dar un ultimátum para que fueran todos o se quedaban sin Mundial. Horas de tensión después, tuvo a sus jugadores para la cena. “Este es un proyecto, no es un capricho, es un proyecto para buscar hacer un gran Mundial”, dijo en marzo.La mejor participación de la selección mexicana en un Mundial fue en 1986. El equipo llegó a los cuartos de final, en la antesala de las semifinales. Ese ha sido el listón máximo. En esa generación estaba un genio absoluto, Hugo Sánchez, aunque no era tan bien recibido en la selección porque él esperaba que le dieran la capitanía del equipo y, según han contado los jugadores de esa selección, Hugol les pedía jugar como en el Real Madrid. Antes de eso, los jugadores pasaron más de tres meses concentrados bajo las órdenes del serbio Bora Milutinovic. Aguirre fue parte de esa selección y de ahí tomó la idea de que una preparación inusual traería consigo resultados inusuales. “No tengo mejor experiencia que el Mundial en mi casa”, contó Aguirre hace algunos días.“Cuando vi el rol, el calendario, los partidos en casa, dije: ‘Está de pechito para no dejarla ir’. Eso le estoy diciendo a mis jugadores, jugar en casa no tiene precio”, contó Aguirre en el podcast de Cuauhtémoc Blanco, su antiguo aprendiz. De los 26 jugadores convocados, 14 de ellos jugarán por primera vez el Mundial, por eso el seleccionador ha intentado mimarles con la visita de exjugadores del 86 como Fernando Quirarte o Miguel España, para darles un consejo, o incluso un breve encuentro con el ídolo del boxeo, Julio César Chávez. Además, en el grupo está Guillermo Ochoa, quien está inscrito para su sexta Copa del Mundo y que ahora tiene el rol de ser el consejero del vestidor más que como jugador de campo. En otra oficina está Rafael Márquez, el exjugador del Barça, que apoya a la táctica y a lo motivacional. La Federación Mexicana de Fútbol, además, recontrató en 2025 al español Imanol Ibarrondo, el afamado terapista mental del fútbol.El pasado martes, la selección visitó el Museo Nacional de Antropología para hacerse la fotografía oficial, en un acto en el que pudieron reunirse todos los jugadores porque los que militaban en ligas extranjeras llegaron poco después, algunos aún con dudas de su rendimiento como Santiago Giménez o César Huerta. Si hace un año, Aguirre veía con demasiada preocupación la evolución de su equipo, ahora la euforia mundialista le hace tener fe. ¿De qué? De que, por lo menos, ha hecho comunión en el grupo de una generación nueva. El debut es en ocho días.
Un largo campamento y mentores heroicos: el plan de Javier Aguirre para un Mundial memorable para México
El estratega ha preparado el torneo de forma inusual con 36 días de concentración pese a las críticas















