Te despiertas por la mañana y, al levantarte, notas un dolor en el talón del pie. Pero sientes que una vez empiezas a moverte, el dolor disminuye y estás mejor. Sin embargo, vuelve después de descansar o tras largos periodos de esfuerzo físico o ejercicio. Crees que desaparecerá, porque puede mejorar durante el día. Pero vuelve al día siguiente.
En España, se calcula que alrededor del 10% de las personas sufrirá en algún momento de su vida fascitis plantar, cuya incidencia aumenta con la edad, sobre todo entre los 40 y los 60 años, según datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos de España (CGCOP). Hablamos de una dolencia que es la causa “más frecuente de dolor de talón, provocada por microlesiones repetidas en la fascia plantar, la banda que va del talón a los dedos”, explica Jordi Mata, podólogo, que reconoce que hoy se entiende “más como una fasciopatía, un proceso degenerativo por sobrecarga, que como una inflamación aguda”.
Un término, por tanto, que se ajustaría mejor a lo que hoy se conoce de la afección, concretamente la degeneración de la fascia, en lugar de una inflamación.
Fascitis plantar, cuando el primer paso de la mañana duele
Antes de adentrarnos en por qué duele el talón es importante saber qué es la fascia. Este tejido conectivo fibroso, largo y delgado, está justo debajo de la parte inferior del pie, que conecta el talón a la parte delantera del pie y le da soporte el arco. Su misión es rodear los músculos y los vasos sanguíneos para mantener unidas algunas de estas estructuras, permitiendo a su vez que otras se muevan libremente.









