Por Susana Madera |
Quito (EFE).- Cuando la enfermedad golpea, el cuerpo se debilita y la soledad parece inevitable, pero en Ecuador un grupo de mujeres encontró una manera de convertir ese dolor en solidaridad y compañía: tejen cobijas que se han convertido en abrazos de esperanza y símbolo de amor que transcienden fronteras.
Para Ivo Garzón y María Fernanda Torres, esas mantas fueron el «milagro» que les recordó que nunca estuvieron solas.
En 2025, a Ivo le detectaron vasculitis cutánea autoinmune. «Desperté con ampollas en las manos y en los pies. No podía caminar, no podía coger cosas. Tenía el cuerpo hinchado. Todo fue desolación. Pierdes la fe en la medicina, en ti misma», contó a EFE.
Ivo, que llevaba una vida sana, no entendía por qué había enfermado «si estaba haciendo todo bien». Tampoco los médicos encontraron razones.














