Este domingo, 7 de junio, los peruanos elegirán presidente entre Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.Fujimori representa una apuesta por la continuidad del modelo de economía abierta, estabilidad macroeconómica e inversión privada que ha sostenido al Perú como uno de los países de mayor crecimiento en la región por 30 años. Con una larga trayectoria política, ha demostrado compromiso con las reglas democráticas y los equilibrios institucionales que el país necesita para seguir avanzando.Sánchez, por su parte, proviene de una tradición ideológica que genera legítimas preocupaciones. El plan original de Juntos por el Perú se definía dentro de la corriente de la izquierda democrática, con referencias al denominado “socialismo andino amazónico”, que no es otra que un camuflaje del socialismo del siglo XXI. Si bien su nuevo plan de gobierno adopta un discurso más moderado para la segunda vuelta, conserva propuestas de reforma constitucional y cambios estructurales que han generado desconfianza, pues que un candidato cambie de plan de gobierno entre la primera y la segunda vuelta dice mucho sobre sus intenciones. La receta del estatismo intervencionista ya se aplicó en varios países de la región, con resultados que la historia documenta con claridad: Venezuela destruida, Argentina en crisis permanente, Bolivia con una economía deteriorada, Ecuador pagando aún las facturas de una década de correísmo y Colombia sufriendo hoy las consecuencias de un Gobierno que ha ahuyentado la inversión y debilitado la institucionalidad. No son opiniones: son hechos verificables.El apellido Fujimori despierta reacciones encontradas en Perú y sería deshonesto ignorarlo. Los excesos en el Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000) en materia de derechos humanos fueron reales, han sido juzgados y en muchos casos sancionados. Eso no está en discusión. Pero la historia también exige recordar el contexto en que llegó al poder. El Perú era un país al borde del colapso: Sendero Luminoso sembraba el terror con una eficacia brutal y la economía estaba destruida, en gran medida por esa misma inestabilidad. Fujimori desmanteló a Sendero Luminoso, restableció la estabilidad económica y sentó las bases del modelo de crecimiento que el Perú ha sostenido hasta hoy. La hoja de ruta que dejó, con todos sus costos, permitió que el país se convirtiera en uno de los más dinámicos de Sudamérica. Ignorar esa parte de la historia es tan parcial como ignorar los abusos que ocurrieron.El progreso económico sostenido es la única vía probada para sacar de la pobreza a los más vulnerables. Las economías intervenidas, los Estados que suplantan al mercado y la inversión privada han demostrado históricamente que producen exactamente el efecto contrario: mayor pobreza, menos oportunidades y fuga de capitales y talento.Keiko puede no ser perfecta, ningún candidato lo es, pero en esta elección la diferencia entre las dos visiones no es de matices, es de fondo: democracia y estabilidad económica o autoritarismo y destrucción del Estado de derecho.¡Fuerza, Keiko! ¡Fuerza, Perú! (O)