La llegada de Keiko Fujimori a la presidencia de Perú abre una nueva etapa política en un país marcado por años de inestabilidad y polarización. La líder de Fuerza Popular se impuso por una diferencia de apenas 40.000 votos frente al candidato de izquierda, en una elección que vuelve a poner al fujimorismo en el centro del poder. En Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el analista político, comunicador y docente universitario Eduardo Salmón analizó el nuevo escenario peruano y advirtió que el triunfo de Fujimori puede traer estabilidad y orden, pero también una profundización del autoritarismo. Además, explicó el rol que tendrá la oposición y la influencia del giro a la derecha que atraviesa la región. Eduardo Salmón es licenciado en Ciencia Política de la Universidad Católica del Perú. Se desempeña como analista político, comunicador y docente universitario. Cuenta con un rol activo en la discusión pública de Perú a través de análisis de la coyuntura social y electoral.
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—Eduardo, muy buenos días. Jorge Fontevecchia lo saluda. Nuestra gran duda es si Keiko Fujimori significa más de lo mismo, el paroxismo de lo mismo, más división con estos 40.000 votos apenas de diferencia que ella obtuvo sobre el derrotado candidato de izquierda. O, por el contrario, luego de varios intentos por tratar de ser presidente, finalmente con esto se zanja una vieja discusión polarizante en Perú que lleva más de 25 años y se puede llegar a iniciar un período nuevo. ¿Cuál es su opinión? —Hola, muy buenos días y gracias, desde Lima, por estar pendiente. Bueno, hay parte nueva y parte que es más de lo mismo. En el sentido, empiezo por qué es de lo mismo. Es decir, al fujimorismo y a Keiko Fujimori no se le puede pedir haberse acostado ayer, el día 27, siendo una lideresa autoritaria y despertar hoy con ánimos democráticos. En ese sentido, al fujimorismo no se le puede pedir cambiar o democratizarse de la noche a la mañana. Ni ha habido en la campaña, ni siquiera en la segunda vuelta, elementos para creer eso. Solo mencionarlo, y que algunos incluso colegas analistas lo dicen, me parece puro wishful thinking. Entonces, en ese sentido, el fujimorismo va a ser autoritario. Lo que sí podemos tener dudas es en la gradación del autoritarismo. Creo que eso lo va a ir midiendo. Y, ¿en qué cambia? Bueno, cambia en que el poder y ahora el Ejecutivo, bueno, va a llenarse de contenido. Ha estado vaciado de contenido y ahora, más bien, al asumir Fujimori, lo que probablemente sí se dé es una estabilidad. Pero una estabilidad autoritaria. Es decir, hemos tenido 10 presidentes en 10 años, lo cual es asombroso y avergonzante, dicho sea de paso, pero ahora Keiko Fujimori lo controla todo. Es lo que también, dentro de la línea de no cambiar nada, simplemente lo que sí hay es un cambio en la formalización, casi una entronización de que tiene el control de todas las instituciones. Todas las instituciones que, en teoría, deberían hacer contrapeso y no lo hacen. Milei llegó a Perú para la asunción de Fujimori y juega con la idea de impulsar un bloque regional de derecha —Estamos viendo recién imágenes de Keiko Fujimori llegando a la asunción. ¿Cuál va a ser el rol de la oposición y del candidato derrotado por solo 40.000 votos? ¿Se crea una especie de oposición sólida a partir de una diferencia tan pequeña o, una vez terminada la elección y la derrota, esa oposición y ese candidato se disuelven? —Mira, hay elementos interesantes para pensar que tienen claro que esa oposición tiene que mantenerse sólida o intentarlo. Lo cual, te digo, ya es poco probable. Todo grupo que ingresa siempre termina dividido en el Congreso, pero parece que sí son conscientes de ello. Y la primera señal es esta unidad, sobre todo, en la candidatura a presidente del Senado, que lastimosamente perdieron, pero, digamos, ahí no hubo una novedad porque no se esperaba otro resultado distinto. Sin embargo, sí ganaron la presidencia y la directiva de la Cámara Baja, la Cámara de Diputados. Entonces, desde ahí, aunque, digamos, es una victoria pírrica, sin embargo sí podrían construir una mayor oposición. Ese sí es un cambio que hay. Ahora hay la posibilidad de que haya alguna oposición. Que se mantengan, digamos, va a depender de muchos factores, pero creo que tienen claro que, si no se unen, pues el fujimorismo, como decimos coloquialmente aquí, se los almuerza. —Económicamente, ¿qué cambia? En el Perú vimos la semana pasada la visita de Keiko Fujimori al Banco Central, al célebre presidente del Banco Central que lleva ya más de dos décadas. ¿Cambia algo desde el punto de vista económico o la economía de Perú finalmente está arreglada por la estabilidad que genera la continuidad del presidente del Banco Central? —Curiosamente, ahí no cambia casi nada. Se mantiene este peso de la estabilidad macroeconómica, pero sin darle importancia a lo micro. Se mantiene también este desmedro, digamos, a las pequeñas empresas y este peso de las grandes empresas que incluso, digamos, se les da beneficios tributarios, que implican farra fiscal en el Estado. Lo que sí hay un pequeño cambio es en el hecho de que ahora que está en el poder el fujimorismo, digamos, ha hecho, mediante el Tribunal Constitucional, devolverle el bloque que tenía de la imposibilidad del Congreso de tener iniciativa de gasto. Algo que se había criticado porque cuando el fujimorismo, digamos, estaba con el control del Congreso absoluto y, bueno, en el Ejecutivo era informalmente, y por eso, digamos, se permitió hacerse mediante los congresistas, en la práctica, tener mucha iniciativa de gasto, lo cual, digamos, llamó aquí la atención dentro del Consejo Fiscal, las alertas porque se estaba rompiendo nuestra tan famosa estabilidad macroeconómica. Y ahora que ingresa al poder, bueno, eso retorna, ese impedimento que tenía el Congreso retorna, pero simplemente retorna porque ahora Keiko está en el Ejecutivo, nada más por eso. El nuevo mapa político de Perú: Keiko Fujimori apunta a Milei y Trump como aliados clave —Por eso, Eduardo, ¿cómo se percibe desde la propia Lima, del propio Perú, lo que está sucediendo en Perú? Si hay conciencia o, al mismo tiempo, percepción de que se trata de un fenómeno que podría trascender a Perú, dado que ya Ecuador tenía un gobierno de centroderecha, Colombia pasa a tener un gobierno de extrema derecha, Chile pasa a tener un gobierno de derecha, Bolivia pasa a tener un gobierno de derecha. Es decir, toda la Sudamérica andina pasa a tener gobiernos de derecha cuando era lo contrario. ¿Hay en el caso de lo que sucede en Perú parte de un proceso que lo trasciende o son casualidades que se van dando, que van más allá de la organización en conjunto de todos esos elementos? —Mira, son ambas cosas. No hay duda de que hay un proceso internacional, como lo bien dices, de derechización, incluso en la juventud. Antes ser rebelde era ser de izquierda en joven y, bueno, ya eso ha cambiado muchísimo. Creo que hay una plena conciencia de la defensa del statu quo, sobre todo en Lima, ya que me mencionas Lima, porque recuerda que hay esto también muy histórico en Perú: que Lima fue el último país en independizarse. Hoy lo estamos recordando más que nunca y se nos conoce a nosotros como el último bastión. ¿Y por qué te lo menciono esto? Porque Lima, además, es muy iliberal. Y cuando digo iliberal, que es un término muy de ciencia política, es que es muy prejuiciosa con la izquierda. Justamente una de las razones por las que gana Keiko Fujimori y, digamos, su amplia mayoría en Lima, sobre todo en la capital, es que muchas personas eran muy conscientes de lo que implica Keiko Fujimori y de la corrupción, del autoritarismo, pero son capaces hasta de votar por eso, por evitar que alguien de izquierda llegue al poder. Solamente por eso. Porque hay todos estos prejuicios, estas taras, que ya están muy, muy interiorizadas, sobre todo en la capital, en cierto sector. Y eso, entonces, es una mezcla de lo internacional y lo nacional. Este proceso de derechización que se ha dado. Yo creo que Lima es muy consciente de eso. Pero preferían a Keiko Fujimori que, digamos, al sucesor de Pedro Castillo, que era Roberto Sánchez. —Y, por último, Eduardo, la mirada que tienen en Lima y en Perú de Milei como parte de este proceso de derechización. En el caso de Colombia, directamente lo toman de ejemplo. Se apoda al presidente electo "Tigre", siguiendo la idea de la asociación con el león que hace nuestro presidente. ¿Hay alguna influencia, alguna relación en el triunfo de Fujimori con la emergencia de Milei hace casi tres años y la visita que está haciendo ahora nuestro presidente allí? ¿Tiene algún grado de relevancia o no? —Mira, yo creo que no tanto y que más bien nosotros somos el antecedente para que ustedes tengan a Milei. Por eso se habla mucho de que, más bien, Argentina se ha peruanizado. Es verdad. Lo que sí son muy conscientes aquí, más que de Milei, es de Bukele y en términos de seguridad. Hay esta idea del personaje fuerte, de las medidas represivas y que hay que tomar acciones drásticas ante la inseguridad por el aumento de las extorsiones, los asesinatos, el crimen organizado. Eso es lo que hay más conciencia que de Milei. Porque más bien muchos lo ven como un presidente, sí, bueno, es de derecha, es alguien que, digamos, quiere hacer muchos recortes al Estado o desaparecer al Estado, en buenos términos. Sí hay cierta conciencia de eso, pero no lo toman como ejemplo. Más en la idea del limeño, en particular, está mucho la idea de Bukele como buen presidente. —Clarísimo, Eduardo Salmón. Muchísimas gracias. Lo mejor para Perú. —Gracias a ustedes por tenernos muy en cuenta y nosotros también. Un fuerte abrazo. —Muchísimas gracias.













