A los 71 años, Manuel Ángel Loor Zambrano duerme lejos de casa, carga una camiseta de tres metros y sigue recorriendo estadios con el mismo objetivo que abrazó hace casi cuatro décadas: alentar a la selección de Ecuador. Lo hace solo, sin sueldo, sin estabilidad y con un balón como único compañero permanente.Nacido en Portoviejo, en el sector de Andrés de Vera, aunque forjado entre las calles y canchas de Manta, el hombre al que muchos conocen como Cascarita convirtió su vida en una travesía interminable detrás de la Tri. En ese camino perdió mucho más que dinero.“Por andar haciendo cascaritas, haciendo espectáculos, perdí mi hogar hace años... yo estoy casado con mi balón, con la número 5, mi camiseta de Ecuador; no tengo a nadie”, cuenta, mientras recuerda décadas de viajes, terminales terrestres y noches improvisadas en camerinos, graderíos o habitaciones prestadas.PublicidadHoy se encuentra en Nueva York , adelantado para vivir un nuevo torneo internacional, el Mundial de Estados Unidos. ‘Estoy en penales’: el partido más difícil de ‘Espartaco’ Mendoza, el 6 veces campeón con Barcelona que hoy lucha por respirarLlegó gracias a la ayuda de familiares y al respaldo de ecuatorianos que lo reconocen en las calles o en los estadios. Su meta es desplegar su histórica bandera gigante durante los partidos de Ecuador. El sueño de ser futbolista terminó antes de empezarLa historia de Cascarita comenzó mucho antes de convertirse en personaje habitual de las eliminatorias sudamericanas. Durante su juventud soñó con ser futbolista profesional y logró acercarse a ese objetivo.PublicidadPublicidadIntegró selecciones barriales y luego tuvo una oportunidad en las formativas de El Nacional. Sin embargo, una lesión acabó abruptamente con su carrera. En esa época, recuerda, no existían las condiciones médicas ni de recuperación que hoy acompañan al fútbol profesional.Lejos de abandonar el balón, decidió reinventarse. Empezó a practicar dominadas y espectáculos callejeros mientras sobrevivía en los alrededores de los estadios. Dormía en camionetas, convivía con balones y ensayaba números improvisados para conseguir monedas.PublicidadCon el tiempo desarrolló un espectáculo propio. Nunca se definió como freestyler con el balón. Su propuesta mezcló equilibrio, resistencia y dominio. Así nació el personaje que años después recorrería Sudamérica siguiendo a Ecuador y al que la hinchada bautizaría como Cascarita. El hombre que financia sus viajes con piedras y huevosA diferencia de otros artistas urbanos, Cascarita ya no ejecuta largas secuencias rápidas con el balón. La edad cambió sus rutinas. Ahora sostiene sus presentaciones en pruebas de equilibrio y resistencia física.Con piedras pequeñas, huevos y balones realiza pequeños espectáculos en tribunas, calles o exteriores de estadios. Allí consigue dinero para comida, hospedaje o transporte.Durante años atravesó fronteras por tierra para acompañar a Ecuador en Copas América, eliminatorias y torneos juveniles. Muchas veces viajó sin pasaje confirmado y dependiendo de la solidaridad de desconocidos.PublicidadMundial 2026: EE. UU. flexibiliza requisito de hasta $ 15.000 para obtener visasEn algunos países encontró apoyo institucional ocasional. En otros, apenas sobrevivió gracias a colectas improvisadas entre aficionados. Aun así, siguió avanzando.“He dado toda mi vida por el Ecuador, representando, y yo no tengo sueldo de nadie”, dice.Mientras habla, evita dramatizar su situación. Sin embargo, reconoce que nunca recibió una pensión, respaldo estatal o ayuda permanente pese a representar durante décadas una imagen reconocida del hincha ecuatoriano en torneos internacionales.La visa que consiguió “sin tener nada”El episodio que más sorprende a quienes conocen su historia ocurrió hace pocos meses. Contra todo pronóstico, consiguió una visa estadounidense por diez años.Lo hizo sin propiedades, empleo fijo ni garantías económicas. Llegó al consulado únicamente con su historia, su recorrido y la convicción de que debía acompañar otra vez a Ecuador.“Me presenté al consulado americano y me dieron la visa, porque les dije que no tenía nada, que yo soy un trotamundos que ando dando mensajes para los niños. Les mostré todos los recortes de entrevistas que me han hecho”, relata.La aprobación todavía le parece inexplicable. Durante años escuchó historias de personas rechazadas pese a tener estabilidad económica. Él, en cambio, llegó con pasaportes llenos de sellos sudamericanos y una vida marcada por carreteras, estadios y exhibiciones callejeras.“Dios me ha bendecido porque me está recompensando”, afirma.Actualmente permanece en Estados Unidos, alojado temporalmente por algunos de sus hermanos. Desde allí se moviliza hacia actividades vinculadas al Mundial y prepara sus próximos recorridos.A lo largo de casi 40 años, Cascarita construyó una identidad reconocida entre aficionados ecuatorianos y sudamericanos. Su camiseta gigante, sus números con piedras y su presencia constante en eliminatorias lo volvieron parte del paisaje futbolero regional.En Colombia, Argentina, Paraguay, Brasil o Uruguay encontró personas que lo ayudaron con hospedaje, comida o entradas. Muchas veces, asegura, recibió más apoyo fuera del país que dentro de Ecuador.Estas son las 48 sedes de entrenamiento de las selecciones del Mundial 2026: ¿Dónde se concentrará Ecuador?Pese a las dificultades económicas, nunca dejó de viajar. Tampoco dejó de aparecer en los alrededores de los estadios con el balón bajo el brazo y una camiseta amarilla sobre los hombros.A sus 71 años, ya no corre ni hace largas secuencias de dominio como antes. Ahora camina más lento. Descansa más seguido. Pero sigue llegando. (I)
‘Estoy casado con mi balón’: la pasión de ‘Cascarita’ Loor, el hincha que lo da todo por la Selección
A sus 71 años, Manuel Ángel Loor Zambrano, conocido como ‘Cascarita’, vive entre balones, terminales y estadios.









