Hernán Galíndez es de Rosario, como Leo Messi, y jugó contra el astro argentino cuando ambos eran niños, pero este portero de 39 años solo ha representado a Ecuador. Casi llora cuando recuerda por qué se nacionalizó ecuatoriano. “El 14 de abril del 2016 hubo un terremoto de 7.8 en la costa, que hacía 100 años que no ocurría, y a mí me pasó algo. Me acerqué a un supermercado de Quito [jugaba allí] a comprar arroz, fideos y agua para mandar, pero no había nada. Pregunté y me dijeron que la gente ya lo había enviado todo. Lo cuento y me emociona”, relata, efectivamente, al borde de la lágrima. “Ese día decidí que quería ser ecuatoriano. Por eso, cuando alguien dice que Galíndez se nacionalizó para jugar en la selección no tiene ni idea. Tampoco nadie en Argentina entiende mi amor por Ecuador”, cuenta este portero, que asegura que su carrera “ha sido rarísima”. Desde luego, una secuencia de imprevistos que lo sitúan ante su segundo Mundial, protagonista y testigo de la evolución de un equipo que dispone del centro del campo para atrás a Willian Pacho (PSG), Moisés Caicedo (Chelsea), Piero Hincapié (Arsenal) y Pervis Estupiñán (Milan). Su estreno es contra Costa de Marfil, a la 1.00 de domingo a lunes (Dazn).Hernán Galíndez asegura que cayó en un pozo cuando descendió con 22 años con Rosario Central. “Fueron momentos psicológicos muy oscuros. Nadie sabe lo que pasé encerrado en mi departamento”, se arranca por videollamada. Su salida fue marcharse a la Segunda División ecuatoriana, donde fue acumulando temporadas, como uno de tantos miles en la industria. Hasta que con 34 su vida dio un volantazo. El entonces seleccionador ecuatoriano, Gustavo Alfaro, lo convocó, aunque le advirtió de que, probablemente, nunca jugaría, pero que, si lo aceptaba, podía ir al Mundial de Qatar. Y lo asumió. En esas, a principios de 2022, firmó el mejor contrato de su carrera, con la Universidad de Chile; sin embargo, un conflicto internacional se le cruzó por medio. Chile había reclamado a la FIFA que descalificara a Ecuador de la cita de Qatar por presunta alineación indebida y su presencia en el país no fue bien vista por algunos (su familia recibió insultos en la calle), así que él decidió dar otro paso atrás y regresar a Ecuador, al Aucas. La denuncia chilena no prosperó, él aterrizó en Doha en noviembre de 2022 y el profe Alfaro, el mismo que le había avisado de que sería el tercero de la fila, lo colocó titular todo el Mundial. “La vida me decía que me rindiera, que no iba a jugar nada, pero no la quise escuchar. Esa fue mi mayor virtud. Después, tuve un poco de suerte, me encontré en los lugares justos”, celebra. Ahora, a Estados Unidos llega con una Ecuador que terminó segunda la clasificación sudamericana, tras Argentina, y con un núcleo duro que ha pegado el gran estirón. “La mayoría de los que fuimos a Qatar teníamos muy pocos partidos en la selección para tamaña competición. Yo llegaría con unos ocho. Hincapié se había incorporado a mitad de las eliminatorias. Hoy Piero ya cumplió 30. Yo debo estar cerca. Moi Caicedo, Pacho… Eso nos da una experiencia mucho más grande. Y a nivel personal, nos conocemos mejor, sabemos cómo piensa cada uno, cómo quiere que le hablen. Son cosas importantes. Yo no tengo problemas que me insulten si en una jugada estoy dormido. Pero en Ecuador a la madre no la puedes nombrar, está prohibido”, avisa. El entrenador es otro argentino, otro rosarino, Sebastián Beccacece, ex del Elche, que sustituyó en agosto de 2024 al español Félix Sánchez Bas. “Sebastián busca un poco más salir jugando que Gustavo Alfaro, un juego asociativo en espacios reducidos para avanzar en el campo. Pero a nivel de manejo de grupo, son muy parecidos”, explica. Beccacece, eso sí, no se corta en las arengas. “En alguna charla se le escapó [el objetivo] de ser campeón del mundo. Las cosas, antes de que pasen, hay que soñarlas, por más loco que parezca. Está bien que diga que vamos a intentar hacer el mejor Mundial de la historia. Yo prefiero tener un líder que también sueñe con algo que nos parezca imposible. Me gusta soñar. Mi carrera no se acercaba para nada a una selección”, reconoce. La realidad prosaica de Ecuador es que solo superó una vez la fase de grupos (Alemania 2006), aunque la crecida de varios de sus jugadores la sitúa como una posible animadora. “El mejor resultado fue llegar a octavos. Superar eso sería para decir que se hizo un buen Mundial, teniendo en cuenta que hay una ronda más”, puntualiza Hernán Galíndez, que se presenta como un tipo que ya huyó del dramatismo del fútbol argentino. “Tuve que salir a la fuerza de ahí con 22 años porque me hizo pensar en cosas muy feas”, apunta. Ahora su afición son los libros de liderazgo. Por ejemplo, a El poder del ahora (Eckhart Tolle), El caballero de la armadura oxidada (Robert Fisher) y El monje de vendió su Ferrari (Robin Sharma). “Nunca leí uno de fútbol. Tengo la biografía de Iker Casillas, pero me gustan más los de psicología”, cierra.
Hernán Galíndez, el meta argentino con “una carrera rarísima” que juega y llora por Ecuador: “El seleccionador nos habla de ser campeones del mundo”
El portero nacionalizado de Rosario, de 39 años, asiste al crecimiento de un equipo entrenado por Sebastián Beccacece que tiene a Moisés Caicedo, Pacho e Hincapié















