A comienzos de los años 90, en el pequeño municipio palentino de San Mamés de Campos, un niño queda fascinado con las orquestas itinerantes que se acercan al pueblo durante los días de verano. Alfonso Robles, al que luego miles de personas conocerán como 'Fito, el de Siloé', no es consciente de que en unos años él también será un trovador que se gana la vida con su música, solo que de una manera mucho más populosa y grande. Junto a sus compañeros Xavi Road (guitarra) y Jaco Betanzos (batería), este próximo sábado 6 de junio ofrecerá un concierto para el representante de Dios en la Tierra, el papa León XIV. Será en la Plaza Lima, al lado del Estadio Santiago Bernabéu, en un "festival de la fe" que reunirá a otros artistas y bandas como Beret, DePol, Besmaya o Hakuna. En el caso de Siloé, no han querido conceder muchas más entrevistas que las estrictamente necesarias. Su última aparición pública fue en la gala de la Academia de la Música, el pasado martes 26 de mayo, para homenajear a Robe Iniesta. Una actuación que molestó a cierto sector de la crítica musical y a alguna banda más. Existe el debate de si su ascenso a la fama no ha sido del todo orgánico en plena era del algoritmo, si se han subido al carro de las últimas tendencias que apuntan a un aumento de la espiritualidad religiosa entre los jóvenes, si son una banda independiente de verdad... lo cierto es que cabe analizar el fenómeno Siloé desde el punto de vista musical y sociológico para entender cómo una banda englobada bajo la categoría "indie" se ha convertido en la banda sonora de miles de fieles en España y ahora, tras su actuación delante del Pontífice, de millones de personas en el mundo entero. Para empezar, Fito nunca ha escondido su fe. El nombre de Siloé pertenece a un estanque en el que Cristo invita a sumergirse a un ciego. Llevan una cruz gigante en el escenario que se ha convertido en icono de la banda. Ya en su primer álbum, La verdad (2016), usaba el imaginario católico para extender metáforas en una música acústica e íntima que conectó rápidamente con el público indie de la época. "Era un álbum en el que abundaban las buenas ideas, las canciones reposadas y en el que lucía la buena voz de Fito", comenta Daniel Vega, coautor de No sonamos mal. Crónica oral de la nueva escena indie de guitarras (2023), a este periódico. "Tan solo utilizaba una guitarra acústica y la armónica para armar un discurso que gira en torno a Dios, el amor y la familia en un folk-pop sin demasiadas pretensiones". Había órganos, solemnidad y muchos coros con los que fluyes en las canciones junto a una voz que parece venir de más arriba". "Creo que llegó un punto en el que dijeron: vivimos de esto o lo dejamos" Era el año 2016. Fito Robles acababa de regresar de cursar sus estudios en el prestigioso Berklee College of Music de Boston, conociendo a estrellas de la música como Alejandro Sanz o Juan Luis Guerra. "Creo que es en sus dos primeros discos donde se aprecia la esencia de la banda", admite Óliver Benavente, un músico pucelano que se vio influido por Siloé. "Es un álbum de música post-eucaristía", sentencia, añadiendo que también se declara creyente. A La verdad le siguió La luz (2018), un álbum mucho más eléctrico que mantenía el sendero íntimo y confesional de Robles. Es en 2020 cuando dan un giro de timón a su estilo y apuestan por un sonido más electrónico para conectar con un público más masivo. Metrópolis, su tercer álbum, significó abandonar las guitarras acústicas por las notas de un sintetizador mainstream, adentrándose en el EDM más comercial. Fito Robles salta al público en la última edición del Sonorama. (EFE) "Es el peor de su carrera", opina Vega. "Se veía claramente que querían petarlo y acabaron perdidos en el rollo electrónico a lo Calvin Harris y con algún toque Ed Sheeran". En verdad, resulta llamativo este cambio de registro, que Robles define como una "refundación" del proyeto. "¿Sabes eso de que una banda se separa y el vocalista saca su disco en solitario?", admitía a la revista Mondo Sonoro. "Pues aquí es al contrario: yo tenía esos dos discos anteriores, pero ahora hemos hecho como una unión de bandas, y somos otra cosa". "En Valladolid, cuando había algún micro abierto, se oía entre el público el término 'cansautor'. Ellos quisieron romper con esa moda" El cambio de registro pilló con la guardia baja a muchos indies que valoraban a Siloé dentro de una escena bien nutrida y consolidada a golpe de Sonorama. Aquellos más puristas dentro del género fruncieron el ceño. Sin embargo, el movimiento de Fito Robles y sus compañeros no fue en falso. Obedecía a una estrategia muy calculada que tenía que ver con el devenir de las tendencias. Cuando arrancaron, los micros abiertos, tanto de cantautores como de poetas, eran un éxito como plan de ocio cultural en las capitales de las ciudades. "Creo que buscaron romper con la música acústica o de cantautor", apunta Benavente, quien justo en 2016 arrancó su proyecto musical, muy influido por la música de cantautores como Luis Brea o el propio Siloé. "En los círculos de Valladolid, cuando había algún micro abierto, se oía entre el público el término 'cansautor'", recalca, en relación a ese cansancio del público por esa intensidad indie tan autoral. La proliferación de los cantautores indies en la segunda mitad de la década pasada fue un fenómeno que ya había germinado en generaciones anteriores de la escena, con artistas que abrieron camino como Sr. Chinarro o La Bien Querida. Por esto mismo, Siloé decidió abandonar el formato acústico para apostar por un sonido más electrónico que hiciera que su música no pasara de moda, en un proceso de refundación que les llevará a conquistar los grandes estadios y las sesiones de DJ tras la pandemia. El momento de inflexión "Creo que llegó un punto en el que dijeron: vivimos de esto o lo dejamos", asevera Patricia Ruiz, periodista de este mismo diario y melómana. "Su música después de 2020 parte de una decisión premeditada de ganarse la vida de ello aspirando a un público más masivo". Ella recuerda un concierto en Madrid al que fue con sus colegas. "Nos quedamos de piedra cuando a mitad del show pararon para anunciar unas zapatillas", asegura. Esto no es algo extraño de por sí. Como tantas otras bandas, empezaron a firmar patrocinios de marcas de ropa o bebidas espirituosas para financiar sus giras y generar ingresos. Lo único que, en el caso de Siloé, esta maniobra fue mucho más notoria. "Es un mainstream extraño, equivalente al de la época de El Canto del Loco o Pignoise" En esa época, llegó el hit. Todos los besos, la primera canción de Santa Trinidad (2023), su cuarto disco, se convirtió en un pelotazo que invitaba a cantar en festivales y discotecas hasta al más tímido y rezagado. Esta será, precisamente, una de las escogidas para tocar frente al papa. Todos los besos no solo es el tema que hace que Siloé se convierta en una banda masiva para personas que nunca conectaran con el indie, sino también es una de las canciones que mejor sintetizan el estándar de "música de tardeo", en palabras del periodista Álex Serrano. Él acuñó este término para describir esta apropiación por parte de las clases medias-altas del sonido del indie anterior, y que concentra a otros grupos coetáneos a Siloé como Viva Suecia, Arde Bogotá, Izal o Ultraligera. "Estos grupos están asentados en el sonido indie de la década pasada, con estribillos muy digeribles y coreables, guitarras y épica sonora, en la onda de Vetusta Morla", explica Serrano a este periódico. "Es un mainstream extraño, equivalente al de la época de El Canto del Loco o Pignoise. No entran dentro del circuito de discográficas independientes o están dentro de los favoritos de la crítica musical especializada, aunque van a festivales indies. Y su público es compartido con el de otros géneros musicales de radiofórmula. Es un 'síndrome Kiss FM' lo de estas bandas, ya que su música funciona como un fenómeno explosivo, en el sentido de que se ponen muy de moda en un período de tiempo muy corto". ¿Esos cuernos? Fito Robles, junto al público en el Festival Actual. (Raquel Manzanares/ EFE) Así lo certifica Carlos, DJ de estas fiestas de tardeo bajo el seudónimo de Taxista de Mordor, en el Fotomatón Bar en Madrid. "Yo lo escuché cuando salió", afirma, refiriéndose a Todos los besos. "Recuerdo que estaba en Fascinado, un tardeo que hacían en Colón, aquí en Madrid. La gente se volvió loca". De ello hace tres años. Ahora, la canción se ha convertido en una imprescindible en todas las sesiones, dejándola siempre para el final de su set. "Vivimos en una era muy superficial de la música, los grupos de ahora tienen una estética de alto impacto que les hace reconocibles" "El superleñazo viene después del remix que le hizo Peredius", remarca. En efecto, al escuchar dicho remix, nos damos de bruces con ese EDM que buscaban en Metrópolis y que ahora suena original, expansivo y maximalista. Las guitarras desaparecen en favor de una instrumentación electrónica construida a partir de unos bajos retro de la música disco de los 2000. La voz de Fito suena más grandiosa y épica que nunca, con un eco artificial que infunde poder a cada verso: "Únete, somos muchos esta vez". Así visto (y escuchado) es fácil imaginarse a miles de fieles coreando el estribillo al unísono. Serrano incide en un hecho importante a la hora de explicar el hate que reciben bandas con Siloé de parte de críticos especializados o de las bandas independientes que intentan hacerse un hueco, más allá de la envidia que, en nuestro país, es el pecado original por antonomasia. Según él, tanto Siloé como el resto de bandas de tardeo adoptan una estética parecida a las boybands del pasado, no tanto como herencia de los Take That o One Direction, sino más en la onda del "fashion rock" de comienzos de los 2000, como The Strokes, Arctic Monkeys o Franz Ferdinand. "La gente prefiere salir de tarde. El ocio nocturno está muy criminalizado, cuando antes era la franja típica para escuchar música y bailar" "Esa estética ha vuelto", apostilla el periodista. "Vivimos en una era muy superficial de la música, los grupos de ahora tienen una estética de alto impacto que les hace fácilmente reconocibles". De hecho, caen con mucha facilidad en la parodia, como demostraron Pantomima Full. "Ver a personas de más de 30 o 40 años vistiendo así puede chirriar a muchos", incide. Sobre todo, el término tardeo alude precisamente a la preferencia de las clases medias-altas y con poder adquisitivo por las fiestas de tarde. "Todo fue a raíz de la pandemia", asegura Carlos, quien también pincha habitualmente en las sesiones Fascinado en la sala Rubicón. "Antes ya existían este tipo de fiestas, sobre todo en Alicante o en Valencia, pero no tanto en Madrid. Yo ya tengo 46 años, y pese a que no tengo familia, comprendo que haya gente de mi edad que prefiera este tipo de eventos a los nocturnos. Te permite salir hasta las diez y media o las once y estar fresco al día siguiente". "Se ha producido una domesticación de la noche", señala, por su parte, Serrano. "Ahora la gente prefiere salir de tarde, ya que el ocio nocturno está muy criminalizado, cuando antes era la franja típica para escuchar música y bailar. En ese sentido, tiene un matiz más conservador, pero es que ahora mismo la música no te define, porque es más superficial que antaño, ya no se exige esa autenticidad que antes estaba presente. Nos hemos vuelto menos dogmáticos, ahora gustan grupos que antes eran percibidos como más casposos".
El ascenso a los cielos de Siloé, la banda "indie" que tocará para el papa León XIV
De un pequeño pueblo palentino a los grandes festivales, la trayectoria de Fito Robles y sus compañeros toca techo en la que será la actuación más importante de su carrera. ¿Quiénes son y cómo llegaron hasta aquí?














