Vox vive un buen momento en cifras electorales y está cerca de cerrar un acuerdo en Castilla y León tras volver a entrar en un ejecutivo de coalición en Extremadura. Hacia ellos también mira con esperanza el PP en Andalucía para que el partido de Juanma Moreno pueda gobernar al no haber alcanzado la mayoría absoluta en las elecciones del 17 de mayo. Pero lo cierto es que, mientras tanto, el partido ultraderechista no puede celebrar también una buena situación interna: los críticos se están organizando para hablar de una “alternativa” y salen cada semana a cargar contra la dirección tras disputas como la expulsión de Ortega Smith o la destitución de José Ángel Antelo en Murcia.

Según Anna López, politóloga, “el PP está atrapado en un auténtico dilema del prisionero: necesita a Vox para gobernar, pero cada pacto lo fortalece simbólicamente”. Esta “relación tóxica” entre ambos partidos ha consolidado al partido de Abascal como tercera fuerza política en varias autonomías, pues “consigue marcar agenda incluso cuando internamente atraviesa uno de sus peores momentos”. La experta cree que Vox llegará a las generales “en posición de fortaleza”, después de los resultados en las últimas cuatro comunidades autónomas, y “por su capacidad de condicionar el debate público, la gobernabilidad y, por supuesto, campañas electorales con el monopolio de partido 'antiinmigración' y de verdadera oposición a Sánchez”.