Goya no es solo el enorme pintor que nos retrató con más de dos siglos de antelación, sino el origen y causa de muchas obsesiones, investigaciones y creaciones que se superponen en la historia con intensidad. Y una muy particular es la búsqueda de su cráneo, separado de su cuerpo mientras estaba enterrado en Burdeos, donde murió en 1828, y que jamás llegó a sus sepulturas en España. El misterio sobre su cabeza, digamos, ha rodado más que ella.Algunos nos caímos del caballo, como San Pablo, al visitar su panteón en la ermita de San Antonio de la Florida en Madrid, las Pinturas Negras en el Prado o cualquiera de los hitos de su vida. Pero hoy podemos celebrar la llegada de otro friki de un tema que a muchos nos apasiona y ocupa más que a los culés las lesiones de Lamine Yamal. Se trata de Miguel Barrero (La otra orilla, El guitarrista de Montreal, ambos en Galaxia), que ahora publica La cabeza de Goya (Xordica). Y que sea bienvenido a la secta.Investiga Barrero el posible paradero de la cabeza del genio y esa es la excusa para llevarnos de la mano a través de sus últimos años y de los amigos y amores que le acompañaron desde que partió al exilio y dejó atrás el absolutismo irrespirable de Fernando VII en España, en 1823, para instalarse en Burdeos con su última compañera, Leocadia Weiss, y la hija de esta, Rosario, a la que Sergio del Molino precisamente acaba de decicar La hija (Alfaguara), otra gran aportación al universo goyesco del presente.Pues bien. Miguel Barrero (Oviedo, 1980) indaga, estudia y repasa minuciosamente cómo el cónsul español en Burdeos descubrió en sus paseos por el cementerio de la Chartreuse en 1880 que allí yacía Goya, cómo se empeñó en impulsar su traslado a España, cómo luchó contra el silencio, la burocracia y la racanería tras una primera exhumación hasta lograr en 1899 su segunda exhumación y el último viaje. 19 años de lucha que al autor le sirve de metáfora de una España que ignora su historia y que, en ocasiones, se despista demasiado. Y, a nosotros, de divertimento.Porque La cabeza de Goya no es solo una indagación que se lee como una novela de intriga, sino la reflexión sobre una nación capaz de perder la cabeza. La frenología fue la explicación más creíble de la desaparición del cráneo, cuando algunos científicos de la época creían poder ver en el cerebro los rasgos de la genialidad, la maldad o tantas características de las personas. Pero eso no explica todo. Porque el robo de ese cráneo y su viaje hipotético por España dejó algunas pistas en forma de un cuadro de Dionisio Fierros de 1849 y otras señales que existían antes de la exhumación que descubrió su decapitación. Como también el hallazgo de otra calavera colocada en esos tiempos en la tumba del inventor del ensayo, Michel de Montaigne, y que también generó otras especulaciones. No haremos spoiler. Lo importante: el culebrón sobre la cabeza de Goya suma, así, otro capítulo clave para seguir celebrando su vida. Y la literatura. La serie continuará.
De cómo Goya perdió el cráneo y España, la cabeza
Miguel Barrero indaga en la decapitación del genio y traza la metáfora sobre las debilidades de nuestro país
Questo articolo non è pertinente per Warptech Tech News. Parla di storia letteraria e ricerca del cranio di Goya, non di tecnologia, AI, business tech o decisioni di stack/team per manager IT. Se intendi comunque un riassunto nel formato proposto, fammi sapere — ma non è una notizia candidata per la testata.








