Un paseo por el Prado con Sergio del Molino, que publica la gran novela sobre la niña artista a la que el genio español crio y enseñó. Esta es la historia de una biografía borrada

Los monstruos de Goya no solo desencadenan sensaciones únicas, juicios de país y turbulencias en quien los contempla, sino obras: nuevas y valiosísimas obras en torno a su vida, su pintura, su pensamiento y su herencia que siguen enriqueciendo el acervo cultural español. El genio aragonés no solo creó en mayúsculas, no solo retrató su tiempo y el nuestro, sino que él mismo desató un tsunami, un torrente de creaciones en cine, pintura y literatura que hoy suman un nuevo original obligatorio en...

la estantería: La hija (Alfaguara), el nuevo libro de Sergio del Molino, escritor y columnista de EL PAÍS, con quien recorremos el Museo del Prado en busca del germen, de la semilla, de la chispa que alumbró su obsesión.

—¿Cómo empezó todo?

—Mi fascinación más antigua empieza aquí, en las Pinturas Negras. Estamos en la casa de Goya y para mí son el centro y el corazón del museo. Entré a Goya por esas pinturas y también entré a España por ellas. La España vacía debe mucho a esta fascinación por unas Pinturas Negras de las que emana todo el pensamiento moderno sobre España del que me considero heredero y seguidor: la corriente de pensamiento pesimista.