Actualizado Mi�rcoles,
junio
00:36Nada tan problem�tico, tan moralmente inestable, como la mirada del monstruo. Contaba no hace tanto Guillermo del Toro, experto en criaturas sin forma, que el aut�ntico reto y hasta v�rtigo al que se enfrenta el monstruo es el mismo que el de la mirada. Y por ello, sin duda, su aparici�n recurrente en el cine, un oficio de miradas. El acto m�s aut�ntico de amor (u odio) posible, dec�a, es el de ver (o apartar la mirada); el de hacer visible a una persona. S�lo la mirada otorga la virtud del sentido. Y hasta de la existencia. Apurando, mirar es antes que nada un acto pol�tico. Cuando niegas a alguien por sus maldades o por la culpa que arrastra la verg�enza de sus acciones, evitas mirarle, apartas de �l la posibilidad siquiera de ser. Pero a un monstruo es imposible no verlo. Un monstruo se presenta ante nosotros tal y como es en toda su crudeza, en cada una de las rugosidades que le definen como esencialmente diferente. Y, por ello, monstruoso. De otro modo, un monstruo apela al significado profundo de la propia mirada. Hasta su m�s absoluta, cruda y brutal desnudez.La luz, la �ltima pel�cula de Fernando Franco, es esencialmente la historia de un monstruo. Alberto San Juan, su protagonista, da vida a un sacerdote que tiempo atr�s abus� de varios de sus alumnos. Cuando decida apartarse definitivamente del mundo e iniciar una nueva vida fuera de la instituci�n que le encubri�, el pasado, ese pasado por fuerza monstruoso, volver� a �l y, lo peor, volver� a sus v�ctimas. "Quiero creer que la pel�cula habla sobre la culpa y el perd�n. Lo que intento no es nada m�s que proyectar hacia el espectador la cuesti�n de hasta qu� punto es capaz o no de perdonar. Y hacerlo sin relativizar en ning�n caso el da�o causado. Pero, y esto es lo m�s importante, sin perder de vista que el �nico con la capacidad real de perdonar es la v�ctima", dice Fernando Franco por aquello de situar el marco, digamos, moral de su pel�cula.No es la primera vez que Franco se atreve a dar el paso de mirar de frente al monstruo. Y hasta a darle voz y, un paso m�s all�, mirarle a los ojos. Su cine, desde La herida a Subsuelo pasando por Morir y La consagraci�n de la primavera vive y se nutre de la verdad servida en crudo. Por muy inc�moda que resulte. Cuesta digerirla, pero alimenta m�s. "Siempre he intentado discernir en todo mi cine entre empat�a y simpat�a. Un personaje puede resultar tremendamente antip�tico y, sin embargo, ser capaz de generar empat�a por todo lo que le sucede por dentro. Un sentimiento y otro no van de la mano. En el caso de esta pel�cula. me resultaba interesante investigar los procesos de empat�a hacia un personaje repulsivo, pero que, a la vez, abus� de sus v�ctimas por ejercer su poder hacia ellas desde un lugar muy cercano a la empat�a precisamente", comenta tan consciente de la contradicci�n como del mismo peligro.De hecho, La luz vive desde el principio al final entregada a la l�cida provocaci�n de lo inestable. "Se replica el camino de la propia moral cat�lica. Hay un primer momento para la atrici�n, es decir, para el arrepentimiento de manera instrumental por haber pecado, pero motivado por el miedo al castigo divino o al infierno o a la denuncia penal. Y otro momento para la contrici�n, que es la petici�n de perd�n desde la verdad, desde el amor, desde la sinceridad...", comenta. Y sigue: "El problema es que la Iglesia como instituci�n nunca ha gestionado los abusos desde la verdad, siempre lo ha hecho desde encubrimiento, que es el ant�nimo de la verdad. Hay una frase en la pel�cula, que en verdad es de Luther King, que lo resume todo: El enemigo de la verdad no es la mentira, sino el silencio". Pausa. "Y eso conlleva un problema a�n m�s grave. Cuando la jerarqu�a coloca un muro de contenci�n a la verdad y decide esconderlo todo, lo �nico que consigue es una revictimizaci�n de las propias v�ctimas. En el momento en el que no admites la verdad, en el momento en el que relativizas el da�o que se est� haciendo llevando a otro lugar al sacerdote abusador, le est�s quitando valor al da�o irreparable causado". Queda claro.La pel�cula, sea por marketing, por casualidad o por designio no tan divino, llega a las carteleras a la vez que el papa Le�n XIV llega a Espa�a, corta el tr�fico en el centro de Madrid y, de paso, bloquea el acceso a los cines. "Es incomprensible que un papa como �ste, que ha demostrado su compromiso y que ha dado tantas muestras de preocupaci�n por los problemas reales, no se re�na con las v�ctimas o que a�n no est� claro si lo va a hacer o no", comenta Franco, un director que se confiesa ateo, pero crecido y educado (12 a�os con los jesuitas) en un ambiente cat�lico. "Pese a todo, me identifico con esa iglesia que lucha por la justicia social. Tengo la impresi�n de que la Iglesia, como la propia sociedad, vive un proceso de polarizaci�n con estamentos cada vez m�s conservadores al lado de esfuerzos reales por acercarse a la sociedad. Por otro lado, ves c�mo hay una voluntad real de modernizarse, pero solo en el envoltorio con Tik-Tok y las redes sociales. Pero en el fondo, sigue siendo muy conservadora", a�ade a modo de diagn�stico tras dar fe de todas las entrevistas realizadas en todos los estamentos de la instituci�n, v�ctimas de abuso incluidas, como paso previo a la escritura del guion.La luz no es tanto un intento de iluminar nada como de removerlo todo. "La pregunta es siempre la misma. Soy o no capaz de perdonar a una persona que ha cometido esas atrocidades. �Es acaso la reinserci�n posible? No se trata de ofrecer respuestas, sino de llegar a lo m�s hondo posible de las preguntas", dice el director. El protagonista, sin �nimo de reventar nada, acabar� por enfrentarse a todos y confesar. M�s preguntas. �Lo hace por verdadero a arrepentimiento o narcisismo? �Es quiz� esa la soluci�n a todo esto? "�l da un paso que hasta ahora y tristemente no ha dado nadie. La pel�cula es pura ficci�n. Pero por otro lado, si el paso que da el protagonista solo lo da una persona, tampoco es soluci�n", dice. Y as�. Definitivamente, nada tan inc�modo como mirar de frente al monstruo.









