En las últimas semanas, miles de jóvenes de distintos países han salido a las calles con reclamos que, aunque nacen de contextos locales, comparten un mismo tono, el de una generación que exige reformas, transparencia y dignidad.En Perú, Yackov Solano, de 22 años, recuerda el momento en que decidió participar. “Fue cuando sentí que ya no podía seguir viendo lo mismo (...) Corrupción, extorsiones, asesinatos, colegios destruidos y nadie hacía nada”, le cuenta a EL TIEMPO este estudiante de comunicación y creador de contenido que empezó a difundir mensajes a través de la red social TikTok denunciando lo que él considera una “falta de transparencia de los medios de comunicación”. “Yo no busco ser líder, solo contar lo que realmente pasa”.Reproducir VideoUn manifestante de la Generación Z viste un traje de manga de One Piece durante una protesta contra el gobierno del presidente peruano José Jeri en Lima.Foto:AFP / EL TIEMPOAl otro lado del mundo, en Marruecos, Soufiane y Marouane Bermime, dos hermanos gemelos de 18 años, se unieron a las movilizaciones del pasado septiembre en su país. “Soy joven, y todo esto me concierne”, explica Soufiane, estudiante de matemáticas y diseño gráfico. “No protestamos por desesperación, sino por esperanza y convicción. Creíamos que traicionaríamos a nuestra patria si permanecíamos en silencio”, complementa su hermano, un alumno de primer año de física. Las protestas en su país comenzaron el 27 y 28 de septiembre y se extendieron por varias ciudades. “Todo se organizó en redes, principalmente Discord, Instagram y Facebook, a través del grupo GenZ-212. Ahí se publican los puntos de encuentro y las horas. Es la forma en que todos nos enteramos”, cuenta Soufiane.Tan solo semanas antes, en Indonesia, Atan Zayyid, de 23 años, convocó a decenas de organizaciones estudiantiles a un encuentro nacional. Como presidente del Badan Eksekutif Mahasiswa (BEM), el principal órgano estudiantil del país, coordinó la asamblea del 26 de agosto que dio origen a las protestas bajo el lema ‘Indonesia en la oscuridad’.“El sistema se ha vuelto completamente corrupto y autoritario”, le dijo a este diario. “Sabíamos que debíamos reaccionar”.Foto:Archivo ParticularContenidoDiferentes historias, un mensaje comúnA pesar de las distancias geográficas, los tres jóvenes describen patrones similares: la sensación de vivir en sistemas estancados, la desconfianza hacia los partidos tradicionales y una nueva forma de organización que nace en las redes sociales.Esas mismas dinámicas se han repetido en lugares tan distintos como Kenia, donde estudiantes y activistas protestaron contra el alto costo de vida y la corrupción; en Madagascar, donde las movilizaciones juveniles derivaron en la caída del gobierno civil y la instalación de una junta militar; o en Nepal, donde las marchas por empleo y transparencia provocaron la renuncia del primer ministro y la instauración de una nueva jefa de Gobierno, la cual fue elegida a través de chats en Discord.En todos los casos, los movimientos surgieron desde lo digital y demostraron que los inconformismos virtuales pueden transformar la política real.“Nos criamos viendo caer gobiernos. Y, aun así, las mismas mafias siguen ahí (...) Mucha gente ya no cree que protestar sirva, pero los jóvenes estamos empezando a entender que, si no lo hacemos nosotros, nadie lo haráYackov Solano, activista peruanoSoufiane y Marouane subrayan el papel central de las plataformas digitales en la coordinación de las protestas. Explican que, sin ellas, habría sido imposible articular a miles de jóvenes dispersos por distintas ciudades. Según cuentan, las redes pueden crear comunidad y sostener la motivación colectiva."Mi generación es muy diferente a las anteriores. Vivimos en un mundo digital y a menudo tomamos decisiones colectivamente en plataformas como Discord. Somos realistas y objetivos con respecto a los problemas de nuestro país y sus soluciones, y somos pragmáticos con respecto al cambio", le cuenta Marouane a este diario.Yackov, en cambio, advierte sobre el otro extremo: la saturación y la desinformación. Reconoce que las redes son útiles, pero también pueden fragmentar los movimientos al encerrar a las personas en burbujas digitales, lo que dificulta construir una agenda común.En Indonesia, Zayyid señala que, aunque las redes sociales cumplen un rol importante, el movimiento estudiantil aún conserva una estructura más tradicional de toma de decisiones a través de asambleas. Sin embargo, destaca que es precisamente la generación más joven la que está dispuesta a salir a las calles: “Los estudiantes somos el movimiento más grande del país”.Atan Zayyid, líder estudiantil y activista de Indonesia.Foto:Archivo Particular - EL TIEMPOLas demandas de los Z en cada paísSi bien las motivaciones de las protestas se repiten, tienen matices por países. En Perú, el problema es la corrupción estructural de un país que desde 2016 ha tenido siete presidentes, el último hace apenas un mes.“Nos criamos viendo caer gobiernos”, dice Yackov. “Y, aun así, las mismas mafias siguen ahí”. Según él, la crisis política ha normalizado la desafección. “Mucha gente ya no cree que protestar sirva, pero los jóvenes estamos empezando a entender que, si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará”.En Indonesia, el malestar se dirige contra la concentración de poder en manos del partido gobernante. “La corrupción y el nepotismo son endémicos”, afirma Zayyid. “El riesgo es que el país se acostumbre. Nuestra generación intenta romper eso”.La mayoría de nuestra generación entendemos la verdadera naturaleza de nuestro panorama político, por lo que no somos fácilmentemanipulables. Como jóvenes, queremos participar en el cambio desde dentroMarouane Bermime, activista marroquíLas intensas protestas en Nepal fueron respondidas con una fuerte represión.Foto:EFEEn Marruecos, las demandas se centran en dos sectores: salud y educación. “Son las bases de cualquier país”, insiste Soufiane.Y es que, pese a que el gobierno marroquí anunció en su presupuesto 2026 un incremento del gasto social, los manifestantes mantienen el escepticismo. “Ojalá se cumpla. Sería una señal positiva, pero la confianza se ha perdido”, sentencia Soufiane, quien destaca que, por encima de todo, lo que reclaman es responsabilidad y rendición de cuentas.El punto en común entre las distintas protestas Z es la indignación con el orden establecido por los gobiernos de sus países y la sensación de que su generación, la más joven y a la vez la más desacostumbrada a los males de las sociedades, es la única dispuesta a exigir mejores condiciones.¿Qué efecto real tienen las protestas de los Z?Las protestas protagonizadas por jóvenes nacidos entre finales de los 90 y principios de los 2000 combina la inmediatez digital con una visión más horizontal del liderazgo.​​“No se trata de tener un líder único. Somos muchos, en distintos lugares, ayudándonos entre nosotros”, resume Yackov. Sin embargo, Zayyid, más reflexivo, advierte que justamente la falta de estructuras puede debilitar los movimientos a largo plazo. “Debemos crear una narrativa común, algo que nos mantenga unidos. No basta con marchar”, comenta.La corrupción y el nepotismo son endémicos El riesgo es que el país se acostumbre. Nuestra generación intenta romper esoAtan Zayyid, activista indonesioAsí las cosas, mientras que esa falta de jerarquía les permite actuar rápido y ejercer una presión notoria, plantea desafíos posteriores. Por ejemplo, en Madagascar, donde las súbitas protestas derivaron en la caída del Gobierno, la ausencia de una estructura clara que determinara el paso a seguir dejó un vacío que fue ocupado por el poder militar. Por eso, Yackov reconoce que lograr un cambio es solo el primer paso. A su juicio, sin una idea clara de lo que viene después, el riesgo es que otros terminen decidiendo por ellos. Los riesgos son evidentes. En Marruecos, las protestas, al inicio pacíficas, derivaron en disturbios tras los primeros días. “Cualquier acto violento debe ser juzgado -dice Soufiane-, pero los jóvenes que protestaron pacíficamente deben ser liberados. Queremos reforma, no destrucción”. Hoy, en el país, más de 240 jóvenes enfrentan penas de hasta 15 años por participar en las manifestaciones. En Perú, las movilizaciones se enfrentan a la represión policial y la criminalización. “El gobierno etiqueta cualquier protesta como vandalismo -afirma Yackov-. Pero lo que hay es cansancio, no violencia”. Sin embargo, cifras oficiales señalan que en las manifestaciones de mediados de octubre unos 80 policías resultaron heridos, mientras que un joven murió en los choques más recientes.Cualquier acto violento debe ser juzgado, pero los jóvenes que protestaron pacíficamente deben ser liberados. Queremos reforma, no destrucciónSoufiane BermimeEn Indonesia, el desafío es la continuidad. “La energía juvenil se disipa rápido”, admite Zayyid. “Nuestro reto es mantener la organización sin perder independencia frente al poder político”. Aun con esas dificultades, los tres jóvenes insisten en que en su generación existe una conciencia compartida que ya no espera. Los hermanos Soufiane y Marouane ven señales de avance: “Si el gobierno cumple con las reformas, sería un paso hacia la justicia social”, mientras Yackov enfatiza la necesidad de reconstruir la confianza: “Queremos creer otra vez en la política, pero con transparencia y empatía”. Y Zayyid concluye con una reflexión que podría resumir la voz de toda una generación: “No se trata solo de protestar y ya (...) Tenemos que mantener viva la idea, incluso cuando parezca que nada cambia. Eso es lo que nos hace fuertes”.