La generación Z, uno de cada cuatro electores, es la cabeza de las protestas contra un sistema podrido
El padre de Jean Villanueva es cobrador de una combi en Lima, una de esas camionetas que avanzan entre bocinazos y miedo. Es uno de los blancos de las mafias que extorsionan a cobradores y choferes, aquellos que, como tantos otros, salen de casa cada día sin saber si volverán. Cunde el pesimismo y el hartazgo en Perú, pero Villanueva, un contador de 29 años, prefiere no esperar a que el país cambie solo. Ahora él grita. Aprieta los puños. Siempre en primera línea. Está convencido de que los jóvenes peruanos son los únicos que pueden devolver la esperanza. Su generación, la que llena las calles de ciudades de todo el mundo, se ha cansado de esperar.
“Necesitamos nuevos liderazgos”, dice Villanueva en un Starbucks del centro de Lima. Hace poco más de un mes, la mesa donde se sienta quedó cubierta por una nube de gas lacrimógeno. A garrotazos, la policía persiguió a los manifestantes hasta este centro comercial al aire libre. Aún conserva las marcas de aquel día en las manos, las nalgas y la cabeza. “Yo iba con un megáfono, ejerciendo mi legítimo derecho a protestar, y los policías vinieron contra mí y me tiraron al piso”, recuerda. La violencia contra los manifestantes se ha convertido en una constante en los últimos años, con más de medio centenar de muertos desde 2022.









