Jaime Duran Barba utilizaba la metáfora zoológica de que el pato es un ave migratoria; por eso Bullrich nunca permaneció en ningún partido mucho tiempo y, según el clásico de Hans Christian Andersen, el patito feo en realidad era un cisne; por eso era rechazado por su familia, a la que quería pertenecer. En las escalas simbólicas de las aves, los cisnes son aves leales y monogámicas que nunca pierden su porte y estilo, mientras que los patos son poligámicos y se los asocia al cambio. Bullrich, cada vez más pato cambiante y promiscua políticamente hablando, no tiene tiempo para la lealtad del cisne y, a diferencia del patito feo, no le preocupa que su familia libertaria no la quiera; eso sí, siempre que le convenga en su vuelo hacia la Casa Rosada. Y "la traición es un cambio político que va demasiado rápido”, dicen los autores de Elogio de la traición, un libro que ya hemos traído a estas columnas, pero siempre nos resulta interesante leerlo, sobre todo cuando hablamos de Patricia Bullrich. Fíjense la fórmula, el tema tiempo: una traición es traición si es anticipada; si es en el momento justo, es un cambio político adecuado, necesario y hasta pedido por la sociedad. ¿Lo que hizo anoche Patricia Bullrich es una traición o un cambio político? Vamos a dar un poco de contexto. Pongamos el siguiente fragmento del tuit de Patricia Bullrich.
Día 904: Bullrich, siempre pato nunca cisne
Las críticas de Patricia Bullrich por el caso Michelli y la declaración jurada de Manuel Adorni volvieron a exponer las tensiones dentro del oficialismo. Ante una carrera política atravesada por cambios de rumbo, la senadora parece moverse siempre en función de los tiempos del poder.
Bullrich critica el rechazo a Michelli, pariente del periodista Alconada Mon, como represalia contra medio crítico. Invoca "objeción de conciencia" para justificar su cambio de postura, aprovechando la debilidad política del gobierno y su mejor imagen en el oficialismo.














