Lara Lea Trump entrevistó el domingo a su suegro en la Casa Blanca para Fox News. Después de enseñarle el ring que está montando en su jardín para los combates de artes marciales mixtas; el proyecto de un Arco del Triunfo “como el de París, pero más grande”; las obras del polémico salón de baile, “la mayor instalación de este tipo jamás construida”; y la reforma de la piscina reflectante del monumento a Lincoln, tocaba hablar de cosas serias.
Sentados frente a un cuadro con Trump levantando el puño y la sangre recorriéndole el rostro tras el atentado que sufrió en campaña, el presidente decía a su nuera: “Irán está en una posición muy mala. No tienen ejército y todo lo que tienen es buena palabra y la prensa falsa, que probablemente es su mayor baza”. “Hemos eliminado su ejército, su armada, su fuerza aérea. Todo. Hemos eliminado su cúpula dos veces y media y estamos hablando con la otra media. Son más razonables y, por cierto, se puede decir que eso es un cambio de régimen. Podrían levantar la bandera blanca de la rendición y el New York Times diría que Irán ha derrotado a EEUU. Consigues una gran victoria en la batalla y dicen que has perdido”, lamentaba el presidente.
Washington ha caído en la trampa de la falacia de la guerra corta, centrándose excesivamente en el poder de sus medios y perdiendo de vista cómo alcanzar sus fines











