Un numeroso grupo de personas, cuya composición va cambiando pero que tienen como nexo común que huyen de los conflictos en Malí, lleva alrededor de un año en las calles de Vitoria a la espera de citas de la Policía Nacional para acceder a su condición de refugiados. Este domingo a última hora, un grupo de voluntarios cargaba en unas furgonetas ubicadas en el exterior de la parroquia de San Joaquín y Santa Ana del barrio de Salburua de Vitoria los colchones y otros enseres que han utilizado en los últimos meses los malienses que han podido pernoctar allí.
La operación se repetía en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en Aranbizkarra. ¿La razón? La llegada del verano, según confirman fuentes del Obispado de Vitoria.
“Esto significa que una situación que ya era precaria se agrava todavía más”, ha denunciado el colectivo Salburuko Harrera Sarea, que lleva una larga temporada dando apoyo desinteresado a este colectivo, cuya bonhomía destacan. Ahora mismo, solamente hay disponibles una veintena de plazas para estos migrantes, las de la asociación de vecinos. “Vuelven a dormir en la calle”, lamentan desde la red vecinal, que echa en falta soluciones estructurales de las instituciones. Este domingo, en el barrio, hubo una pequeña concentración para reclamar una acogida digna.








