Tras reunirse en abril con Xi Jinping, la presidenta del KMT defiende en esta entrevista un acercamiento con Pekín para evitar el conflicto en el estrecho

A la política taiwanesa Cheng Li-wun, que es de estatura considerable, se la oye llegar taconeando con sus grandes zancadas por el pasillo de la sede del Kuomintang (KMT), el principal partido de la oposición en Taiwán. En abril, cuando estuvo de visita en Pekín, miraba desde la misma altura al presidente chino, Xi Jinping. En la foto que inmortaliza el encuentro en el Gran Salón del Pueblo no sonríen; tampoco se muestran distantes. Mantienen un gesto neutro, quizá a la espera de cómo se den los próximos años.

La cita marcó un hito en las siempre turbulentas relaciones en el estrecho. Con los canales de comunicación oficiales rotos entre Pekín y Taipéi desde 2016, Cheng (Kouhu, Taiwán, 1969) ha sido la primera presidenta en ejercicio de su formación que viaja a la capital china para entrevistarse con Xi en una década. Fue un encuentro coreografiado para lanzar un mensaje conciliador. Gustó en Pekín y gustó en el ala más dura de Taiwán, que aboga por restañar los lazos. Pero muchos en la isla se preguntaron por el coste de un hipotético acercamiento en términos de libertades democráticas.