“Si te casas, te arrepentirás, dice Kirkegaard. Si no te casas, también te arrepentirás. Te cases o no te cases, te arrepentirás de todas formas”. En The Drama, Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson) aprenden la lección camino del altar.Es una comedia, como indica el cartel, donde aparecen los protagonistas amoratados y llenos de incertidumbre, como niños a punto de empezar el instituto después del último verano de su infancia. Pero es negra y un poco setentera, lo mínimo que esperamos de un realizador noruego, con chistes que no se explican repitiéndose de cuatro maneras distintas para garantizar que todo el mundo se ríe en tiempo, como una orquesta de focas amaestradas, para tranquilizar al productor. Muchos tienen efectos retardados, como una ironía que se enrosca lentamente alrededor de una DJ. Otros están en el montaje y es imposible comentarlos sin destripar el plot. Y esta vez, por una vez, es importante evitar los spoilers. El detonador del drama es importante, interesante y original.Pero podemos decir que El Drama retrata con una mezcla de ternura y acidez un momento existencial que atraviesan todas las parejas: cuando el ángel de luz del que te has enamorado, la criatura perfecta con la que ibas a pasar el resto de tu vida y había sido diseñada por los dioses única y exclusivamente para ti se despeña del pedestal, y acaba sentada en el suelo palpándose el chichón, podría ser el amado pero también un cochino impostor. Hay desilusión, incredulidad, sentimiento de estafa y una suspensión temporal de la empatía. Es prácticamente un bajón de MDMA.Cuando estamos enamorados, la gente nos sonríe sin motivo, en todas partes nos regalan cosas. El mundo entero es fraude y fantasía, dice Rumi. Hay una secuencia de (500) Days of Summer que ilustra perfectamente la sensación de sincronía con la estructura profunda de la existencia. Todo fluye a nuestro paso, especialmente el objeto amado. Para nuestro corazón hinchado de oxitocina, hasta sus defectos son titilantes: su risa extravagante, sus manías encantadoras, la forma tan graciosa que tiene de usar cierta palabra mal. La primavera radiante que ha estallado en nuestro interior penetra al otro y lo integra completamente. Lo no perfecto ratifica su perfección. Los dos desconocidos forman un nuevo planeta que tiene su propia lengua y respira una sola respiración. Cuando explota la burbuja, la atmósfera de ese planeta es alterada sin remedio. Para Charlie y Emma, la burbuja estalla durante la degustación de su menú nupcial.La nueva atmósfera es hostil. ¿Son todos los proveedores de servicios idiotas o estamos en un mundo alterado por la mirada torcida de los protagonistas? Su exquisito brownstone de arcos interiores, molduras victorianas y escalinata interior parece una trampa. Los buenos recuerdos regresan como malos augurios. Todo lo que antes era fácil genera fricción. Los amantes han perdido la sincronía de los amantes-niños. Ya no saben jugar. Charlie mira a la criatura extraña, vulnerable y falible que suplica desolada lo que antes recibía sin esfuerzo y su patética súplica lo irrita. Todos sabemos que este proceso sólo puede acabar de tres maneras: degradación, ruptura o reparación.El cine ha revisado la crisis con generosidad desigual. En Lunas de hiel (Polanski, 1992), la intensidad del deseo sucumbe a lo doméstico y se degrada en un sadismo patético. En la trilogía de Linklater —Antes del amanecer (1995); Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013)— Jesse y Céline transitan del ideal a la nostalgia y de la convivencia a la rutina sostenidos por la potencia insaciable de su conversación. En Escenas de un matrimonio (Bergman, 1973), la pareja necesita destruirse por completo antes de aprender a verse. La tesis de Bergman es que antes eran la pareja perfecta; ahora son “ciudadanos del mundo de la realidad”.“Si alguna vez te has enamorado, sabes que es un estado parecido a un sueño —escribe la filósofa estadounidense Agnes Callard en un ensayo despiadado publicado en The Free Press—. En algún momento del matrimonio, uno despierta y se da cuenta de que lo que tenía antes era solo una idea. La idea de un lenguaje secreto que solo los dos conocían, pero que expresaban con las mismas palabras que cualquier otra pareja. La idea de empezar de cero, mientras cargabas con todo tu pasado. La idea de conocerse completamente, pero sin que ninguno de los dos fuese tan grosero como para exigir pruebas. Una idea es algo general, por eso es fácil que muchas personas compartan la misma. La realidad es particular, y la historia de tu matrimonio estará en las formas concretas en que despiertas del sueño del amor”. La resistencia es inútil pero también comprensible. La visión era tan bella e intensa y la alternativa tan vulgar. Kristoffer Borgli ha dirigido varios cortos y otros tres largometrajes antes de The Drama. Sus protagonistas son gente que desea la atención ajena y encuentra formas autodestructivas de conseguirla. El chiste es que, en el proceso, pierden la posibilidad de ser vistos como realmente son. La máscara siempre tiene un precio. Charlie y Emma son la pareja perfecta con la casa perfecta y preparan una boda perfecta donde todo sea perfecto, incluyendo la vida privada de los que van a trabajar en ella. Su narcisismo será recompensado: la boda es su retrato de Dorian Gray. Dice Pessoa que nunca amamos a nadie, sólo la idea que tenemos de alguien. Es aún más cenizo que Kirkegaard y estoy casi segura de que no tiene razón.‘El drama’ (2026, Kristoffer Borgli). Intérpretes: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim, Mamoudou Athie, Hailey Gates. Drama. EE UU. 105 minutos.
La boda como espejo del alma
Cuando el ángel de luz del que te has enamorado se despeña del pedestal, hay desilusión, incredulidad y sentimiento de estafa. En ‘The Drama’, a Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson) les pasa durante la degustación de su menú nupcial










