Mireia Illueca, neurocirujana especializada en cerebro y espalda, plantea que una de las grandes trampas en el tratamiento del dolor es quedarse únicamente con el síntoma.En una entrevista compatida por La Vanguardia, sostiene que hoy todavía se recurre en exceso a la medicación y que el verdadero problema aparece cuando esa intervención se limita a “silenciar” el dolor sin intentar comprender qué lo provoca. Su frase central resume esa mirada: “El uso de antidepresivos o analgésicos para tratar el dolor pierde sentido si no se acompaña de un abordaje que trate el origen del problema”.Lo primero que hace Illueca es matizar. No dice que el dolor no deba tratarse ni que los fármacos sean inútiles. De hecho, afirma expresamente que “ningún paciente debería vivir con dolor”. Lo que cuestiona es otra cosa: que la respuesta médica se agote en aliviar el síntoma sin una “búsqueda activa de la causa”. En ese punto, su enfoque no es anti-medicación, sino anti-reduccionista. Los analgésicos o ciertos antidepresivos pueden tener utilidad en algunos casos, pero “medicar sin entender la causa supone quedarse a medio camino”, afirma.Su razonamiento se apoya en una idea que atraviesa toda la entrevista: el dolor no siempre equivale a daño físico actual. Illueca explica que a veces persiste aunque la causa original haya desaparecido, o incluso aparece sin una lesión evidente, porque el sistema nervioso sigue manteniendo activas ciertas rutas de dolor. Por eso, insiste en que la experiencia dolorosa no depende “exclusivamente de la realidad física”, sino también de cómo el sistema nervioso procesa la información. Ese marco le permite sostener que tratar solo el síntoma puede ser insuficiente, especialmente cuando el cuadro se ha cronificado.Otra de sus frases más importantes va en esa misma dirección: “El dolor crónico no depende solo del sistema nervioso; interactúa con áreas relacionadas con la emoción, el estrés y la memoria”. Ahí aparece el corazón de su planteo. Para Illueca, el dolor crónico no puede abordarse bien si se lo separa del contexto emocional y vital del paciente. En la entrevista incluso llega a hablar del “dolor del alma” al referirse a muchos pacientes neuroquirúrgicos, y remarca que, cuando se profundiza en sus historias, a menudo aparece un evento vital importante o una dificultad para gestionar lo que están viviendo.También señala que existe una dimensión cultural del dolor. Advierte que a muchas personas, especialmente mujeres, se les ha enseñado durante años a convivir con síntomas intensos como si fueran normales, lo que termina alterando la manera en que interpretan su propio malestar. En consulta, cuenta, hay pacientes con dolores muy severos que aun así dicen que “no es para tanto”. Esa observación refuerza su idea de que el dolor no es solo biología: también está atravesado por aprendizaje, creencias y contexto.Vista en conjunto, su frase sobre antidepresivos y analgésicos es menos una condena a los medicamentos que una defensa de una medicina más completa. Illueca no niega el alivio farmacológico; cuestiona que se convierta en destino final. Su mensaje es que el dolor merece ser calmado, sí, pero también interpretado. Y que cuando nadie intenta averiguar de dónde viene, el tratamiento puede aliviar por un rato, aunque deje intacto el problema de fondo.
Mireia Illueca, neurocirujana: “El uso de antidepresivos o analgésicos para tratar el dolor pierde sentido si no se acompaña de un abordaje que trate el origen del problema”
La especialista propone mirar el dolor de forma más amplia y no reducirlo solo a una pastilla o a una resonancia.











